Agua para Saltillo: ¿de dónde la vamos a sacar?
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La ciudad enfrenta una crisis hídrica por su dependencia del subsuelo. La solución no es sólo buscar nuevas fuentes, sino transformar la cultura de gestión y eficiencia
El agua, lo sabemos todos, es un elemento indispensable para el desarrollo de la vida. En ausencia de esta, es imposible lograr nada. Y en esa ecuación nos encontramos, desde luego, los seres humanos, es decir, las ciudades que hemos desarrollado a partir de ese fenómeno al cual llamamos progreso.
En principio, el agua no debería ser un problema, pues si algo nos enseñan desde muy pequeños es que nuestro planeta está compuesto, en unas tres cuartas partes, por agua. Sin embargo, aunque hay mucha agua en la Tierra, resulta que muy poca de esta se encuentra realmente disponible para las necesidades humanas.
Así pues, el reto que enfrentan las distintas sociedades humanas es el de garantizar la disponibilidad del líquido ahí donde se necesita, y tal posibilidad está vinculada al cumplimiento de una condición concreta: que se le administre de forma adecuada.
En el caso de una ciudad como Saltillo, ese desafío adquiere una dimensión mayor debido a que no contamos con fuentes superficiales de agua, sino que dependemos de forma exclusiva de la que se extrae del subsuelo. Y ante tal realidad, para desgracia colectiva, hemos hecho muy poco en materia de eficiencia, aun cuando el problema está muy claro desde siempre.
¿Cuál es la solución para la situación por la cual atravesamos y se caracteriza por el hecho de que las fuentes subterráneas se encuentran cada vez más presionadas y el desarrollo urbano sigue avanzando, lo cual implica que la necesidad de líquido no cesa de incrementarse?
Genéricamente, las soluciones son al menos tres: identificar nuevas fuentes de abastecimiento para incrementar el caudal que se inyecta a la red, ponerle un límite al crecimiento de la ciudad y mejorar la eficiencia con la que se administra y consume el agua disponible. Cada una de ellas presenta desafíos distintos y demanda decisiones complejas.
La decisión más sensata implicaría una mezcla de la primera y la última, es decir, buscar nuevas fuentes de abastecimiento, pero, al mismo tiempo, desarrollar estrategias que impliquen un uso más eficiente del recurso. Y esto último implica destinar un presupuesto importante al desarrollo de mecanismos para reciclar el agua.
Hacer tal no solamente resolvería el problema que hoy tenemos, sino que lo haría de forma sustentable. Y hablando de la explotación de recursos naturales, no puede haber nada más importante que la sostenibilidad. En eso tendríamos que concentrarnos antes de pensar en soluciones “fáciles”, como el traer agua desde el río Pánuco, por ejemplo.
Porque no se trata solamente de poder reunir la astronómica cifra necesaria para llevar a cabo un proyecto como el señalado, y que se consigna en el reporte que publicamos en esta edición, sino de transformar la cultura de gestión del agua, que es justamente la razón que nos ha traído a la realidad actual.
En el horizonte de largo plazo, nada debería ser más importante para nosotros y el futuro de las generaciones venideras.