Se despide Cuarteto Latinoamericano tras 44 años de historia
COMPARTIR
En su mensaje de despedida, el violonchelista Álvaro Bitrán aludió al costo personal y familiar de su aventura artística
“Qué bien nos la pasamos en estos 44 años del proyecto”, dijo el violonchelista Álvaro Bitrán desde el escenario del Palacio de Bellas Artes. Una frase que resumió el espíritu de la despedida del Cuarteto Latinoamericano.
Antes de que comenzara el concierto final de la agrupación en la sala principal, Bitrán tomó la palabra para leer un texto escrito especialmente para la ocasión. Evocó la vida compartida con sus hermanos Saúl y Arón, y Javier Montiel durante más de cuatro décadas.
“Un largo y fantástico viaje por la senda del tiempo, un viaje que nos vio mudar de la juventud a las canas, de los cuartetos tempranos de Mozart a los de Revueltas, del ímpetu al cansancio”, sintetizó el violonchelista.
Una historia que los llevó a escenarios como el Carnegie Hall de Nueva York, el Concertgebouw de Ámsterdam y el Palacio Real de Madrid.
“Tuvimos, por ejemplo, el gran privilegio de tocar junto a algunos de los artistas más relevantes de la música clásica del siglo 20”, recordó el músico al mencionar a figuras como János Starker, Manuel Barrueco, Philip Glass y Eduardo Mata.
Sin embargo, reconoció como el mayor logro artístico del cuarteto “grabar las partituras de los más importantes compositores clásicos latinoamericanos”. En su centenar de grabaciones figura la integral de Heitor Villa-Lobos, Alberto Ginastera, Carlos Chávez, Manuel M. Ponce y Silvestre Revueltas.
El programa ofrecido la noche del sábado en el cierre de su gira La última y nos vamos retrató la trayectoria del soberbio y longevo ensamble: el Cuarteto en la mayor de Boccherini, homenaje a Italia y España. Siguió el Adagio del Cuarteto núm. 2 de Samuel Barber, representativo de su relación con Estados Unidos, donde durante más de 15 años tuvieron una residencia artística en Carnegie Mellon, en Pittsburgh.
Luego las Variaciones sobre el Capricho 24 de Paganini de Javier Montiel, la primera obra escrita para el grupo, nacida junto con ellos en 1982. Y luego del intermedio, el Quinteto en mi bemol con piano de Schumann, con Rodolfo Ritter, la “obra cumbre del repertorio de cámara”.
Como encore, la agrupación ofreció Estrellita de Ponce, interpretación a la que el público respondió con una acalorada ovación.
En su mensaje de despedida, el violonchelista aludió al costo personal y familiar de su aventura artística. Bitrán habló de “décadas de sufrir la ausencia y la distancia”, de hoteles, aeropuertos y enfermedades lejos de casa.
“Logramos mucho más de lo que imaginamos”, celebró. Al tiempo que aseguró que el asombro y la gratitud son los ingredientes que prevalecerán. “Hemos sido inmensamente felices y afortunados”.
Confesó la sorpresa de entrar en la etapa final del Cuarteto Latinoamericano con alegría. Le ocurrió hace apenas unos días, una tarde lluviosa en la Ciudad de México, cuando comprendió que “había llegado la hora de parar”.
“Fue la primera vez que tuve la sensación de que cuando el cuarteto se acabe yo estaré feliz, agradecido y sobre todo sorprendido por lo que me ha tocado vivir”, aseguró.
Una alegría, sin embargo, no exenta de nostalgia y que no pretendió ocultar, al asumir que jamás volverá a tocar con sus colegas el quinteto de Mozart con clarinete, los cuartetos de Brahms, o ese adagio del quinteto de Bruckner que le llenó los ojos de lágrimas hace un par de días en uno de sus últimos conciertos.
“Porque música seguiré tocando, pero cuartetos ya no”, dijo.
Como escribió el director de orquesta Benjamín Juárez Echenique en el programa de mano: el Cuarteto Latinoamericano “no se limitó a interpretar un repertorio, lo construyó”.
Bitrán, con la voz entrecortada, terminó brindando “por tanta música hermosa y por haber vivido esa aventura mágica con mis tres colegas maravillosos: gracias Saúl, Arón y Javier”.