ONG, redes sociales y campañas digitales: las nuevas rutas de la influencia extranjera

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La OCDE advierte que las formas tradicionales de entender el cabildeo son insuficientes ante estos nuevos mecanismos de incidencia.

Durante mucho tiempo, hablar de influencia extranjera llevaba casi automáticamente a pensar en elecciones, partidos políticos o gobiernos intentando intervenir directamente en los asuntos de otro país.

Hoy el panorama es mucho más complejo.

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Las nuevas formas de influencia no necesariamente ocurren mediante una llamada entre funcionarios o una aportación directa a una campaña. También pueden desarrollarse a través de organizaciones no gubernamentales, centros de investigación, think tanks, campañas de comunicación, redes sociales e incluso movilizaciones de opinión pública alrededor de una causa específica.

La propia OCDE ha advertido que las formas tradicionales de entender el cabildeo ya resultan insuficientes. En su análisis sobre el lobbying del siglo XXI, el organismo señala que las políticas públicas pueden ser influidas a través de ONG, centros de investigación y estrategias en redes sociales utilizadas para informar, desinformar o modificar las percepciones de la ciudadanía.

De los despachos a las redes sociales

El cambio es importante.

Antes, influir sobre una decisión pública podía significar principalmente reunirse con funcionarios o legisladores. Hoy también puede implicar colocar un tema en la conversación digital, generar presión social, financiar investigaciones, construir campañas de comunicación o conseguir que miles de personas exijan determinada decisión.

La OCDE describe esta transformación como un paso “de los apretones de manos a los hashtags” y explica que las campañas en redes pueden moldear debates públicos, persuadir a ciudadanos para ejercer presión sobre autoridades e influir indirectamente en procesos gubernamentales.

Eso amplía enormemente el universo de actores con capacidad de incidencia.

Empresas, asociaciones, ONG, universidades, especialistas, grupos ciudadanos, fundaciones y organizaciones internacionales pueden aportar información legítima y necesaria a una discusión pública. Pero también pueden representar intereses concretos.

Ahí aparece una pregunta fundamental: ¿sabemos quién está detrás de las campañas que buscan modificar una decisión pública?

El financiamiento también importa

Una organización puede defender legítimamente una causa ambiental, urbana o social y recibir recursos internacionales sin que eso represente por sí mismo una irregularidad.

La influencia extranjera, de hecho, no es ilegítima por definición. La propia OCDE reconoce que puede aportar experiencia, información y perspectivas relevantes a la formulación de políticas públicas.

El problema comienza cuando no existe suficiente transparencia para saber quién financia una campaña, qué intereses representa, qué objetivo busca y mediante qué mecanismos intenta influir.

Por eso el organismo ha planteado la necesidad de mayor transparencia sobre quién financia investigaciones, think tanks y organizaciones de base, así como sobre el uso de redes sociales y campañas públicas como herramientas de influencia.

Y el debate sigue vigente. En su panorama de integridad de 2026, la OCDE advierte que incluso en países con registros de cabildeo siguen existiendo puntos ciegos: reuniones formales pueden quedar registradas, mientras que campañas en redes sociales, movilizaciones de base o financiamiento de organizaciones terceras pueden escapar de esa fotografía.

Medio ambiente, infraestructura y desarrollo también están dentro del debate

Esta discusión cobra especial relevancia en asuntos que despiertan una fuerte reacción social: proyectos de infraestructura, energía, desarrollo urbano, medio ambiente o uso del territorio.

En esos casos pueden participar legítimamente comunidades, especialistas, organizaciones ambientales, empresas y autoridades.

Pero precisamente porque existen intereses distintos, la transparencia debería aplicar para todos.

La pregunta no tendría que ser solamente quién promueve un proyecto o quién está detrás de una inversión.

También debería preguntarse quién financia las campañas que buscan detenerlo, modificarlo o influir sobre las decisiones relacionadas con él.

Eso no invalida las críticas ni convierte automáticamente en sospechosa a una organización que recibe recursos internacionales. Permite simplemente que la ciudadanía conozca mejor qué intereses participan en una discusión que puede terminar modificando decisiones públicas.

Influencia no es lo mismo que interferencia

Existe además una diferencia importante.

La influencia puede ser abierta, legal y transparente. Organizaciones nacionales y extranjeras participan todos los días en debates públicos de manera legítima.

La interferencia aparece cuando esa influencia utiliza métodos encubiertos, engañosos o deliberadamente opacos. La OCDE distingue precisamente ambos conceptos y señala que la transparencia es una de las principales herramientas para reducir esos riesgos.

Por eso, en una época en la que una campaña digital puede transformar en días la conversación alrededor de una política pública o un proyecto, conocer quién habla, quién financia y qué intereses representa resulta cada vez más relevante.

La influencia extranjera ya no necesariamente toca la puerta de un gobierno.

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A veces llega mediante una organización, una investigación, una campaña digital o un hashtag.

Y por eso el debate actual ya no es simplemente si actores extranjeros pueden participar.

La pregunta es qué tan transparente debe ser esa participación cuando busca influir en decisiones que afectan directamente el desarrollo de una comunidad o de un país.

Fuentes de referencia

• OCDE, Lobbying in the 21st Century

• OCDE, Lobbying and influence

• OCDE, Anti-Corruption and Integrity Outlook 2026

Periodista, amante de las letras y todo lo que tenga que ver con la noticia. Pet Friendly y feminista. Amo leer y el cine de autor.

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