Félix Rodríguez de la Fuente y la naturaleza
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Se cumplen 46 años de su partida, y su filosofía y su legado continúan vigentes. Una voz que invitó a generar conciencia
Félix Rodríguez de la Fuente viajaba a Alaska en expedición para la grabación de sus documentales sobre la Tierra. El 14 de marzo de 1980 murió en un accidente aéreo mientras se dirigía al círculo polar ártico para filmar la carrera de trineos con perros, la más importante del mundo.
Fundamental precursor del discurso del cuidado y la protección del medio ambiente, el carismático naturalista organizaba las expediciones en muchos puntos del planeta para difundir su mensaje a través de su famosa serie “El Hombre y la Tierra”.
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Autor de importantes proyectos editoriales con la misma filosofía, de él son estas palabras: “Yo os invito a que miréis a los lobos, a las águilas, a los bosques y a los ríos como lo que realmente son: parte de nosotros mismos. Porque el hombre no está fuera de la naturaleza; el hombre es naturaleza. Y si destruimos la Tierra que nos sostiene, si exterminamos a los animales que comparten con nosotros este planeta, estaremos destruyendo una parte de nuestra propia alma. Todavía estamos a tiempo. Todavía podemos enseñar a nuestros hijos que la Tierra no es una herencia de nuestros padres, sino un préstamo que debemos devolver intacto a quienes vendrán después”.
Se cumplen 46 años de su partida, y su filosofía y su legado continúan vigentes. Una voz que invitó a generar conciencia y que sonaba a estreno. Aplicó magistralmente los medios de comunicación para favorecer esta cultura: se recogió su voz y se replicó tanto que, aun ahora, sigue sonando en un eco esperanzador.
La niñez de los ochenta supo de él de la manera en que podía influir en el primer instante: fue a través de la música en donde se coló su nombre y la herencia de su pensamiento, en una pieza infantil interpretada por los españoles Enrique y Ana.
En ella, se cuenta el relato de la noticia que los animales en el mundo hacen correr de boca en boca. Estas son las líneas iniciales:
Esta mañana me ha contado el gallo
que el elefante le contó al castor
que la culebra dijo a la piraña
que esta mañana está más triste el sol (...).
—-
(...) Amigo Félix, cuando llegues al cielo,
amigo Félix, hazme sólo un favor:
quiero ir contigo a jugar un ratito
con el osito de la Osa mayor.
En adelante, la canción continúa con la relación de animales que van dando noticia en los bosques, en los mares, en la tierra entera toda. Para muchos niños de la época, es un relato que los colocó por primera vez con la idea de la importancia de un ser humano que amó a la Tierra y dedicó todos sus esfuerzos en hacer concordar la vida del ser humano con la fauna, que tiene el mismo derecho de habitar el planeta.
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Mucho ha crecido la conciencia ambiental a lo largo de estas cuatro décadas. Debemos a aquellos pioneros la pasión con que emprendieron a nivel global la búsqueda por el reconocimiento de la importancia del medio ambiente en la vida de los seres humanos.
Esto no es en modo alguno abstracto o puesto en nostalgia por el tiempo transcurrido. Esto nos coloca de frente con la responsabilidad que hoy se tiene con la naturaleza. No es casualidad que en los últimos tiempos por todas partes surjan cada vez más personas interesadas en excursiones a las sierras, en hacer senderismo, en la protección de sierras como la que a nuestra región ocupa: la Sierra Madre Oriental.
Cuidarla y denunciar su devastación es también una forma de honrar la tierra que pisamos. La conciencia por el cuidado ambiental está en los recuerdos que nos vuelven presente la defensa comprometida del medio natural que nos rodea en el momento actual.