La negociación de los votos está disfrazada mediante el otorgamiento de pensiones

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Opinión
/ 5 marzo 2026

Inducir al voto mediante la fuerza del dinero y no de la democracia, entendiéndose ésta como la libertad del elector de decidir por el candidato de su preferencia, es aceptar un pacto electoral en el que ‘me das y te doy’

Está por inaugurarse el mercado electoral, donde el éxito de una campaña dependerá de no repetir las fórmulas que tradicionalmente llevan a cabo los partidos, pues los vientos electorales deben estar empatados con el desarrollo de la vida de la población. Es decir, además de visitar colonias, debe haber eventos de otro tipo, como conferencias donde se expongan criterios sobre la calidad de vida en general y que los candidatos ganadores, mediante el establecimiento de normas, favorezcan a la ciudadanía. Por esa razón, los que compitan por las candidaturas a la próxima legislatura deberán ser personas que tengan una cultura general o que hayan pasado por la academia.

Inducir al voto mediante la fuerza del dinero y no de la democracia, entendiéndose ésta como la libertad del elector de decidir por el candidato de su preferencia, es aceptar un pacto electoral en el que “me das y te doy”.

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Para las siguientes elecciones, se anotará en el concurso una explosión de partidos políticos, entre nuevos y antiguos, que serán alimentados con el trasvase de algunos miembros importantes que irán a contender como candidatos. Esto no es más que el resultado del aplazamiento que las cúpulas partidistas les fueron imponiendo y que, cansados de esperar alguna oportunidad, estos cuadros ahora pueden optar por cambiar de divisa. Existen nombres de personajes que quieren impulsar, apoyados por un partido que está por nacer.

Hay otros institutos políticos que mantienen una estructura cohesionada a medias, integrados por cuadros que pueden hacer frente a otros partidos con el apoyo en el trabajo de campo mediante la donación de la materia prima que se emplea en estos quehaceres, es decir, con dinero, mucho dinero, que sirve para comprar conciencias, sobre todo los que están en el poder y que desde la cúpula abastecen del numerario para seguir teniendo base en estados y municipios. Hay que caminar con pasos de gato para no caer en sus redes, pues de esa forma han ido avanzando en el territorio nacional, conquistando terreno y luego haciendo gobiernos mediocres.

Realmente, de los partidos en la pelea, cuyos nombres pululan en el ambiente, son menos los más fuertes que contenderán y que pueden dar prestigio al Congreso del Estado. Los demás, disculpe usted por la palabra, son del montón, pero de alguna forma se llevarán sus prerrogativas y la influencia derivada de su posición.

El Partido Acción Nacional (PAN) es un ente desmoronado donde sólo sobrevive el cascarón totalmente agrietado.

El Partido del Trabajo (PT) no hace honor a su nombre: ahí reina la atonía con vagas ideas que se acogen en un ambiente esfumado, cuya inactividad lo degrada. Recordemos que su dirigente en el estado rehuyó de quien lo había cobijado y que, haciendo el papel de un Judas moderno, tomó otro camino, el cual está recorriendo con una parsimonia cuya meta se ve muy distante.

Ni hablar del Partido de la Revolución Democrática (PRD), que con una ideología política socialdemócrata el viento se lo llevó, por lo que invoquemos el requiescat in pace, ya que acaba de pasar entre los muertos.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha sido cauteloso, pues no ha dejado correr los nombres con los que competirá, sólo lo que algunos analistas dejan ver.

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¿Qué pasa con los demás partidos, los llamados chicos, que ya no son tan chicos? Como Movimiento Ciudadano o como el Partido Verde, que ha sido un esbirro de la política donde se arrima sólo por dinero con el que le da más. Son muchos los partidos que juegan a la democracia y que, por consiguiente, la prostituyen.

Esos minipartidos tienen la etiqueta de proveedores de votos mediante su respectiva comisión, ya sea en dinero o en posiciones, lo que los convierte en agentes de colocaciones. Ya lo ve, nuestro sistema electoral está más manoseado que una meretriz.

Se lo digo EN SERIO.

franciscoaguirreperales@gmail.com

X: @aguirreperalesf

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