Doctora y samaritana

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Opinión
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La Presidenta es doctora, sí, pero doctora en estufas de leña, así que la asistencia que le pudo brindar a esta mujer es nula, o la misma que le pudo dar cualquier hijo de vecino

El asesino de Obregón se acercó hasta el Presidente con el pretexto aparentemente más inofensivo del mundo: hacerle un retrato, una caricatura, al General próximo a reelegirse.

—Muy bien, pero ¿por qué le disparó?

—Es que no dejaba de moverse.

https://vanguardia.com.mx/opinion/coyote-vs-acme-GH23240574

Así sea el estadista más amado del mundo, el mandatario mejor calificado de todos los tiempos, el líder más carismático desde Yisus H. Christ, es imprudente e inconcebible que un jefe de Estado quede expuesto por un segundo, no digamos ya a cualquier forma de agresión. Es labor de toda su ayudantía salvaguardar hasta el decoro presidencial de cualquier desfiguro, ridículo o situación embarazosa.

Y no se trata del endiosamiento de la figura del servidor público, aunque es muy fácil caer en esa trampa y pensar que todo funcionario merece ese mismo trato y consideración: “¡Usted primero, señor diputado!”, “¡Como usted ordene, señor Secretario!”.

Es porque el presidente o presidenta encarna al poder del Estado mexicano y, si algo le llega a ocurrir, constituye una catástrofe con más implicaciones, repercusiones y consecuencias de las que aquí podríamos enlistar.

Se le protege, no porque le adoremos, no porque nos caiga bien (ni siquiera porque no le deseemos una eternidad a fuego lento en el Averno), sino porque es la encarnación de la soberanía, la voluntad popular y la continuidad de las instituciones. Es la personificación de la República y todo ello, aunque suena a misticismo, es lo que le da un sentido real a las jerarquías del poder en todo el mundo. Eso mismo es la bendita investidura, que tanto cuidan cuando les conviene, pero que sin el menor recato enlodan y pisotean de ser necesario.

Por eso todo el aparato presidencial está en función (o debería estarlo) de cuidar a la República, que está en el cuerpo del jefe del Ejecutivo. Ergo: hay que cuidar a dicha persona a como dé lugar.

https://vanguardia.com.mx/noticias/mexico/mexico-no-sera-colonia-ni-protectorado-sheinbaum-responde-al-mapa-de-trump-MB23336468

Es increíble (“insolting and onacéptabol”) que la primera doctora mujer Presidenta (con A de “¡amosalaching...!”) de México haya sido víctima de acoso y manoseada enfrente de un sinnúmero de testigos y ante la total impavidez de su escolta y ayudantía.

De allí que muchos sospecharan (y con buenas razones) que todo había sido un montaje.

En favor de esta teoría, se argumenta que no es razonable acercarse a un jefe de Estado hasta tener contacto físico con éste sin sortear todo un aparato logístico y táctico cuyo propósito es precisamente evitar que tal cosa ocurra.

Vamos a darle por su lado a los conspiranoicos y a preguntarnos en todo caso... ¿Y para qué?

¿Para tapar un escándalo con otro? La agenda mediática realmente no se comporta de esta manera (a menos que la gente en el poder realmente crea que un escándalo tapa a otro).

¿Para posicionar entre la gente la idea de que la Mandataria es tan cercana a la gente que incluso es vulnerable al acoso? ¿O que el poder en tiempos de la Cuarta Transformación no requiere de enormes aparatos de seguridad?

Pero ello sólo habría enviado el mensaje de que son peligrosamente negligentes, irresponsables y descuidados. Si tal hecho tuvo alguna lectura positiva, fue sólo entre quienes ya de por sí eran simpatizantes.

Si la señora Sheinbaum no se quiere cuidar porque se siente bendecida por un halo protector o custodiada por los Ángeles del Bienestar y del pueblo bueno... ¡pues qué bueno!

Pero otra vez (y no es algo que deberíamos estarle recordando), lo que camina sobre sus zapatos es algo más que Claudia Sheinbaum Pardo: es el conjunto de bienes, poderes e identidad nacionales (a un nivel más que simbólico), y eso es algo que nos pertenece a todos los mexicanos, incluso a quienes no votamos por ella.

Por eso agradeceríamos mucho que dejara de exponer dichos bienes tan a lo sonso, como hace, por ejemplo, cuando vuela en aerolíneas comerciales para enarbolar una política de austeridad que nadie en su movimiento respalda (si hasta los gatos de tercera categoría en la 4T andan en vuelos privados o ya de perdido en Business Class).

Siendo que el único que debería tener un transporte oficial de primer orden es el jefe del Estado mexicano (sobrio o lujoso es otra discusión aparte), el presidente no sólo necesita, sino que MERECE un vehículo oficial. No porque en él vaya a viajar Felipe Calderón, Peña Nieto, AMLO o la doctora Sheinbaum, sino porque a bordo se traslada la personificación de México ante toda la nación y ante la comunidad internacional.

Pese a la experiencia antes citada, la semana pasada ocurrió otro hecho bastante inusual, tanto que volvió a levantar muchas cejas y todo tipo de suspicacias.

Con motivo de su segundo “informe y rendición de cuentas” (es un decir), la doctora inició una gira por toda la República. Y fue en la ciudad de San Luis Potosí que una concurrente de la tercera edad (o eso creo; luego uno consulta y resulta que somos de la misma edad)... El caso es que una señora sufrió el Síndrome del Niño en el Juramento a la Bandera y se desvaneció.

Y por más humano, compasivo y empático que sea un líder (o pretenda serlo), en su calidad de jefe de Estado lo único sensato que puede hacer es mantenerse a prudente distancia de cualquier hecho que no esté dentro del protocolo y del control de su aparato presidencial.

Para empezar, la Presidenta es doctora, sí, pero doctora en estufas de leña, así que la asistencia que le pudo brindar a esta mujer es nula, o la misma que le pudo dar cualquier hijo de vecino.

Ergo, la Doctora sólo se aprovechó de la pobre mujer desmayada porque, si no le puede procurar ningún auxilio especializado (y ni modo que me digan que la Transformación le da poderes curativos), si logísticamente sólo se está exponiendo y obstaculizando a los verdaderos paramédicos, entonces la Presidenta sólo está allí posando para una foto.

Y eso, no cayendo en la tentación de suponer que sea un perverso montaje planeado desde la oficina de Jesús Ramírez en coproducción con la asesoría jurídica de MaHuicha Alcalde.

Pero es que el corte populista de un régimen construido a base de mitos de bonhomía y honestidad no ayuda realmente a pensar sin malicia.

Si el Estado decide subordinarse al espectáculo, no es sin un costo y un riesgo de por medio, y para no variar, estarían jugando con bienes de los que (aunque son custodios) pertenecen a todos los mexicanos y que ellos, al parecer, no alcanzan a dimensionar del todo.

Columna: Nación Petatiux

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