La peligrosa costumbre de opinar de todo
COMPARTIR
Todos alguna vez hemos opinado de algo que no entendíamos. Alguna vez hablamos con seguridad de algo que en realidad no sabíamos ni madres. La diferencia está en lo que haces cuando te das cuenta
Hay una cosa que me fascina de la humanidad moderna: la gente no sabe hacer ni madres... pero opinar sí lo hace con una seguridad olímpica. No importa el tema. Medicina, política, relaciones, cocina, economía mundial, la guerra en Medio Oriente, cómo educar hijos, cómo manejar un negocio... siempre aparece el iluminado que dice: “Lo que deberían hacer es...”. Ah, cabrón. ¿De verdad? Porque hace diez minutos estabas preguntando cómo reiniciar el módem y ahora resulta que tienes la solución para arreglar el país.
La gente no tiene ideas. Tiene opiniones infladas con aire caliente. Y lo peor es que las sueltan con la confianza de un cirujano... aunque su mayor logro del día haya sido no quemar los frijoles.
TE PUEDE INTERESAR: Aprendiz: La coartada favorita del que no quiere dar la cara
Mire ahí tenemos al doctor de WhatsApp, todo un clásico. Te enfermas, lo mencionas en una conversación y de inmediato aparecen quince especialistas improvisados. “Eso es el hígado”. “No, no, es la vesícula”. “A mi primo le dio eso y se murió”. “Tómate un té de hojas de no sé qué con limón y bicarbonato”. Curiosamente ninguno es doctor. Pero hablan con una seguridad brutal. Ni historial clínico, ni estudios, ni diagnóstico. Pero ahí están, recetando remedios como si fueran una mezcla entre curandero de pueblo y Google mal leído. A veces siento que si alguien se rompe una pierna, el mismo pendejo diría: “Ponte Vick VapoRub y se te pasa”.
Y luego tenemos al chef de sillón, como me rompe las pelotas este desgraciado o desgraciada. Como cocinero, este tipo de fauna la conozco demasiado bien. Siempre aparece el experto gastronómico que dice: “Eso yo lo haría diferente.” Claro. Por supuesto.
En tu cabeza eres una mezcla entre chef francés, abuela mexicana y crítico de televisión. Pero hay un pequeño detalle: nunca has cocinado en serio en tu vida. Tu experiencia culinaria consiste en: calentar tortillas, freír huevos, ver videos de recetas mientras tragas papitas. Pero aún así te sientes con autoridad para decir: “Es que yo le pondría menos sal.” Sí, campeón. Primero aprende a no quemar el arroz, y luego hablamos de alta cocina.
Uno que me gusta, porque no todos son malos, es el analista político de cantina; este es de mis favoritos. Personas que no leen, no investigan, no entienden economía ni leyes... pero tienen un análisis geopolítico completísimo del planeta. Saben exactamente: qué debería hacer el presidente, cómo acabar con el crimen, cómo arreglar el sistema de salud, cómo levantar la economía. Todo eso desde una silla de plástico, con una cerveza en la mano y un meme como fuente de información. Ese cabrón que no puede ni organizar su quincena... ya tiene la fórmula para arreglar un país entero. Es como si alguien que no sabe nadar estuviera dando clases para cruzar el Atlántico.
Pero no olvidemos al consejero sentimental... emocionalmente jodido. Este tipo merece un monumento. Gente con relaciones más caóticas que una licuadora sin tapa... pero dando consejos de amor como si fueran monjes sabios del Himalaya. Te dicen cosas como: “Tú mereces algo mejor.” Mientras ellos llevan: tres rupturas este año, dos reconciliaciones tóxicas y una relación que parece serie de Netflix llena de drama y gritos. Pero ahí están, pontificando sobre amor propio. Es como recibir clases de manejo... de alguien que chocó tres veces saliendo del estacionamiento.
Hoy, por desgracia, vivimos atrapados en otra pandemia, una que ni con tanta pinche inyección y refuerzo se va a curar; me refiero a la del experto instantáneo. Antes, para opinar de algo, la gente tenía que saber algo. Hoy no. Hoy basta con: ver un video de tres minutos, leer medio artículo o escuchar a otro pendejo igual de perdido y listo. Ya eres experto certificado por la Universidad de TikTok.
Lo más impresionante es la seguridad con la que hablan. Una seguridad que ni los verdaderos expertos tienen. Porque el que sabe de verdad suele decir: “Depende.” “No es tan simple”. “Habría que revisarlo”. Mientras tanto, el ignorante llega y suelta: “Eso se arregla fácil.” Sí, claro. Igual que tu vida, ¿verdad? Ah, no... espera, sigues siendo un pendejo.
Estamos ante una incapacidad tremenda de decir “no sé” y aquí está el verdadero problema. Hay dos palabras que mucha gente es incapaz de pronunciar: “No sé.” Parece que admitir ignorancia les da urticaria. Porque en lugar de aceptar que no saben... prefieren inventar algo y defenderlo como si fuera verdad absoluta. La gente confunde seguridad con inteligencia.
TE PUEDE INTERESAR: El mundo avanzando a energía limpia... y otros queriendo prenderle fuego al pasado
Pero no es lo mismo. Un pendejo muy seguro sigue siendo un pendejo... sólo que más ruidoso. Y ese ruido es el de las opiniones vacías. El mundo está lleno de ruido. Opiniones sobre todo. Consejos que nadie pidió. Críticas de gente que no podría hacer ni la mitad de lo que critica. Es como si todos quisieran ser comentaristas... pero nadie quiere hacer el trabajo real. Porque opinar es fácil. No requiere disciplina. No requiere esfuerzo. No requiere saber nada. Solo requiere boca y ego. Y de esas dos cosas, el mundo anda sobrado.
La parte que a muchos no les gusta escuchar. Es que todos, en algún momento, hemos sido ese pendejo. Sí. Tú. Yo. Todos. Alguna vez hemos opinado de algo que no entendíamos. Alguna vez hablamos con seguridad de algo que en realidad no sabíamos ni madres. La diferencia está en lo que haces cuando te das cuenta. Puedes seguir siendo el típico hablador que cree saber todo... o puedes hacer algo mucho más raro en este mundo: cerrar el hocico y aprender.
Escuchar más. Estudiar más. Practicar más. Hablar menos. Porque la verdadera inteligencia no se demuestra opinando de todo. Se demuestra sabiendo cuándo hablar... y cuándo admitir que todavía te falta aprender. Y esa pequeña diferencia... es la que separa a los que solo hacen ruido en la vida de los que realmente se vuelven mejores personas. Pero al fin y al cabo, esta es solamente mi siempre y nunca jamás humilde opinión. Y usted... ¿Qué opina?
Instagram: entreloscuchillos
Facebook: entreloscuchillosdanielroblesmota
Correo electrónico: entreloscuchillos@gmail.com