‘Sorpréndeme 2026’ (o cómo empezar el año con la dignidad en el suelo y las expectativas peor)

Opinión
/ 8 enero 2026

Es la versión espiritual del ‘a ver qué pasa’; es el mantra favorito del que no quiere hacerse cargo de sus decisiones, pero sí quiere resultados espectaculares

Arranca el año y ahí vamos otra vez, como pendejos recién bautizados por el calendario: “Sorpréndeme 2026”.

Lo escriben en historias, lo postean con fuegos artificiales digitales, lo acompañan con una foto borrosa de una copa barata y una sonrisa fingida que huele a deuda, cruda moral y propósitos que no van a durar ni lo que dura una erección nerviosa.

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“Sorpréndeme 2026”, dicen...

Como si los últimos años no nos hubieran sorprendido ya a chingazos, sin avisar y con saña.

Porque hay que tener memoria de teflón o una capacidad sobrehumana para autoengañarse para pedirle sorpresa al mismo sistema que lleva rato metiéndote el dedo... y no precisamente para ayudarte a encontrar el camino.

La frase suena bonita, sí.

Es corta, es compartible, cabe perfecto en una historia de Instagram.

Pero en el fondo es una rendición elegante.

Es decirle al universo: “Haz conmigo lo que quieras, yo nomás me dejo”.

Y ahí está uno, empezando enero con fe de lotería, esperando que el año nuevo llegue con moño, como si fuera repartidor de Amazon emocional.

Spoiler: no trae nada.

Y si trae, casi siempre es una factura.

Hoy en día, la “sorpresa” se ha vuelto la religión del huevón moderno. “Sorpréndeme” es la versión espiritual del “a ver qué pasa”; es el mantra favorito del que no quiere hacerse cargo de sus decisiones, pero sí quiere resultados espectaculares.

Es la misma lógica que: No ahorra, pero quiere estabilidad. No entrena, pero quiere cuerpo. No estudia, pero exige respeto. No cuestiona, pero se indigna.

Es el mismo espíritu que cree que el cambio viene solo, como diarrea mal atendida.

Y mientras uno pide sorpresas, el mundo sigue operando como siempre: con intereses, con poder, con gente que sí planea... y con otros que sólo reaccionan.

El truco no es sorprender. El truco es mantenernos distraídos mientras nos vacían los bolsillos y nos venden el desastre como novedad.

En lo político, con el jefe, la empresa, la pareja tóxica, los amigos parásitos, el sistema completo. Todos se benefician de que uno espere sorpresas en lugar de hacer movimientos. Siempre es lo mismo, el mundo actuando como si no supiera cómo va a acabar la película.

Es la gran masturbación mental del Año Nuevo, la época del autoengaño premium.

La temporada donde la gente se promete cosas que no está dispuesta a sostener ni en pedo.

“Este año sí...”. No. Este año tampoco, si seguimos haciendo lo mismo, pensando lo mismo y rodeándonos de la misma bola de pendejos que nos aplauden la mediocridad.

La frase “sorpréndeme 2026” no es optimismo, es pereza con brillantina. Es no querer incomodarnos. Es no querer perder amigos, hábitos, vicios, placeres baratos. Es pedir milagros sin sacrificar ni una comodidad.

La vida no sorprende: cobra. Nos cobra decisiones no tomadas, conversaciones evitadas, miedos maquillados de prudencia. Nos sonríe mientras nos la deja ir despacio, para que no chillemos... y cuando nos damos cuenta ya estamos pagando intereses emocionales. Y uno ahí, pidiendo sorpresa, cuando lo que necesitamos es carácter.

La verdad incómoda que nadie quiere postear, es que ningún año nos va a sorprender si seguimos siendo el mismo. La sorpresa no viene de afuera: se fabrica.

Se fabrica cuando decimos que no, aunque tiemble la voz. Cuando salimos de donde no nos respetan. Cuando dejamos de esperar permiso. Cuando cambiamos hábitos aunque nadie nos aplauda.

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Cuando hacemos el trabajo aburrido mientras otros hacen stories motivacionales.

Eso no se ve bonito. No se postea. No tiene filtro. Pero funciona.

Si de verdad queremos que el 2026 nos sorprenda, dejemos de pedírselo como limosna y empecemos a exigírselo con acciones.

No diga “sorpréndeme”. Diga: “Aquí estoy, voy a moverme aunque me dé miedo”. “Voy a hacer lo que he estado evitando”. “Voy a dejar de actuar como víctima con agenda llena”.

Las sorpresas no llegan a los que esperan. Llegan a los que provocan.

Así que este año no le rece al calendario. Trabájelo, rómpalo, incomódelo.

Y si el 2026 le sorprende... que sea porque por fin dejó de hacerse pendejo, no porque el mundo tuvo lástima de usted. Porque la verdadera sorpresa no es que el año cambie. Es que usted cambie primero. Pero al fin y al cabo, esta es solamente mi siempre y nunca jamás humilde opinión. Y usted... ¿Qué opina?

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Oriundo de Matamoros, Tamaulipas, México, estudió la carrera de Licenciatura en Comercio Exterior, pero debido a su gran pasión e interés por la cocina, decide estudiar posteriormente la carrera de Profesional Gastronómico, la cual ejerce actualmente. Se ha desarrollado como Chef de distintos restaurantes. Es miembro de distintas organizaciones gastronómicas como: La Sociedad Mexicana de Gastronomía, Embajadores Gourmet sede México, así como además de estar certificado ante la WACS (World Association of Chefs Societies/ Asociación Mundial deSociedades de Cocineros) de París, Francia. Y Master Pizzaiolo ante la AVPN (The True Neapolitan Pizza Association (Associazione Verace Pizza napoletana,AVPN). Actualmente, se dedica a impartir cursos, talleres, masterclass y conferencias, así como brindar servicios de asesoría y consultoría gastronómica a distintas empresas y restaurantes.

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