Opinión: Hay una nueva amenaza para tus finanzas personales

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La recuperación del yen no es buen augurio para Washington, que ahora aboga por encontrar una resolución mutua

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Después de más de tres décadas de pesimismo económico, Japón está de regreso. Esto debería ser una buena noticia, pero hay una desventaja que va a complicar las cosas para Estados Unidos y sus administradores económicos en el gobierno de Donald Trump. ¿Recuerdas a la mariposa que bate sus alas y causa tornados? Es algo así, solo que en este caso la mariposa es un mercado de bonos de 7,6 billones de dólares.

Durante tres décadas, los inversionistas japoneses, ante una economía nacional sin vida, guardaban su dinero en el extranjero donde podía obtener mejores rendimientos. Hoy en día, los bonos del gobierno japonés están pagando tasas de interés que no se veían en 30 años, impulsados por el crecimiento económico y el gasto deficitario. Eso significa que los inversionistas pueden retornar su dinero a casa, y eso tiene el potencial de producir un desastre en el mercado financiero global. Los riesgos son lo suficientemente grandes como para haber provocado ya una serie de intervenciones excepcionales por parte del Departamento del Tesoro de Estados Unidos.

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Esta es, sin duda, una parte esotérica de las finanzas internacionales. También es un pilar fundamental para los mercados que son importantes para tu cuenta de jubilación, tus ahorros y el presupuesto de tu hogar.

Tenemos que empezar en 1990. El estallido de la desenfrenada economía de burbuja de Japón y el posterior y largo desplome económico hicieron que las empresas de ese país acumularan su efectivo en lugar de invertir. El banco central de Japón se embarcó en una serie de experimentos para reactivar la economía, empezando por recortar rápidamente las tasas de interés a corto plazo desde un máximo del 6 por ciento en 1990 hasta casi cero a mediados de la década.

El crecimiento económico no aumentó lo suficiente como para animar a los hogares a gastar. En cambio, prefirieron esperar a que los precios bajaran. El Banco de Japón siguió intentándolo. Compró grandes cantidades de bonos del gobierno, un proceso conocido como flexibilización cuantitativa y, en 2016, introdujo tasas de interés negativas. El rendimiento del bono a 10 años de Japón rondaba una décima de punto porcentual. Para un bono equivalente del Tesoro de Estados Unidos, la tasa de interés que pagaba en ese momento era del 2,35 por ciento.

El resultado en el mundo real fue que Japón, en efecto, le pagaba a la gente para que tomara prestada su moneda. Un inversionista podía financiar la compra de un activo extranjero, como un bono del Tesoro, con yenes. Sin que los mercados se movieran en absoluto, la operación generaba dinero, dada la diferencia entre el costo de los préstamos y el rendimiento del bono del Tesoro adquirido. Esto es lo que los analistas financieros definen como una “bicicleta financiera”, o carry trade.

$!Carry trade

A lo largo de los años, y de formas similares, el yen financió inversiones en todo el mundo: en divisas, bonos y acciones. Mientras los rendimientos de otros países parecieran suficientemente más atractivos, el carry trade crecía. No hay una medida definitiva de su tamaño. Una estimación del Departamento del Tesoro, que refleja una serie de factores, incluido el carry trade, dice que, a mediados de 2025, los inversionistas japoneses poseían alrededor de 2,8 billones de dólares en acciones, bonos y otros activos estadounidenses.

Deshacer esto sería el equivalente financiero a una marea que retrocede antes de que golpee un tsunami. El primer indicio de cómo podría ser llegó en 2024. Ese mes de julio, los rendimientos de los bonos del gobierno de Estados Unidos eran más de tres puntos porcentuales superiores a los de sus equivalentes japoneses. Los inversionistas pidieron yenes prestados y los vendieron por dólares para comprar bonos del Tesoro. Esas ventas debilitaron el yen a niveles que alarmaron a los formuladores de políticas. Los exportadores japoneses se benefician de un yen más débil porque hace que sus bienes sean más competitivos en el extranjero, pero los hogares sufren porque sube el precio de los bienes importados.

