¿Está sola la presidenta Sheinbaum?
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Rocha no fue la causa, pero sí el detonante que radicalizó a Sheinbaum por instrucción de AMLO para retrasar el hundimiento de la 4T
Con una narrativa de la “transformación” hecha pedazos, la Presidenta tensa la cuerda con Estados Unidos en los inicios de la negociación del T-MEC, al acusar al gobierno estadounidense de “injerencismo extranjero” para influir en las elecciones mexicanas de 2027 a través de las acusaciones contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, por colaborar con narcotraficantes.
¿Cómo vestirse de adelita, con cartucheras cruzadas y fusil 30-30, para reafirmar un nacionalismo defensivo, propio de la invasión estadounidense (1846-1848), que culminó con la pérdida de más de la mitad de nuestro territorio?
¿Cómo aventarse ese tiro contra el Tío Sam cuando nuestros argumentos para negociar el T-MEC están por los suelos? Más allá de nuestra dependencia económica, que representa más del 50 por ciento del PIB nacional, nuestras expectativas de crecimiento económico están por debajo del 1 por ciento. Las bajas calificaciones de Standard & Poor’s y Moody’s reducen la capacidad de atraer inversión, asumir riesgos crediticios y cumplir nuestras obligaciones. Nuestra deuda pública alcanza un 52 por ciento del PIB del país y la confianza empresarial continúa en declive: “En mayo pasado bajó 0.5 por ciento”.
¿Qué “masiosare”, vestido de mariachi de la Plaza Garibaldi, olvidó decirle a la Presidenta que el 47 por ciento de los mexicanos confirman que México va por el rumbo equivocado, mientras el 46 por ciento dice lo contrario; o que el 68 por ciento asegura que a ella las cosas se “le salieron de control”, mientras sólo el 28 por ciento confirma que tiene “las riendas del país” (Becerra Mizuno: mayo 2026)?
¿Qué atrevida mujer, disfrazada de Leona Vicario, “nombrada como la Benemérita y Dulcísima Madre de la Patria” en su momento, la instigó a disfrazarse de Águila Descalza para enfrentar al Capitán América cuando la aprobación de su gestión bajó de 80 a 59 por ciento (de marzo de 2025 a mayo de 2026) y la desaprobación subió de 15 a 39 por ciento en el mismo periodo? Los mexicanos la aprueban por apoyar a las personas de la tercera edad, mejorar los salarios y crear más empleos, pero la reprueban por su mala relación con EU, el desabasto de medicamentos, el incremento de la corrupción, el combate contra el crimen organizado y los altos índices de inseguridad pública (Becerra Mizuno: mayo 2026).
Más aún, su partido, Morena, obligado a ir a las plazas públicas “a realizar asambleas informativas y distribuir periódicos o volantes para defender la soberanía nacional”, también cayó en su aprobación de 71 a 57 por ciento (de marzo 2025 a mayo 2026); mientras que su desaprobación subió de 12 a 30 por ciento durante el mismo lapso (Becerra Mizuno: mayo 2026).
Ojo: “¿Qué es mejor para el país?”. Los mexicanos responden: “Que siga gobernando Morena en un 47 por ciento o que haya cambio de partido en el gobierno en un 47 por ciento” también (Becerra Mizuno: mayo 2026).
La Presidenta, en su frenética desesperación por no controlar los hechos que ocurren, como en el caso de Rocha –que ejemplifica la relación sistémica de Morena con el crimen organizado–, se vio forzada a atrincherarse en una soberanía nacionalista histérica, con fondo musical proporcionado por el corrido bélico de Los Hermanos del Bravo, titulado “La Doble Cara de Rubén Rocha”.
Mientras ella luce descontrolada, distintas casas encuestadoras, como Enkoll, Reforma y Becerra Mizuno y Asociados, le recuerdan que 6 de cada 10 mexicanos encuentran “creíbles las acusaciones de EU en contra del gobernador Rubén Rocha por tener nexos con el crimen organizado”.
Claudia está sola ante la historia: perdió el control de la narrativa para definir la conversación pública, legitimar “la transformación” como su eje de gobierno, afirmar su identidad política (moral e incorruptible) distinta a la de sus adversarios y absorber crisis, errores o escándalos sin atascarse. Los datos duros así lo demuestran.
Rocha no fue la causa, pero sí el detonante que radicalizó a Sheinbaum por instrucción de AMLO para retrasar el hundimiento de la 4T. Sin embargo, la arremetida estadounidense, sin fuegos artificiales patrios, asfixiará a la Presidenta hasta que extradite a los morenistas vinculados al crimen organizado, que incluirían a Andrés Manuel y a su hijo Andy.
¿Se atreverán a votar los candidatos morenistas al Congreso de Coahuila, el próximo 7 de junio, con una camiseta que al frente diga: “Presidenta: ¡No estás sola!”. Y en su reverso: “¡Todos somos Rocha!”. Digo, nada más para saber de qué madera ideológica están hechos. Porque la Presidenta, sola (con Rocha), está.