Tío, ¿dónde está mi recesión?
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La combinación de un mercado bursátil con valoraciones elevadas y unos tipos de interés a largo plazo al alza ha sido, históricamente, una mezcla tóxica
Por Barry Eichengreen, Project Syndicate.
STEAMBOAT SPRINGS, COLORADO- Demostrando una capacidad aparentemente ilimitada para hacer caso omiso de las malas noticias, la economía estadounidense sigue avanzando a toda máquina. El PIB real (ajustado a la inflación) creció a una tasa anual ajustada estacionalmente del 2.1 % en el primer trimestre de este año y, según una estimación preliminar de la Oficina de Análisis Económico, un 1.5 % en el segundo trimestre. Ambas cifras se acercan a la propia estimación de la Reserva Federal de EE. UU. sobre la tasa de crecimiento potencial a largo plazo de la economía, situada en el 2 %.
La economía se ha mostrado resistente a pesar de una serie excepcional de perturbaciones adversas, desde los aranceles del “Día de la Liberación” de abril de 2025 y la continua incertidumbre arancelaria hasta los ataques políticos del presidente de EE. UU., Donald Trump, contra la Reserva Federal. Mientras tanto, las tensiones entre EE. UU. y China han lastrado el comercio y la inversión bilaterales; la guerra de EE. UU. contra Irán ha provocado cierres intermitentes del estrecho de Ormuz y picos en los precios del petróleo; y la guerra entre Rusia y Ucrania ha perturbado cada vez más el suministro energético ruso y su capacidad de refinado. Por si fuera poco, los mercados mundiales de renta fija, renta variable y divisas han sufrido múltiples perturbaciones solo en las últimas semanas.
Entonces, ¿a qué se debe esta resistencia? Aunque los aranceles impuestos por Trump con motivo del “Día de la Liberación” alcanzaron niveles de hasta el 50 %, su administración pronto estableció múltiples excepciones, exenciones y revocaciones arancelarias, lo que redujo el tipo arancelario efectivo de EE. UU. a una media del 10-15 % durante el último año. Aunque no es favorable, este nivel más bajo es, al menos, manejable.
La incertidumbre relacionada con los aranceles ha sido considerable, por supuesto. Un índice de incertidumbre en materia de política comercial elaborado por el economista de la Fed Dario Caldara y sus colegas alcanzó su nivel más alto jamás registrado tras la rueda de prensa de Trump con motivo del “Día de la Liberación”. Sin embargo, con una ratio de importaciones respecto al PIB de solo el 14 %, la economía estadounidense ya era relativamente cerrada. Fueran cuales fueran los efectos perjudiciales de la incertidumbre arancelaria, siempre iban a ser menos graves que en el caso de economías más abiertas.
Del mismo modo, la proporción de las importaciones estadounidenses procedentes de China ha descendido hasta apenas el 7 %, pero ya había caído de más del 20 % a menos del 14 % en la década que finaliza en 2024. Tras superar los 100 mil millones de dólares en su punto álgido en 2016, la inversión extranjera directa china en EE. UU. se ha evaporado por completo. A pesar de estas tendencias, el impacto negativo en la economía estadounidense se ha minimizado gracias al desvío de las exportaciones chinas a través de Vietnam y México, y al éxito continuado de Estados Unidos a la hora de atraer inversión extranjera directa de otras fuentes, en particular de Alemania y Japón.
A esto se suma la última crisis energética. Los futuros del crudo se dispararon desde los 60 dólares por barril a principios de año hasta superar los 100 dólares. Ahora se sitúan en torno a los 80 dólares y seguirán fluctuando en función de las perspectivas de reapertura del estrecho de Ormuz. Y lo que es más importante, el “crack spread”, la diferencia de coste entre el petróleo crudo y los productos refinados, se ha triplicado desde principios de año, ya que las refinerías estadounidenses se han visto sorprendidas por los cambios en el suministro de crudo. Aun así, el efecto adverso ha sido limitado, ya que la economía estadounidense consume menos energía ahora que en el pasado, debido a un cambio generalizado de la actividad económica hacia los servicios.
Por último, en la medida en que estos factores han frenado el crecimiento económico de EE. UU., su impacto negativo se ha visto compensado por la fuerte inversión en centros de datos relacionados con la inteligencia artificial, software e investigación y desarrollo, así como por el gasto en consumo impulsado por un mercado bursátil robusto.
¿Qué podría salir mal? En una palabra: todo. A pesar de las sentencias judiciales que anulan muchos de los aranceles del Gobierno, la amenaza arancelaria persiste, y Trump la invoca en respuesta a todo tipo de situaciones, desde los incendios forestales en Canadá hasta las elecciones en Brasil. Del mismo modo, las perspectivas de reabrir el estrecho de Ormuz siguen siendo inciertas, y las tensiones entre EE. UU. y China se están recrudeciendo de nuevo, con China imponiendo restricciones comerciales a docenas de entidades estadounidenses antes del próximo viaje del presidente Xi Jinping a Estados Unidos.
Nadie sabe a ciencia cierta qué sucederá una vez finalizado ese viaje. Teniendo en cuenta los informes que indican que EE. UU. ha agotado gran parte de las municiones y los recursos estratégicos que necesitaría para disuadir a China de emprender acciones agresivas en el mar de la China Meridional, no se puede descartar una escalada de las tensiones. Aunque la subida de los precios del petróleo se ha visto atenuada por las reducciones de las reservas petrolíferas chinas y estadounidenses, la Reserva Estratégica de Petróleo de EE. UU. se encuentra ahora en su nivel más bajo de los últimos 45 años, y la mitad de lo que queda no puede extraerse sin correr el riesgo de que se derrumben las cavernas de sal en las que está almacenada.
Por encima de todo, existe la amenaza potencial de los mercados financieros. La combinación de un mercado bursátil con valoraciones elevadas y unos tipos de interés a largo plazo al alza ha sido, históricamente, una mezcla tóxica. En julio vimos cómo el pesimismo sobre la rentabilidad inmediata de las inversiones relacionadas con la IA puede provocar una fuerte caída de las cotizaciones de las empresas de IA, especialmente cuando dichas inversiones se financian con deuda y el coste de la deuda está aumentando. Si se reanudan las caídas de las cotizaciones, los efectos negativos sobre el gasto derivados de la pérdida de patrimonio podrían ser significativos.
También hemos visto cómo esos movimientos en el precio de las acciones pueden despistar a los inversores en los mismos sectores de moda, con implicaciones ruinosas cuando sus apuestas están respaldadas por apalancamiento, y con consecuencias potencialmente graves para los bancos y otras entidades que conceden el crédito. No todas las crisis y colapsos financieros han ido seguidos de una recesión. Pero son el mejor indicador adelantado del que disponemos. Copyright: Project Syndicate, 2026.
Barry Eichengreen, catedrático de Economía y Ciencias Políticas en la Universidad de California, Berkeley, es autor, entre otras obras, de *Money Beyond Borders: Global Currencies From Croesus to Crypto* (Princeton University Press, 2026).