Resiliencia mutua

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

El miércoles, en un acto en Las Vegas, el presidente de Estados Unidos volvió a poner a México en la misma lista de siempre: junto con China, Japón, Corea del Sur y Alemania, entre los países que —según él— se aprovecharon durante años de la economía estadounidense. La frase no era nueva. Lo que sí es nuevo es el momento: Washington prepara para este mes la presentación de su nuevo sistema arancelario, la siguiente ronda de conversaciones comerciales se movió hasta septiembre, y Canadá quedó fuera de la mesa enfrentando aranceles que entran en vigor el 19 de agosto.

Nosotros respondimos como respondemos siempre: explicando que no es cierto. Que 85 por ciento de nuestras exportaciones entra sin pagar arancel porque cumple las reglas de origen. Que el déficit no se debe a un abuso sino a una cadena de producción que cruza la frontera varias veces antes de convertirse en un automóvil.

https://vanguardia.com.mx/opinion/el-uno-por-ciento-FE22408195

Todo eso es verdad. Y todo eso es una defensa.

Llevamos año y medio en posición defensiva. Contestamos acusaciones, desmentimos cifras, negociamos excepciones. Es un trabajo necesario y lo están haciendo bien. Pero una defensa impecable sigue siendo una defensa: nos deja discutiendo el tema que ellos eligieron, en el vocabulario que ellos eligieron, para llegar a la conclusión menos mala.

Hay otra conversación disponible, y no es un deseo mío. Ya está firmada.

En febrero, México y Estados Unidos anunciaron un plan de acción conjunto sobre minerales críticos. El objetivo declarado, en el comunicado oficial de ambos gobiernos, fue asegurar la *resiliencia mutua* de las cadenas de suministro. El plan contempla comercio preferencial para los insumos que van del teléfono celular al dispositivo médico, e incluye cooperación científico-tecnológica para fortalecer capacidades locales en los países que proveen la materia prima.

Léase despacio esa última parte. Quedó escrito, en un documento bilateral, que el proveedor también se fortalece.

Eso es lo que significa que la seguridad económica se escriba en plural. Washington llegó a esa redacción no por generosidad sino por necesidad: hay cosas que su territorio no tiene y que no puede comprarle a quien considera adversario. En el momento en que reconoció esa dependencia, dejó de ser el único dueño del concepto.

La pregunta que sigue —y que casi nadie está haciendo— es qué más entra en esa lista.

Entra la formación. Estados Unidos no tiene un problema de salarios en enfermería; tiene un problema de escuelas. El Texas Center for Nursing Workforce Studies proyecta un déficit de más de 56 mil enfermeras de tiempo completo hacia 2036, y entre 2019 y 2022 la tasa de vacantes en ese estado casi se triplicó. Del otro lado, la vía de entrada mínima a la licencia de enfermería en los cincuenta estados sigue siendo un título asociado de dos años. En México la licenciatura son cuatro, más servicio social. Es cierto que allá la mitad de las nuevas enfermeras ya entra con licenciatura completa, y hay que decirlo. Pero el piso legal está a la mitad del nuestro. No formamos gente más barata: formamos gente más tiempo.

Entran los oficios. Una proyección de JLL calcula 2.1 millones de plazas de oficios calificados sin cubrir en Estados Unidos para 2030: electricistas, técnicos de aire acondicionado, plomeros. Se retiran tres y entra uno. Es el mismo hueco que en enfermería, con otro overol.

Entra el servicio, y aquí el dato desarma el prejuicio. En la industria restaurantera y hotelera estadounidense la rotación anual ronda 74 por ciento, unas cinco veces la de casi cualquier otro sector; en comida rápida supera el cien. El propio reporte sectorial concluye que la retención es hoy el factor más determinante de la calidad del servicio. Si usted ha sentido que lo atienden mejor en un restaurante de la Ciudad de México que en uno de Washington, no está imaginando cosas ni presumiendo de patria: está notando que el capitán lleva doce años en el oficio y el otro lleva siete meses. Aquí el servicio es una profesión. Allá es un trabajo de paso.

Y entra el cuidado. Estados Unidos va a tener que atender a muchos más viejos con muchas menos manos, y no hay tecnología que resuelva un baño asistido.

Nada de esto se cobra solo. Y aquí viene la parte que nos toca, que es la incómoda: una oferta sólo es creíble si el que la hace puede sostenerla. Certificaciones que allá reconozcan. Energía que no se caiga. Agua administrada como el recurso escaso que es. Reglas que sobrevivan a la siguiente elección. Si enumeramos lo que podemos dar sin decir qué tenemos que ordenar para poder darlo, escribimos una carta a los Reyes Magos, no una agenda.

https://vanguardia.com.mx/opinion/el-carrito-no-miente-AG22249018

Pero la agenda es posible, y por primera vez en mucho tiempo tenemos dónde anclarla. Ya quedó por escrito que la resiliencia es mutua. Falta que la conversación completa —la salud, los oficios, el servicio, el cuidado— se escriba con esa misma palabra.

Las listas de agravios van a seguir; son parte del oficio de negociar. Pero la conversación que de verdad importa no empieza con lo que nos reclaman, sino con lo que podemos poner sobre la mesa: una enfermera que estudió cuatro años, un técnico que domina su oficio, un capitán de meseros que lleva doce años haciéndolo bien. Es una lista larga, y apenas la estamos descubriendo.

NUESTRO CONTENIDO PREMIUM