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Ese mes, el Ministerio de Finanzas de Japón no solo intervino para frenar la caída del yen, sino que el Banco de Japón también aumentó las tasas de interés, insinuó que habría más aumentos de tasas por venir y dijo que reduciría las compras de bonos. La combinación revirtió la lógica de las operaciones de carry trade y los inversionistas comenzaron a dirigirse hacia las salidas.

Eso se convirtió en pánico cuando un decepcionante informe de empleo de Estados Unidos en agosto de 2024 convenció a los inversionistas de que la Reserva Federal podría recortar las tasas de interés. Esto también hizo que el carry trade fuera menos atractivo. El tsunami golpeó el 5 de agosto: el índice bursátil Nikkei de Japón cayó un 12,4 por ciento en una sola sesión, su mayor pérdida en un día desde la caída de Wall Street en octubre de 1987. El índice S&P 500 cayó un 3 por ciento.

Avancemos hasta hoy: los formuladores de políticas en Japón y Estados Unidos están tratando de enhebrar una aguja pequeña y afilada. Ambos gobiernos están gastando más, incluso en defensa e infraestructura. Ese gasto requiere más deuda gubernamental. Al mismo tiempo, una inflación obstinadamente alta está frustrando a los votantes y obligando a los bancos centrales a aumentar las tasas de interés. Eso podría socavar el crecimiento económico; los rendimientos de los bonos del gobierno, después de todo, anclan los costos de los préstamos para artículos que incluyen hipotecas de viviendas y préstamos para automóviles. Las tasas de interés más altas también aumentan el costo de pagar el servicio de toda esa deuda, lo que consume los fondos para otras prioridades del gobierno.

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Entonces, ¿cómo pueden ambos países respaldar simultáneamente el crecimiento, combatir la inflación y reducir las tasas de interés a largo plazo?

Aunque un impulso económico proveniente de la inteligencia artificial podría ayudar en algún momento, la ministra de Finanzas de Japón planteó una respuesta en julio. Ella sugirió pedirle al fondo de inversión de pensiones del gobierno de Japón, que administra 2,1 billones de dólares en activos, que venda algunos bonos extranjeros y compre bonos japoneses. Esto requeriría vender monedas extranjeras, incluyendo una gran cantidad de dólares. En otras palabras, lo inverso al carry trade del yen. La medida ayudaría a reducir los rendimientos de los bonos japoneses sin frenar el crecimiento japonés.

Desafortunadamente, un paso así tendría un efecto bumerán en Estados Unidos, porque lo más probable es que eleve los rendimientos de los bonos del Tesoro y debilite el dólar. Esa es una de las razones por las que el secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha estado interviniendo en los mercados de maneras novedosas, incluyendo buscar un camino para que Japón aborde los desafíos que enfrentan su propia moneda y sus mercados de bonos sin necesidad de vender bonos del Tesoro estadounidense.

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Incluso si estas diversas intervenciones funcionan, persiste el riesgo de que los inversionistas saquen al menos una parte de su dinero de Estados Unidos y lo devuelvan a Japón.

El mercado de valores de Japón ha subido casi un 30 por ciento en lo que va del año, más del doble del crecimiento del S&P 500. Los rendimientos de los bonos del gobierno están cerca del 3 por ciento por primera vez en décadas. Cualquier inversionista japonés que busque sacar provecho no retiraría su dinero de los mercados extranjeros de la noche a la mañana. Sin embargo, el tamaño de la posible repatriación, y las opciones de inversión cada vez más atractivas en su país de origen, significa que Estados Unidos debe estar en guardia para que una corriente lenta de capital no se convierta en una inundación repentina.

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Durante muchos años, los operadores intentaron y fracasaron en adivinar cuándo subirían los rendimientos de los bonos japoneses, tanto es así que a la operación se le apodó la “creadora de viudas”. Si finalmente llega el gigantesco desmantelamiento del carry trade, esperemos que no deje más viudas financieras a su paso.

c. 2026 The New York Times Company

Por: Rebecca Patterson

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El periódico publicado en la ciudad de Nueva York es editado por Arthur Gregg Sulzberger y se distribuye en los Estados Unidos y otros países. Desde su primer Premio Pulitzer, en 1851, hasta la fecha, lo ha ganado 132 veces.

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