Dos escenas: un destino

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Opinión
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Mientras la cepilla, Manolo le pregunta al oído –porque amar a los animales implica hablar con ellos–: ‘Dime, Nubecita, ¿a quién debo elegir como mi sucesor?’

PRIMERA ESCENA

Suena en los altavoces del establo el clásico del country “The Gambler” (El Jugador), de Kenny Rogers (1978): “En una cálida tarde de verano / en un tren con destino a ninguna parte...”.

Manolo Jiménez Salinas ha terminado de alimentar con heno y forraje a su yegua favorita, Nubecita. Le ha dado agua limpia y ahora la cepilla con cuidado para quitarle la suciedad del pelaje y comprobar que no tenga heridas.

https://vanguardia.com.mx/opinion/avisos-politico-parroquiales-CF23621993

Mientras la cepilla, le pregunta al oído –porque amar a los animales implica hablar con ellos–: “Dime, Nubecita, ¿a quién debo elegir como mi sucesor?”.

Sorprendida, la yegua resopla, despeja sus vías respiratorias y le dice: “Respuestas no tengo, pero sí preguntas para aclarar tu mente. ¿Estás preparado, mi querido Manolo?”. “Claro, mi Nubecita. Adelante”.

“Es de suma importancia que tengas claro que esa decisión repercutirá en tu legado histórico en Coahuila y en tu proyección política como figura nacional”. “Lo sé” –responde Manolo, preocupado.

“¿Cuáles son los criterios que definirían a esa persona? –continúa ella–. ¿Tendría la lealtad política, la militancia partidista, la experiencia administrativa, la rentabilidad electoral y el liderazgo proactivo que te definen a ti? ¿O sólo quieres una marioneta que, sin esas características, puedas manejar a placer?”.

Manolo sigue cepillando a Nubecita. Él empieza a sudar y ella también, mientras se escucha la voz de Rogers: “Estábamos ambos / demasiado cansados para dormir / así que nos turnamos para mirar / por la ventana hacia la oscuridad...”.

“Esa pregunta es clave, mi buen Manolo, porque el México de 2029 en adelante exigirá un gobernador coahuilense con cualidades superiores para blindar a Coahuila frente al crimen organizado, impedir la llegada de Morena, enfrentar a un Gobierno federal plenamente autoritario y sortear una presión económica estadounidense incierta y compleja.

“Si optaras por dejar un títere inexperto en tu lugar, éste, sin duda, fracasaría, y el responsable serías tú. Por eso te sugiero no tomar la decisión todavía. Hoy estás en la cúspide de tu poder político, en tu tercer año de gobierno, y supones que podrías imponer a tu candidato hasta el final de tu mandato. Pero te equivocas.

“Tu poder empezará a declinar cuando concluyas tu tercer informe de gobierno, tal como ocurrió con todos los gobernadores de Coahuila. Porque el desgaste del poder es inmisericorde: no perdona.

“Al día siguiente de tu tercer informe resurgirán como zombies decenas de actores políticos y empresariales de los 38 municipios del estado, desencantados por el recambio generacional fallido, el abandono de las formas políticas, los excesos de tus subordinados y el incumplimiento de acuerdos.

“Sería deseable que eligieras a tu sucesor a partir de esa realidad política que hoy no imaginas porque estás en la cima del poder. La decisión debería unificar tanto a los aspirantes con méritos sobrados para sustituirte como a los actores políticos y empresariales de las cinco regiones del estado. Así evitarías fracturas políticas o regionales que pondrían en riesgo el triunfo electoral de tu partido en 2029 y tu proyección nacional”.

La voz de Kenny Rogers vuelve a escucharse en el establo: “Hijo, me he ganado la vida / leyendo los rostros de la gente / sabiendo qué cartas tenían / por la forma en que sostenían la mirada...”.

Pensativo, Manolo le limpia las pezuñas a Nubecita para evitar infecciones. Ella le responde con un resoplido suave y afectuoso.

https://vanguardia.com.mx/opinion/el-manual-politico-de-miguel-riquelme-PG23522926

SEGUNDA ESCENA

Miguel Riquelme le plantea un dilema a un mercadólogo político que viste como mirrey: camisa de lino abierta hasta la mitad del pecho, jeans entubados, cinto llamativo y mocasines de marca, sin calcetines.

“Si quieres trabajar conmigo, resuélveme este dilema: Javier Lechuga, director de Tesorería Municipal, y Roberto Barrios, director de Ingresos, están confrontados; necesito la capacidad y la experiencia de ambos, y no quiero despedir a ninguno. ¿Qué me sugieres?”.

El mercadólogo le responde: “Póngalos a ‘farmear aura’ en presencia de sus subordinados, en el auditorio del séptimo piso de la presidencia municipal. Los celulares se quedan fuera.

“Aunque cada uno saque sus pasos prohibidos, no habrá ganadores ni perdedores. Ambos mostrarán ante su personal un rostro más humano y menos apegado al poder. Eso los relajará y les hará cambiar de actitud. Eso sí: grábelos por si alguno reincide; entonces los hace virales”.

Riquelme sólo sonríe.

Columna: Panóptico

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