Ni superpeso, ni desastre económico
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En recientes meses la paridad peso-dólar ha tenido una apreciación a favor de la moneda mexicana, lo que para unos -el gobierno federal- es una muestra positiva del rumbo de la economía y para otros -la derecha política, mediática y académica- es sólo reflejo y efecto del contexto internacional de incertidumbre. En las dos posiciones se tiene algo de razón.
El precio -que no valor- de las monedas se determina por oferta y demanda de divisas en el mercado interno e internacional, de tal manera que si aumenta la demanda de una moneda se incrementa su precio y, comparativamente, se reduce el precio de otra con menos demanda, apreciación y depreciación respectivamente.
Diversos factores impactan el intercambio de divisas, tanto externos como internos, los primeros van desde la desconfianza generada por conflictos bélicos o desastres naturales o por intervención humana -que provocan distorsiones económicas regionales o globales-, hasta las decisiones de política económica y el comportamiento de variables macroeconómicas en otros países con los que se tiene más o menos intercambio comercial y de inversión; los factores que corresponden al entorno interno son desde el comportamiento de la economía en crecimiento, empleo, inflación, entre otros, hasta la determinación de tasas de interés en diferentes plazos.
En el mercado de capitales se ha operado la estrategia carry trade, es decir, deuda con menor tasa de interés y posterior compra de bonos -o ahorro- con más tasa, así el diferencial es ganancia financiera con relativo menor riesgo, operaciones que han impactado favorablemente al peso mexicano. A esta entrada de capitales se incluye el aumento paulatino de remesas en cinco meses consecutivos este año, con caída de 16.2% en mayo de 2025.
Otro aspecto es la depreciación del dólar estadounidense respecto a otras monedas, incluida la moneda mexicana; en esto ha influido la previsión de menor crecimiento en la Unión Americana, tanto por la política arancelaria, como por efectos nocivos de conflictos armados que ha provocado el gobierno de Donald Trump, entre otros.
Por otra parte, factores internos: como se señaló, uno es la tasa de interés en 6.50% referencial al ahorro, comparativamente mayor a la de otros países (tasa determinada en función de contener el aumento de precios); además positivamente el aumento de exportaciones con superávit comercial en más de 9.2 mil millones de dólares; aumento de inversión extranjera directa -en mayor proporción reinversión de ganancias, aunque la inversión nueva muestra tendencia positiva-; tendencia de reducción del índice inflacionario alrededor de 3.2%; perspectiva de crecimiento alrededor de 1.5% que, aunque no el necesario, indica estabilidad; entre otros factores.
Recientemente la paridad ha fluctuado entre 16.95 a 17.10 pesos por dólar, con apreciación de casi 13.5% en dos años de gobierno federal, una posición que no se presentaba desde mayo de 2024, de ahí la denominación “superpeso”.
Al tiempo, la apreciación abarata importaciones, pero puede provocar déficit en la balanza de comercio exterior, porque encarece las exportaciones y la inversión extranjera directa; por otra parte, la depreciación aumenta ventas al exterior, pero encarece compras en el sector externo, lo cual puede inducir aumento inflacionario.
Lo óptimo en esta variable es que la paridad no afecte negativamente el nivel de precios y que favorezca la balanza comercial importaciones-exportaciones.
Se prevé que la fluctuación en paridad en el cuarto trimestre de este año se sitúe en rango de entre 17.20 a 18.10 dólares por peso, datos de previsión para empresas con deuda y/o importaciones con moneda estadounidense -como en la región sureste de Coahuila-, asimismo para efecto de inversión y ahorro en la misma denominación.
A final de cuentas el tipo de cambio relativamente indica grado de confianza o desconfianza en la economía nacional. Ni superpeso, ni desastre económico, sólo mercado.