Claroscuros del tipo de cambio: la apreciación que no siempre es señal de fortaleza económica
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Es necesario empoderar a la economía mexicana a través de inversión pública en infraestructura y diversificar el comercio
Entre variables contrapuestas ha transitado la economía en México desde hace varios años: récord en inversión extranjera directa con 40.9 mil millones de dólares (mmdd) al tercer trimestre del 2025 (14.5% más interanual), igualmente en recaudación impositiva con 5 billones 352 mil millones de pesos (mmdp) el año pasado y niveles de desocupación en 2.7% (aunque la informalidad laboral se sitúa en 55.4% a septiembre pasado); por otra parte, tendencia a la baja de inversión fija, reducción paulatina del gasto público para reducir el déficit y ubicarlo en este año en 4.1% del PIB, entre otras.
A pesar de las amenazas económicas e intervencionistas de Donald Trump -sobre todo aranceles y nuevas reglas en el tratado comercial bilateral o trilateral-, el tipo de cambio en México, desde septiembre del año pasado, ha tenido tendencia de apreciación de hasta 14%, ubicándose recientemente en un rango entre 17.90 a 18.30 pesos por dólar.
Sin embargo, esta fortaleza del peso no necesariamente indica impulso económico.
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El tipo de cambio es una paridad en el mercado de divisas para transacciones comerciales o financieras, es decir, oferta y demanda de una u otra moneda.
Comparativamente si aumenta la demanda de una de éstas el oferente eleva su precio y, contrariamente, se deprecia la moneda que es menos solicitada, según sea el caso del propio mercado.
Así, dicha paridad entre divisas es resultado de fuerzas económicas y políticas, internas y externas, que presionan las decisiones de los agentes económicos.
El resultado de este mercado tiene pros y contras: apreciación, abarata las importaciones, lo que contribuye a reducir la inflación, sin embargo, encarece precios de las exportaciones, de la inversión extranjera directa y del turismo; la depreciación abarata exportaciones y tendencialmente reduce el déficit comercial con el sector externo, pero eleva los precios de importaciones para producción y consumo, lo cual es factor que eleva los precios.
Equilibrio de paridad es aquella que no encarece exportaciones y no eleva precios por importaciones caras.
En el año recién concluido, la salida de capitales al extranjero tuvo una tendencia al alza, al sumar más de 135.9 mmdp a noviembre, sobre todo en la venta de bonos del gobierno mexicano, aunque en diciembre se redujo dicha tendencia en 7.23 mmdp.
Positivamente esta variación financiera no fue decisiva para una depreciación acentuada.
La robustez del peso se explica por algunos factores: el diferencial de tasas de interés en comparación con otras economías es un atractivo para la inversión en cartera; los elevados aranceles aplicados por el gobierno estadounidense a productos provenientes de países asiáticos -sobre todo de China- generan exportación de mercancías producidas en nuestro país.
Aunque las remesas se han reducido en 5.4%, todavía tienen impacto positivo en la moneda mexicana; además, por turismo ingresaron al país 3.2 mmdd, más de 18 millones de visitantes extranjeros; por otra parte, del sector externo aumentaron nuevas inversiones directas.
Si bien hay factores positivos que fortalecen nuestra divisa -que este año se ubicaría entre 18.20 y 19.20 pesos por dólar-, riesgos de depreciación paulatina están a la vista:
La aplicación de impuesto en Estados Unidos a remesas que son fuente de ingresos de millones de hogares; renegociación del T-MEC con resultados en inversión directa y empleo (eventual reducción de producción, como ya sucede en la región sureste de Coahuila); posible política monetaria del Banco de México para reducir tasas de interés y acortar diferencia respecto a tasas en otros países; eventual menor impacto del gasto público en el crecimiento económico, dada la reducción del déficit fiscal; volatilidad financiera por conflictos geopolíticos; entre otros.
Urgen estrategias de mediano y largo plazo para fortalecer e impulsar a la economía mexicana: apremiante operatividad del Plan México para producción y comercialización -sustitución de importaciones-; priorizar inversión pública en infraestructura productiva; diversificación del comercio exterior en regiones y países con acuerdos comerciales; incentivos fiscales para determinadas actividades; empleo temporal en regiones afectadas por la política arancelaria estadounidense; entre otras.
Porque el tipo de cambio apreciado no siempre es señal de fortaleza económica.