La Participación de los Trabajadores en las Utilidades: por qué le toca lo que le toca

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Opinión
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Su función. Su lucha. Su taquilla.

Hay funciones que se anuncian con bombo y platillo, otras que pasan en silencio. En el mundo fiscal la pelea estelar es entre mayo y junio: el reparto de utilidades. La famosa PTU.

No es bono. No es propina. No es agradecimiento del jefe por buen comportamiento. Es derecho constitucional, así nomás. Y como todo derecho, tiene letra chica. Permítame contársela desde la esquina del trabajador.

https://vanguardia.com.mx/opinion/barbara-y-el-tesoro-perdido-del-sat-LE20355592

Imagine una arena llena. El patrón rentó el local, pagó la luz, contrató al elenco y se aventó el riesgo del taquillazo o del fracaso. Los trabajadores, en cambio, subieron al ring noche tras noche, sudaron la lona, aplicaron la quebradora y entretuvieron al respetable.

Si al final del año la taquilla salió en azul, la Constitución dice algo muy claro desde 1917: el diez por ciento de esa ganancia se reparte entre los que se subieron al ring.Pero ojo, no cualquiera se lleva una rebanada.

Al reparto entran los trabajadores de planta, los de confianza, y los eventuales que hayan estado al menos sesenta días en función durante el año. ¿Y los que no entran? Los de arriba: el promotor y el dueño de la función, o sea, los directores y gerentes generales.

Esos no se subieron a luchar, armaron la cartelera. Tampoco entran los réferis, narradores y vendedores que andan de freelance, facturando por evento.

Cobraron por su cuenta, en su esquina aparte. Tampoco los servicios externos que se contrataron: limpieza, vigilancia. A ellos los reparte su propio promotor.

¿Y los socios? Esos son los meros meros. Por definición no son trabajadores. Su ganancia tiene otro nombre y otra ruta.Ahora la pregunta del millón: ¿cómo se calcula lo que a usted le toca?

La fórmula viene en la Ley Federal del Trabajo y es de dos caídas: una por días y otra por sueldo. La primera caída se reparte por los días que estuvo en función: el que aguantó todo el año cobra más que el que entró a mitad de cartelera. Hasta ahí, fácil.

La segunda caída se reparte por el sueldo. El estelar, el de mayor salario, se lleva rebanada más grande que el abridor.

No porque trabaje más horas, sino porque su sueldo refleja la categoría con la que lo apuntaron al contrato. La ley premia las dos cosas: presencia y peso en la cartelera.

Un dato que conviene guardar: los días que cuentan no son nada más los que checó tarjeta. También suman las incapacidades por maternidad, las de riesgo de trabajo, los descansos, las vacaciones, los festivos y los permisos sindicales.

Lo que no entra son las incapacidades por enfermedad general y los permisos sin goce. Esos sí se le descuentan.

Una pausa antes de que se emocione. Desde 2022 le pusieron un techo a la PTU. Aunque sea el luchador estelar del año, hay un máximo que la regla no le deja rebasar: nadie puede recibir más del mayor entre tres meses de su salario y el promedio de la PTU que cobró en los últimos tres años.

Y la duda que sigue: ¿cuándo le pagan? Si el patrón es persona moral, tiene hasta sesenta días después de presentar su declaración anual, o sea: a más tardar el 31 de mayo. Si su patrón es persona física, hasta el 30 de junio.

Y por supuesto y desde luego que sí: su socio incómodo, el SAT, también quiere su parte de la PTU. Ese promotor invisible que le cobró parte de cada función durante el año no se va a quedar fuera de la taquilla anual.

https://vanguardia.com.mx/opinion/la-tesorito-y-los-ingresos-que-no-pagan-pero-si-se-declaran-LG20040487

Si el monto que le corresponde es mayor a $1,760.00 (15 UMA), se le calculará ISR sobre la diferencia entre lo que le tocó y los 15 UMA.

Por último: tiene un año para reclamarla, contado desde el día siguiente al vencimiento. Si lo deja pasar, lo que era suyo se queda para repartir el siguiente año.

La PTU no es regalo, propina ni detalle del patrón. Es la parte de la taquilla que la Constitución le dejó apartada desde hace más de cien años. Ya sabe cuándo le toca, cómo se calcula, dónde está el techo y qué pasa si se duerme en sus laureles.

Esta no es lucha de máscara contra cabellera ni pelea de pronóstico reservado. Pero es su función. Su lucha. Su parte de la taquilla. Conózcala, revísela y, si algo no le cuadra, levante la mano antes de que acabe la lucha.

huorsa@ortizgarza.com.mx

X: @huorsa

Substack: Historias de impuestos bien contadas

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Columnista de VANGUARDIA, comediante fiscal por vocación no diagnosticada. Dicen que los contadores nacemos sabiendo sumar... pero Hugo René también nació sabiendo restarle drama al SAT. Es licenciado en Contaduría Pública y Finanzas por el Tec de Monterrey, lo que básicamente significa que aprendió a sufrir con estilo y corbata. Tiene dos maestrías: una en Impuestos (porque a alguien tenía que gustarle eso) y otra en Derecho Internacional, por si alguna vez hay que explicarle al SAT que el tequila no se exporta con IVA incluido.

Empezó su carrera en California, donde trabajaba en una empresa de arroz... porque uno tiene que saber de granos antes de hablar de deducciones. Luego se fue metiendo al mundo de la contaduría, ese hermoso universo donde la emoción más fuerte es cuadrar el balance a la primera. Y cuando pensó que ya nada podía sorprenderlo, ¡lo invitaron al mismísimo SAT! Así es: fue asesor de la jefa del SAT y también trabajó en Planeación, es decir, ayudó a diseñar el mapa del infierno... pero con Excel.

Hoy es socio director en la firma Ortiz Garza y Asociados, donde lidera proyectos fiscales y se dedica a hacerle la vida más fácil a los que le temen al buzón tributario más que a su ex.

Además de contar números, también cuenta historias: fue conductor de “Frecuencia Fiscal” durante 14 años, donde explicaba impuestos como si fueran recetas de cocina (”agarre su CFDI, métalo a la licuadora fiscal y espolvoree deducciones”). Hoy conduce el pódcast “Entre Contadores”, donde se hablan de temas serios... pero con risas entre líneas y anécdotas que harían llorar a un auditor.

También ha sido catedrático, presidente de comisiones, columnista en El Financiero y miembro activo del Instituto de Contadores Públicos de Nuevo León. Es decir, Hugo René no solo conoce la ley, también sabe aplicarla sin que a uno le den ganas de esconderse en las Islas Caimán.

Si alguna vez pensaste que los impuestos eran cosa seria... es porque no has leído una columna de Hugo René. Prepárate para entender tus finanzas como si te las explicara tu compadre chistoso... pero con cédula profesional.

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