Jóvenes, México es suyo también...

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Opinión
/ 23 enero 2026

“La democracia es el destino de la humanidad; la libertad su brazo indestructible”.

Benito Pablo Juárez García.

Según datos del INEGI, los jóvenes –entre los 15 y 29 años– representan aproximadamente el 31 por ciento de la población total de nuestro país. Traducido a cifras, son alrededor de 38 millones de personas, aunque esta puede variar según la fuente y el año del dato. En la elección del 2024 los jóvenes de 18 años, que votaron por primera vez, se colocaron entre los grupos de edad que más cumplieron, su participación alcanzó el 61.53 por ciento, por encima del porcentaje nacional de 59.8 por ciento, de acuerdo con a datos del Instituto Nacional Electoral (INE).

Los jóvenes hoy día visualizan a la democracia más allá del hecho de presentarse a sufragar, contra lo que se pueda pensar valoran la participación activa, la transparencia, el escuchar sus voces para solventar problemas reales, creen en la justicia social. Lo que les desencanta son el desempeño de las instituciones y la ineficacia de quienes se supone que los representan. Conciben una democracia más incluyente y con resultados medibles, que no se enfoque nada más en el cumplimiento de las promesas de campaña, sino en el interés genuino de servir a todos.

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Si tuviéramos que hacer un listado de lo que le significa la democracia, en qué se traduce, como se explica desde la visión juvenil, sería más o menos así: su participación no se limita al solo hecho de presentarse a la casilla y votar, quieren involucrarse en la toma de decisiones, construir soluciones a las problemas que aquejan a su comunidad, a su escuela, en su trabajo. Quieren de sus gobernantes transparencia y rendición de cuentas, quieren un compromiso auténtico de los servidores públicos, están hartos de promesas políticas huecas, ahí se incuba la desconfianza. Por otro lado, a la democracia la entienden como justicia social, la vinculan con la lucha por la igualdad, con los derechos humanos, con la inclusión de minorías y la equidad, rechazan que se ignore a los más vulnerables.

Pese a la desinformación y las “fake news” que transitan por las redes sociales, los jóvenes entienden la importancia de utilizar las herramientas digitales y estar informados, con lo que se fortalece el pensamiento crítico. No se sienten representados por sus autoridades. Y contra lo que pudiera pensarse, conciben a la democracia no solo como un sistema, sino como una práctica que se APRENDE y se VIVE en la familia, en la escuela, en el centro de trabajo, en la vida cotidiana, ¿Cómo?, a través del diálogo y el disenso.

Los jóvenes son eso, pero ser joven no es sinónimo de ser corto de entendederas. El reto de discernir información veraz en las redes sociales se vuelve un requisito sine qua non. Además, las instituciones deben hacer clic con las realidades juveniles, de ahí la relevancia de fomentar programas que fortalezcan la cultura política y el compromiso cívico desde que son niños. Los jóvenes de hoy conciben a la democracia no como algo concluido, sino como un ideal que se construye y que demanda la participación de TODOS.

Debiera de hacerse una campaña seria y ad hoc para alentar a los jóvenes a cumplir con su deber y a ejercer un derecho que costó, parafraseando a Churchill, sangre sudor y lágrimas para que fuera UNIVERSAL Debemos cuidar la democracia, no es relleno, es piedra angular para proteger la vida, es respetar las reglas del juego, es ponderar los contrapesos institucionales. Se trata de defender una institución que permite dirimir diferencias sin violencia, es un alto para que el poder no se vuelva absoluto. Hoy por hoy en nuestro país, nos la estamos viendo bien difícil, el haber convertido al INE y al Poder Judicial, en badulaques al servicio del régimen, hiere a la democracia de muerte. ¿Hacia dónde vamos? ¿Hacia dónde vamos a permitir que nos arroncen la corrupción y la tenebra?

La democracia se defiende. Se nutre con argumentos, con participación, y con estudio. Se defiende teniendo la claridad de que sin Congreso no hay representación, hoy lo que tenemos en ambas cámaras es una recua a cargo de la mayoría, con perdón de las mulas, los burros y los bueyes. No legislan, ni leen las iniciativas siquiera, solo reciben instrucciones para votar. También hicieron polvo al Poder Judicial, hoy se imparte justicia a modo, CERO EQUILIBRIOS. A mí me queda claro que las instituciones no son perfectas, pero como ayudan para que el poder no quede en manos de un individuo. “La democracia no es un destino al que se llega, sino una práctica que se cultiva cada día. No se hereda: se aprende. Y se aprende caminándola —y caminándola con otros— en el aula, en la vida cotidiana, en las redes, en la escucha y el disenso”. La democracia no se reduce a ser solo una forma de gobierno, sino el vínculo que tenemos con la vida pública, si ese puente se cae, por desconocimiento, por desencanto, por exclusión, estamos FRITOS.

Quizá no hemos promovido a la democracia como se debe, quizá la promovimos como un ideal, y no está mal, pero demanda para comprenderla y aprenderla que se defina como un engranaje de pesos y contrapesos, como la que pone límites al poder, para que no se desborde. Cuando no se apunta con claridad el cómo se sostiene, surge la tentación del atajo y del “salvador” de la patria, que todo lo puede, el manipulador innato que no se “llena” con el aplauso ni el caravaneo que le alimentan el ego vuelto loco, y que sigue tras bambalinas, cuando se le acaba el periodo, pudriendo al país. La democracia se diluye para mal y daño de la gente, del grueso de la gente. Tristemente, y tengo que destacarlo, muchos jóvenes valoran más el carisma que la deliberación, la inmediatez, y entonces ya no tenemos gobierno democrático, sino autoritarismo, del más despreciable por cierto. México hoy las está pasando moradas, con una inseguridad escalofriante, con servicios públicos, que no obstante teniendo la categoría de derechos fundamentales, en la vida real no llegan ni a remedo ¿Cuáles? la salud, la educación, la movilidad...

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Ese es el México que tienen en su futuro inmediato los jóvenes y si no toman cartas en el asunto, van a llorar lágrimas de sangre. La educación tiene un rol insustituible, no la desaíren, es la que los va a salvar de la frustración y de la inopia. La escuela tiene un deber doble, formar profesionistas, pero también CIUDADANOS.

La democracia se aprende y se defiende desde las aulas universitarias, no solo durante las clases, también en la forma en que debatimos y disentimos. Si quieren un México incluyente, abóquense a construirlo, la pelota está en su cancha.

La democracia se construye día a día, haciéndola. No se embrujen con el canto de las sirenas, esas sólo sirven para lanzar al abismo a quienes se emboban con su diatriba deleznable. ¿Sueñan con un México libre, fuerte, en el que todos tengan las mismas oportunidades para desarrollarse y crecer acorde a sus propios talentos? Edifíquenlo. No les va a caer del cielo.

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Columna: Dómina. Nacida en Acapulco, Guerrero, Licenciada en Derecho por la UNAM. Representante ante el Consejo Local del Instituto Federal Electoral en Coahuila para los procesos electorales.

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