Delcy Rodríguez a la luz de la historia: legitimidad y transición en Venezuela
Un paralelo entre la transición venezolana de 1935-36 y el presente para pensar los dilemas de legitimidad, apertura política y refundación del poder
Por José J. García
La historia ofrece un antecedente útil para comprender la coyuntura actual venezolana. Tras la muerte del dictador Juan Vicente Gómez, el 17 de diciembre de 1935, asumió el poder el general Eleazar López Contreras, hasta entonces su aliado más cercano y ministro de Guerra y Marina. Primero lo hizo como presidente interino y luego, en 1936, como presidente constitucional, en medio de una transición incierta marcada por tensiones internas y una sociedad que exigía libertades tras casi tres décadas de autoritarismo.
Pocos días después de su asunción, en diciembre de 1935, López Contreras decretó una amnistía general y la liberación de los presos políticos, facilitando con ello el regreso de los exiliados. El 2 de enero de 1936 ordenó la demolición de La Rotunda, cárcel emblemática de la dictadura, y en un acto simbólico arrojó al mar los grilletes que utilizaban para encadenar a los detenidos. Así se cerró de manera visible una etapa autoritaria y se abrieron expectativas para un horizonte de cambios democráticos.
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Noventa años después, Venezuela vuelve a transitar una etapa semejante. La presidenta interina Delcy Rodríguez ha anunciado la liberación de presos políticos y se ha hablado del eventual cierre de El Helicoide, centro de detención emblemático del periodo madurista. Apenas ha transcurrido una semana y no es posible anticipar resultados, pero la experiencia sugiere que los primeros gestos sólo adquieren significado histórico si se traducen en transformaciones institucionales sostenibles.
En este sentido es importante destacar que mucho se habla de la persecución política contra dirigentes de partidos cercanos a corrientes políticas conservadoras. Sin embargo, se menciona poco la represión ejercida sobre otras fuerzas. Organizaciones de izquierda como el Partido Comunista de Venezuela (PCV), Patria Para Todos (PPT), Tupamaros y el Movimiento Electoral del Pueblo (MEP) fueron judicialmente intervenidas durante el madurismo y privadas de representación política legítima. Se trata de fuerzas que integraron el Gran Polo Patriótico y respaldaron al presidente Chávez y, en sus inicios, al primer gobierno de Nicolás Maduro. Una transición verdadera requeriría la restitución de todas las organizaciones políticas y su participación plena a la vida democrática.
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La recuperación del espíritu de la democracia participativa originaria, que dio nacimiento y legitimidad al chavismo, podría permitirle un nuevo acercamiento con su base social inicial, integrada por amplios sectores que buscaron una alternativa frente a un liderazgo político agotado al que se le denominó el puntofijismo. Ese proceso abriría la posibilidad de refundar el chavismo como una corriente democrática legítima y socialmente arraigada.
En este orden de ideas, es también una invitación a pensar desde México cómo los liderazgos se fortalecen cuando mantienen sintonía con su pueblo y convierten el poder en un puente hacia el futuro, y no en un grillete al pasado.
El autor es un académico venezolano, especialista en Gestión de Innovación, con trayectoria en políticas públicas, ciencia y tecnología. Presidió la Corporación de Desarrollo de los Andes en Venezuela y fue gerente de Innovación y Transferencia en el Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (FONACIT). Actualmente reside en São Paulo, Brasil, donde se desempeña como investigador en la Universidade Estadual de Campinas y en la Fundación Jorge Duprat Figueiredo
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