Manolo Jiménez: El poder de convencer y convocar
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Con el Rodeo Saltillo, el gobernador ha puesto en movimiento una idea cuyo valor puede crecer con los años
En política hay decisiones cuyo alcance se entiende mejor cuando se observa lo que consiguen reunir. El impulso del gobernador Manolo Jiménez Salinas al Rodeo Saltillo tiene esa característica: una tradición que muchas familias reconocen como propia, una oportunidad para quienes viven del comercio y los servicios, y una razón para que personas de otros lugares vengan a conocer Coahuila. Conectar esas posibilidades supone entender cómo una fortaleza del territorio puede convertirse en un proyecto con futuro.
Saltillo tiene una identidad arraigada en la cultura vaquera, la relación con el campo, la gastronomía y las costumbres que siguen reuniendo a sus familias. Para quienes llegan de fuera, esas expresiones tienen el atractivo de una tradición que se mantiene viva. El gobernador ha encontrado ahí una posibilidad de proyección: darle mayor alcance a algo que ya tiene raíces y, por lo mismo, cuenta con una base desde la cual crecer.
La decisión importa porque las ciudades también compiten por ocupar un lugar en la memoria de otros. Coahuila ha construido una presencia industrial que le abre puertas en México y en el extranjero. El turismo permite ampliar esa conversación y conseguir que alguien decida venir por gusto, quedarse unos días y conocer la vida que existe alrededor de los centros de trabajo. Una identidad reconocible ayuda a despertar ese interés; la capacidad de recibir y organizar determina lo que puede hacerse con él.
El balance estatal de esta edición reportó más de 125 mil visitantes, una ocupación hotelera del 95 por ciento y una derrama económica superior a los 100 millones de pesos durante las actividades. Su significado más cercano está en lo que representan para quienes reciben a los visitantes: habitaciones reservadas, mesas ocupadas, ventas y jornadas de trabajo.
Es ahí donde una apuesta pública empieza a encontrar razones para permanecer. El comerciante que consigue clientes tiene motivos para prepararse el siguiente año; el productor que gana exposición puede buscar una participación mayor; la familia que disfruta la experiencia puede reservarle un lugar en sus planes. Cada uno participa desde un interés propio y, entre todos, pueden darle al encuentro una continuidad que rebasa a sus organizadores.
Esa es una de las lecturas políticas más interesantes del rodeo. Un gobierno puede convocar y poner en marcha una iniciativa; su arraigo depende también de que otros encuentren valor en hacerla suya. Cuando eso sucede, el proyecto empieza a formar parte de la ciudad. Conseguir esa coincidencia exige conocer el lugar que se gobierna y reconocer qué puede reunir a sectores distintos alrededor de un mismo propósito.
La apertura de la primera etapa de Expo Coahuila aporta una base para desarrollar esa posibilidad. El recinto amplía las opciones de Saltillo para recibir exposiciones, competencias y convenciones. La convocatoria del rodeo ayuda así a poner en marcha una infraestructura que puede servir a nuevos encuentros y públicos durante los años siguientes. La decisión deja capacidad instalada y un horizonte de actividad por desarrollar.
En ese paso de la intención a la obra aparece también el trabajo de Blas Flores González, jefe de Gabinete y Proyectos Estratégicos. Su participación en el desarrollo del recinto y la preparación del rodeo permite reconocer una tarea que suele verse menos que la inauguración: dar seguimiento y coordinar los esfuerzos necesarios para concretar el proyecto. La dirección marcada por Manolo encuentra en esa labor una condición para avanzar. La capacidad de un gobernador también se expresa en el equipo con el que consigue llevar sus decisiones a los hechos.
El rodeo abre, además, una conversación sobre el valor cotidiano de la seguridad. Una familia necesita confianza para organizar un viaje, reservar una habitación y acudir a un espectáculo. Quien visita Saltillo forma su propia impresión a partir del trato, la organización y las condiciones que encuentra durante su estancia. Esa experiencia tiene un alcance distinto al de las estadísticas de toda una entidad, pero permite que la tranquilidad adquiera un significado cercano para quien la vive.
Para Coahuila, ese contacto tiene importancia. Las recomendaciones entre familiares y amigos suelen partir de cosas concretas: cómo les fue, qué disfrutaron y si volverían. La reputación de un destino se construye también en esas conversaciones. Un visitante satisfecho puede despertar el interés de otros desde una credibilidad que proviene de su experiencia. Ahí hay una oportunidad para que las condiciones del estado sean conocidas y valoradas por quienes llegan.
La presencia de 30 jinetes de México, Estados Unidos, Guatemala y Costa Rica en el Super Bull muestra una dimensión concreta de la convocatoria internacional. Son vínculos que pueden ayudar a que el nombre de Saltillo circule entre nuevos públicos. Convertirse en referente exige continuidad, calidad y una personalidad que permita distinguir al encuentro entre tantas opciones. La cultura vaquera ofrece esa personalidad; sostener su proyección requiere organización y una dirección clara.
Desde esa perspectiva, la apuesta del gobernador tiene una lógica que merece atención. La identidad da motivos para participar, la infraestructura permite ampliar la convocatoria y la experiencia de los visitantes puede fortalecer la confianza. Cada elemento hace más útil al otro. El valor estratégico está en entender esa relación y construir las condiciones para que siga produciendo oportunidades.
También hay una forma de pensar el futuro en esa decisión. Los proyectos adquieren profundidad cuando dejan espacios que pueden utilizarse, vínculos que pueden mantenerse y personas interesadas en darles continuidad. Su alcance empieza a medirse por lo que permiten hacer después.
Ahí se encuentra el mérito de Manolo: haber reconocido que una expresión de la vida de Coahuila podía convertirse en una plataforma para proyectarlo. En esa lectura hay conocimiento del territorio y sentido de oportunidad. Darle dirección a lo que una comunidad ya posee, reunir capacidades a su alrededor y abrirle posibilidades de mayor alcance es una manera de ejercer el gobierno que merece atención. Con el rodeo, el gobernador ha puesto en movimiento una idea cuyo valor puede crecer con los años: hacer que la identidad del estado trabaje también a favor de su futuro.