Saltillo, una ciudad de vocación patriótica
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Esta vocación llevó a los saltillenses a enlazar las fechas significativas para la ciudad con las festividades cívicas de trascendencia nacional
Saltillo es una ciudad de acentuada vocación patriótica. Aunque quizás la causa de ser una de las primeras poblaciones en jurar la Independencia, mucho antes que la capital del extinto virreinato, fue más bien el hecho de que durante la Colonia pagaba altos impuestos a la Corona española sin recibir apoyo alguno.
La noche del 30 de junio y el 1 de julio de 1821, las autoridades de Saltillo y los soldados realistas se reunieron en la casa de gobierno para acordar y jurar la Independencia. Una vez que se levantó y se firmó el Acta correspondiente, salieron a la Plaza de Armas, donde a la luz de una antorcha el teniente Pedro Lemus, jefe del batallón militar realista asentado en la ciudad, dio a conocer el documento a la población ahí reunida y procedió a su lectura. Al terminar, dio inicio la gran fiesta que se prolongó hasta el amanecer. Saltillo proclamó su independencia tempranamente.
Durante la centuria del 19, México hubo de superar acontecimientos difíciles. En primer término, su integración como nación independiente y la elección de su propio gobierno. Ya como república soberana, sufrió invasiones y pérdidas de territorio, y vivió las luchas internas entre conservadores y liberales, la Guerra de Reforma, la intervención francesa y el imperio de Maximiliano. Sin embargo, en los últimos años del siglo, la vida en Saltillo transcurría ya tranquilamente, apenas interrumpida por algunas rebeliones y luchas políticas entre el gobierno del presidente Díaz y algunos grupos locales que buscaban el poder. Los saltillenses se ocupaban primordialmente en la agricultura y las necesidades locales eran cubiertas por los oficios que desempeñaban algunos y por la industria principal. En la ciudad había fábricas de hilados y tejidos, molinos de harina y manufactura de calzado, sarapes, rebozos, sombreros, alfombras, muebles estilo vienés y carruajes.
La vocación patriótica llevó a los saltillenses a enlazar las fechas significativas para la ciudad con las festividades cívicas de trascendencia nacional. Así, se hizo costumbre ligar los actos cívicos e inauguraciones importantes para la comunidad a las celebraciones de la Independencia nacional; tradición que se mantuvo hasta bien entrado el siglo 20. Por ejemplo, durante las fiestas con motivo del aniversario de la Independencia en septiembre de 1883, un prolongado repique de campanas acompañado de sonoros cañonazos anunció la llegada del ferrocarril a Saltillo. Ante el regocijo de múltiples familias, “El Heraldo del Progreso”, como decían los periodistas de la época, hizo su entrada triunfal para enlazar a la ciudad por los caminos de hierro a nuevos horizontes. Asimismo, el 15 de septiembre de 1885 se inauguraron en la Plaza de la Independencia, nombre oficial de la Plaza de Armas, las bancas y farolas importadas por el gobierno del general Julio M. Cervantes, y en la misma fecha, un año después, el desfile del 16 de septiembre incluyó por primera vez carros alegóricos.
En múltiples ocasiones, la fecha de celebración de la Independencia mexicana fue elegida para llevar a cabo actos importantes para la ciudad y el estado. En 1894, se eligió el 16 de septiembre para la gran inauguración de la Biblioteca del Ateneo, construida y equipada para recibir su ya muy considerable acervo. Y en el siglo 20, el mismo día, pero de 1931, se inauguró la Escuela Primaria Coahuila, hermoso y funcional edificio construido por don Nazario Ortiz Garza.
Y qué decir de la inauguración del nuevo edificio del Ateneo Fuente –construido también por don Nazario–, la cual se hizo coincidir con las fiestas patrias los días 13, 14, 15 y 16 de septiembre de 1933. La ciudad entera se volcó a las celebraciones, que consistieron en la Velada de Coronación de su Majestad, Cuquita I, reina de las fiestas y del Ateneo Fuente; la ceremonia oficial del edificio y, con un día de diferencia, la apertura especial del Paraninfo.
El programa continuó con la inauguración del Salón de Recepciones en el segundo piso del Casino de Saltillo; un combate floral por los jóvenes en la calle de Victoria y la Alameda; una corrida de toros en la tarde y en la noche una kermés con cena, baile y pirotecnia en el nuevo edificio, sus jardines y terrazas. También revistieron especial importancia los actos oficiales del Grito de Independencia y el desfile el día 16.
Muchas otras fiestas inaugurales y celebraciones locales debieron enlazarse a la celebración de la Independencia de México; las mencionadas antes no son más que una pequeña muestra.