Caso Rodríguez Padilla: ¿Quién resiste la prueba del ácido?
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El caso del exdirector de Pemex es una baja costosa por su pertenencia al grupo de la Presidenta. Además, y más que todo, una exhibición de su miseria moral
Sorprende el video divulgado por María Felicia Jiménez Lavie, esposa del exdirector de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, donde exhibe la violencia doméstica ejercida por su marido. La revelación expone penosamente a una persona con una imagen de buen científico, prudente y “humanista”, en palabras de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien lo ponderó a partir de una larga historia personal de acompañamiento en actividades académicas. Seguro que la mandataria no lo conocía en esa otra dimensión. La revelación lo degrada y, mediante un comunicado de la Secretaría de Energía (Sener), se le niega el cargo que la Presidenta ya le había asignado como titular del Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias (INEEL).
Rodríguez fue un mal director de Pemex, responsabilidad de Sheinbaum. No tenía experiencia, tampoco las prendas ni el carácter para administrar una empresa mayor, plena de problemas y piedra en el zapato de las finanzas públicas. El escándalo por la ocultación del derrame de petróleo en una instalación de la paraestatal en el Golfo de México, y especialmente la justificación que llevó a la Presidenta a mentir, obligaban a su inmediata remoción. El aprecio personal de Sheinbaum demoró la decisión y derivó en una explicación absurda, nada convincente, de que había acordado con el funcionario un plazo de año y medio para que pudiera regresar a sus actividades académicas y científicas. En perspectiva, la generosidad de la mandataria se le viene en contra y debe servir de lección en lo sucesivo.
Quizás el doctor Rodríguez Padilla sea buen científico, pero algo debe estar muy descompuesto en él. Aunque, hay que decir, la violencia doméstica es más común de lo que parece, y personas de aparente solvencia profesional y personal suelen estar involucradas en esas acciones socialmente repudiables, moralmente inaceptables y legalmente criminales. Como casi siempre, la mujer en desventaja tuvo que esperar la defenestración del agresor para recurrir a la exposición pública de la agresión de la que fue objeto. Queda imaginar que si lo conocido ocurrió cuando estaba en la dirección de Pemex, qué habría de acontecer en su situación de desgracia.
La esposa ha señalado que hizo del conocimiento de las autoridades la violencia de la que era objeto, por lo que se sintió obligada a hacer público el video del caso. La mandataria le retiró protección al otrora favorito, quien quedó expuesto a la maledicencia e hipocresía. No deja de estar presente el tema de la presunción de inocencia, aunque todo lo que se conoce le resulta adverso; no es el caso del senador Félix Salgado Macedonio, quien siempre contó con el respaldo del presidente López Obrador, o de Cuauhtémoc Blanco, ahora diputado, por mencionar dos casos paradigmáticos de impunidad y de presunta agresión sexual.
El caso del exdirector de Pemex es una baja costosa por su pertenencia al grupo de la Presidenta. Además, y más que todo, una exhibición de su miseria moral que ojalá tuviera consecuencias judiciales para que sirviera de lección pública sobre el destino que le depara al agresor en ese tipo de situaciones que, lamentablemente, son más comunes de lo que se reconoce. Prueba de ácido para muchos, incluso exitosos profesionistas, empresarios, intelectuales y destacados editorialistas. La violencia familiar se hace presente sin importar condición social, ingreso o educación.
También es un acierto que la Secretaría de la Mujer anunciara la protección inmediata a la doctora Jiménez Lavie; además, debe preverse la atención del hijo menor del matrimonio. Nuevamente, el hecho lleva a la consideración de la política pública para la prevención y sanción de la violencia familiar, la capacidad del Estado para asistir a las mujeres y familias víctimas y, especialmente, la infraestructura y refugios para su protección, muchas veces a cuenta de organizaciones privadas. La miope política social y ahorro de gasto de este régimen también ha castigado ese tipo de servicios e iniciativas, un ejemplo más de la crueldad del llamado austericidio, que se llena la boca con los programas sociales y el incremento de los salarios mínimos.
El doctor Rodríguez Padilla deberá ser sancionado, si es el caso que su conducta sea punible en el criterio del juez familiar, y ser objeto de tratamiento y acompañamiento profesional. Finalmente, la grandeza de una sociedad se aprecia en el trato humanitario a quienes se desentienden de lo legalmente debido.