Café Montaigne 402: ¿Qué son el tiempo, la vida y la memoria?

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Opinión
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Hay tiempo de ganar, hay tiempo de perder, tiempo de nacer y tiempo de morir...

¿A dónde voy? A ningún lado. ¿Estoy mal de la cabezota al considerar lo anterior, justo hoy cuando todo mundo piensa en valores, dinero, satisfacciones, plenitud de vida, ser feliz por siempre y demás yerbas? La verdad, a mí, usted lo sabe, la eternidad no me interesa. Los bienes materiales, menos. Mi vida se reduce dramáticamente a pagar mi renta mensualmente, mis servicios indispensables, mi despensa y atender a las musas. Así de sencillo, así de complicado.

Lo repito: toda mi vida me he hecho pendejo, digo, he perdido el tiempo. ¿Significa algo hoy o ayer? Un día fui joven y viajé a mares; hoy soy viejo, hecho un pendejo y estoy anclado aquí. En fin, no pasa nada. Alguna vez, en una playa, me estaba haciendo pendejo y perdiendo el tiempo. Bebía una cerveza en mi mesa a orillas de la mar bellísima, y en seguida, en cuclillas, había un niño recolectando caracoles, los cuales la mar se los regalaba en cada ida y venida de olas. El infante los agarraba, los lavaba y los depositaba en una cesta hecha de arena.

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No dudé, me acerqué y le pregunté: ¿Para qué lo haces, cómo para qué sirve esto? A lo cual el niño me barrió en un segundo; nunca pensó la respuesta: “No lo sé, sólo me gusta hacerlo”. ¿Lo nota? Para ese infante el tiempo no existe, no existía. Caramba, lo dijo la Biblia en su momento, específicamente “Eclesiastés”: hay tiempo de ganar, hay tiempo de perder, tiempo de nacer y tiempo de morir...

“La edad nos cubre como la llovizna,

interminable y árido es el tiempo...”.

Versos poderosos de don Pablo Neruda, Premio Nobel él, a quien todo mundo hemos leído. Árido es el tiempo, nos dice el sabio poeta. Es correcto. ¿Y usted cómo para qué quiere tanto tiempo, señor lector? ¿Qué es la memoria? ¿Tiempo, recuerdos falsos, imaginación desbocada? Falsa memoria es el tiempo, pues. Los siguientes versos son de uno de los mejores poetas mexicanos, suicida él, atormentado hasta el delirio, Jorge Cuesta:

“Entre tú y la imagen de ti que a mí llega

hay un espacio al cabo del cual eres sólo una memoria”.

¿Qué es el tiempo? ¿Sólo memoria? Creo usted ya notó a dónde voy: hay un espacio, lo dijo Albert Einstein, donde todo confluye: pasado, presente y futuro. Y alguien que vio, visualizó y experimentó eso fue el divino ciego Jorge Luis Borges. Claro, en su mítico texto, “El Aleph”. Hay un poema de Jorge Luis Borges poco conocido o leído, y habla magistralmente de esto. Sus versos dicen: “Luego pienso que ignora el tiempo humano,/ cuyo espejo espectral es la memoria...”.

¿Qué es el tiempo para mí en lo personal? Ahí va una parca definición: el tiempo es eterno y existe cuando estoy con mi mano, acariciando los muslos blancos, sedosos y redondos de Jazmín... sólo eso. ¿Mi tiempo es el mismo que el suyo, señor lector? ¿Qué diablos son el tiempo, la vida y la memoria?

ESQUINA-BAJAN

Sigo con mi güera, la camarera Jazmín. Pero continúo viendo a la rotunda y bella Esther Alejandra. Cada vez más hermosa, cada vez más “buenota”. Estamos avanzando en la redacción de su libro de aventuras. Y sigo presentando mis credenciales. Cosa que a nadie importa: no me he acostado con ella, pero cualquier día voy a caer en dicha tentación. Demasiada tentación, por lo demás.

Ella me platica parte de su vida; yo le platico parte de la mía. Ella me comparte sus aventuras cuando fue prostituta; yo la escucho y tomo notas. ¿Juzgar? Jamás. Por lo general y en la habitación del hotel donde vamos a platicar, pedimos cerveza (es lo único que ella bebe) y botanas a discreción. Y la rotunda Esther Alejandra lo hace a propósito: se viste muy sexy, me enseña todo el tiempo sus piernas redondas, sus muslos perfectos y sí, me enseña sus calzones. Lo hace como designio, claro.

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Quien esto escribe suda y palidece, pero ella y yo lo disfrutamos. Parecemos adolescentes. Ni ella ni yo avanzamos. Sólo estamos mojados todo el tiempo. Húmedos. Pero ninguno de los dos da el siguiente paso. Un día me dijo: “Oye, Jesús, ¿qué es una parafilia? Parece que es algo raro o de plano entre bueno o malo. ¿Qué piensas de eso, Jesús? Cuando andaba de prostituta, tuve clientes de todo. Y a todos los tienes que ‘torear’, o como se diga. Mira, nunca hice cosas que no quería. Aunque me ofrecieron mucho dinero y siempre. Hasta eso, esa gente me respetaba. Yo les decía que no y era no”.

¿Cuál es su parafilia preferida, señor lector? ¿Ríos dorados? ¿Fetichismo? ¿Voyeur, mirón? ¿Juegos de rol? ¿Intercambio de parejas, swingers? ¿Ir al table dance con su novia o esposa? La rotunda Esther Alejandra me dice: “Mira, Jesús, no me enorgullezco de nada, pero era mi trabajo. Ya te dije del tipo que me llevaba a su casa. Bueno, un palacio, me acostaba en la cama de su esposa, que nunca estaba allí. Pocas veces me tocaba. Parece que ni se le paraba, sólo quería platicar y que yo estuviera en el lugar de su esposa. ¿Cómo se le llama a eso? Pagaba bastante el tipo. Pobre hombre...”.

“Oye, Jesús, otro cliente me pagaba bastante. ¿Sabes por qué? Para que lo orinara. Nada más eso. Pero bueno, eso es mejor disfrutarlo. ¿Recuerdas cuando me orinaste cuando nos estábamos bañando? ¿Lo quieres volver a hacer hoy? Anda, vamos a recordar viejos tiempos, Jesús, vamos a bañarnos...”.

LETRAS MINÚSCULAS

Esta patética historia de mi vejez en manos de dos musas continuará el próximo jueves... ¡Puf!

Nació en Saltillo, Coahuila, el 1 de marzo de 1965. Periodista y poeta. Escribe la columna Contraesquina

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