Coahuila: ¿Por quién votar?

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Opinión
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Les conviene que haya poca participación; eso le permitirá a su estructura alzarse con la victoria. Le pasó al PAN con todo y su gobierno federal, y le pasará a Morena con todo y el suyo

Hace más de diez años, en una movida estratégica, el PRI en Coahuila ajustó el calendario electoral a fin de que el Congreso local se votara junto con el gobernador del Estado, lo cual, en automático, pondría a la elección intermedia para renovar dicho Congreso en solitario y justo un año antes de la elección federal. Lo que también hizo fue empatar a todos los municipios de Coahuila con la elección federal. Esto tuvo un efecto un tanto perverso. Hacemos como si nos alineáramos al mandato federal de empatar elecciones, “cediendo” hasta cierto punto en los municipios, pero nos atrincheramos en lo que nos importa: la gubernatura y el órgano que todo le avala al gobernador en turno, el Congreso del Estado.

Los beneficios de este acomodo son muy obvios. Mantenemos la renovación del Ejecutivo estatal un año antes de la elección presidencial, justo cuando el poder del presidente en turno y su partido están en su punto más bajo. Eso le permite al PRI en Coahuila culpar al presidente débil de todo lo malo que suceda. La fórmula funciona casi a la perfección, salvo en 2017, con Enrique Peña Nieto. Estuvieron a punto de perder el Gobierno del Estado, pero se impusieron en tribunales y en el arte de la cooptación del entonces principal partido opositor, el PAN.

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Para la elección intermedia, la movida fue de ajedrez. Los diputados locales irían solos a una elección en pleno verano coahuilense. Las elecciones legislativas en todo el mundo suelen ser poco atractivas. Los ciudadanos no les dan la misma importancia que a las elecciones ejecutivas. En una elección donde sólo se eligen legisladores locales, los niveles de abstencionismo son enormes, entre el 70 y el 80 por ciento. La lógica es sencilla: cuando nadie vota, mandan las estructuras de los partidos, y la más aceitada, con recursos y organización, siempre ha sido la del PRI. Les conviene que haya poca participación; eso le permitirá a su estructura alzarse con la victoria. Le pasó al PAN con todo y su gobierno federal, y le pasará a Morena con todo y el suyo.

Todo este preámbulo para ir al tema: ¿por quién votar el próximo domingo?

¿Por los partidos? En primera plana, VANGUARDIA nos dice que el 79 por ciento de los coahuilenses opina que los partidos están infestados de corrupción; ocupan el segundo lugar en el Estado. Pronto les quitarán el primer lugar a los policías y ya les ganaron a las fiscalías. Ni vale la pena entrar a ese debate. Aunque debemos reconocer que se trata de una elección de dos: PRI y Morena. Encuesta tras encuesta, el bipartidismo coahuilense se consolida y los demás están en riesgo de desaparecer, salvo aquellos que se sumaron a una alianza con los grandes, como UDC y PT.

¿Por las personas? Pudiera ser la vía más correcta para discernir el voto, siempre y cuando el candidato sea él o ella misma, libre e independiente, que anteponga al ciudadano por encima de las órdenes superiores. En mi caso, Memo Ruiz, del PRI en Piedras Negras, parece ser un buen muchacho; lo conozco poco. Me da la impresión de ser algo tímido y nunca le dice que no al gobernador, ni cuando es en beneficio de los nigropetenses. Un buen muchacho en el PRI me sirve de muy poco. A fin de cuentas, la lógica del PRI es la obediencia y no la iniciativa. Mayra Ruby Rangel, de Morena, es inteligente, propositiva y trabajadora. ¿Será más independiente? No veo a nadie de su partido en el estado dando muchas instrucciones que digamos. Trae en su contra la ola abstencionista, el mal momento que pasa Morena a nivel federal y la ofensiva de Manolo en contra de Claudia Sheinbaum, a quien con una sonrisa le pide apoyo federal y, tan pronto se voltea, le suelta a sus perros rabiosos. Nada nuevo: misma estrategia, diferente color.

¿Por nosotros? Para que arreglen mi calle, mi colonia o lo que me afecta a mí y a mi familia. Quizá porque busco que me den un contrato en tal o cual dependencia. Quizá por coraje y venganza. Suele ser el principal motivo detrás del voto, aunque poco nos ayuda como sociedad. Nada de esto se procesa en el Poder Legislativo. Quizá gana tu candidato y, en el remoto caso de que te cumpla, dentro de su mar de compromisos, al cabo de los años se irá y regresaremos al punto cero. Es el voto emocional, la abrumadora mayoría.

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¿Por nuestros hijos? Para que les vaya mejor a ellos. Para que anden seguros, tengan un buen parque donde divertirse o una buena escuela. Para que sus trayectos sean mejores o menos traumáticos. Para que crezcan en un estado con justicia. Es una aproximación más positiva, aunque no deja de ser limitada. Anteponemos nuevamente el interés personal, que es muy legítimo, pero prescindimos del bien común. Al hacerlo, a la larga salimos perdiendo.

¿Por las próximas generaciones?

Winston Churchill decía que un estadista es el que piensa no en la próxima elección, sino en la próxima generación. El que sacrifica su popularidad personal para meter orden donde se requiere, aunque no sea popular. El que tiene conocimientos o se rodea de personas expertas para planear más allá de su gobierno o legislatura. El que invita a todos a buscar consensos básicos que nos unan como sociedad. El que no tiene miedo de perder su reelección por hacer lo correcto. Ahí va mi voto y recomendación. Ahora encuentren a su candidato.

Facebook: Chuy Ramírez

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Columna: Regresando a las Fuentes

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