Por qué la India quiere la paz en Ucrania... y China

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

Cuanto más se prolongue la guerra, más tendrá Rusia que reorientar su economía hacia China, y más oportunidades tendrá China para promover sus intereses económicos y estratégicos

Por Nina L. Khrushcheva, Project Syndicate.

NUEVA YORK- A primera vista, la India y China parecen adoptar posturas casi idénticas respecto a la guerra de Ucrania: mantener estrechos vínculos con el Kremlin, comprar petróleo ruso y negarse a sumarse a la campaña occidental para aislar a Rusia. Pero, si se analiza más a fondo, surge una divergencia fundamental: mientras que la India quiere que la guerra termine, a China no le supone ningún problema que los combates continúen. Estas posturas tienen menos que ver con lo que China y la India opinan cada una de Rusia, y más con lo que opinan la una de la otra.

Durante décadas, Rusia ha sido una de las pocas grandes potencias con las que la India podía contar para contrarrestar a China. La relación bilateral actuaba como amortiguador y protección, garantizando que, en lugar de verse acorralada por su vecino más grande, la India conservara cierto margen de maniobra geopolítico. Pero este sistema no puede funcionar si Rusia queda debilitada y depende de China. Y ese es precisamente el resultado que ha producido la guerra de Ucrania.

Tras su invasión a gran escala de Ucrania en 2022, Rusia se enfrentó a sanciones occidentales sin precedentes, que le cortaron el acceso a los productos y mercados occidentales. Después de que Europa, que en su día fue su mayor fuente de demanda energética, dejara prácticamente de comprar petróleo y gas rusos, China se convirtió en el principal comprador de energía de Rusia, beneficiándose de tarifas reducidas. China se convirtió también en el mayor socio comercial de Rusia y en una fuente cada vez más importante de maquinaria, productos electrónicos y bienes industriales que Rusia ya no podía adquirir en Occidente.

Este resultado dista mucho de la asociación «sin límites» entre iguales que el presidente chino, Xi Jinping, y el presidente ruso, Vladímir Putin, pregonaban justo antes de que estallara la guerra. Rusia se está convirtiendo en un socio subordinado de China, lo cual le viene muy bien a Xi, y explica por qué no tiene prisa en obligar a Putin a negociar con Ucrania. Aunque Xi se muestra a favor de un «acuerdo político» de boquilla, evita ejercer cualquier presión pública sobre Putin para que busque la paz.

El cálculo no es ningún misterio. Una guerra prolongada mantiene a Rusia acorralada, y una Rusia acorralada tiene menos alternativas, lo que se traduce en mayor influencia para China. Y, como demuestran las negociaciones estancadas sobre el gasoducto «Power of Siberia 2», China no duda en utilizar esa influencia para promover sus propios intereses.

Rusia está muy interesada en construir este gasoducto, que transportaría gas natural desde su península de Yamal, en el Ártico, a través de Mongolia hasta el norte de China. Tras haber perdido el mercado europeo del gas, Rusia necesita una nueva salida a largo plazo para sus enormes reservas de gas. Pero China no comparte el sentido de urgencia del Kremlin. Las negociaciones se han prolongado durante años, debido a desacuerdos sobre el precio, el volumen y las condiciones de suministro.

Informes recientes sugieren que China exige tarifas de alrededor de 50 dólares por cada mil metros cúbicos, muy por debajo de los aproximadamente 250 dólares que pide el Kremlin, y cercanas al precio del gas en el mercado interno ruso, fuertemente subvencionado. China parece pensar que Rusia tendrá que aceptar finalmente. ¿Qué otra opción tiene?

El impacto va más allá del gas. Cuanto más se prolongue la guerra, más tendrá Rusia que reorientar su economía hacia China, y más oportunidades tendrá China para promover sus intereses económicos y estratégicos. China obtiene recursos, un mercado cautivo, influencia tecnológica y peso político. Todo lo que obtiene Rusia es una oportunidad para compensar parte del daño económico derivado de su ruptura con Occidente, mientras sigue invirtiendo sus limitados recursos en una guerra de desgaste que ella misma ha provocado.

Este es, en cierto sentido, el peor de los escenarios para la India: su socio ruso, que en su día fue un activo estratégico, se ve gravemente debilitado, mientras que su antagonista chino sale reforzado y envalentonado. Cuanta más influencia acumule China sobre el Kremlin, peor será la posición regional de la India.

No es de extrañar que la India siga presionando al Kremlin para que opte por la paz. La semana pasada, en la India, antes de la cumbre del BRICS de este año, el primer ministro Narendra Modi entregó a Putin un tratado indio de poesía y filosofía de 2 mil años de antigüedad, el “Tirukkuṟaḷ”, traducido al ruso, señalando que el libro trata «sobre la compasión y el liderazgo». Fue un regalo muy significativo, sobre todo tras el llamamiento que Modi hizo el mes pasado en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái para que el mundo pasara de la “guerra interminable” al “fin de la guerra”. Aunque los llamamientos de Modi para que se ponga fin a la guerra de Ucrania suelen hacer hincapié en el aspecto humanitario, “Cada día que la guerra continúa, la humanidad da un paso atrás”, preservar el equilibrio de poder regional es, sin duda, un factor clave.

Esto requiere una Rusia que exista como un centro de poder independiente, mientras que China quiere una Rusia lo suficientemente fuerte como para ser útil, pero lo suficientemente débil como para seguir siendo dependiente. No se trata tanto de un desacuerdo sobre Rusia como de una pugna por qué orden regional prevalecerá en Asia: uno con un equilibrio de poder más estable o uno dominado por China. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Nina L. Khrushcheva, profesora de Asuntos Internacionales en The New School, es coautora (junto con Jeffrey Tayler) de “In Putin’s Footsteps: Searching for the Soul of an Empire Across Russia’s Eleven Time Zones“ (St. Martin’s Press, 2019).

Project Syndicate produce y distribuye análisis originales y de alta calidad a una audiencia global. Con contribuciones exclusivas de destacados líderes políticos, legisladores, académicos, empresarios y activistas cívicos de todo el mundo, ofrecemos a los lectores análisis e información de vanguardia.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM