En medio de la crisis generada por Teuchitlán, la presidenta lo ha intentado todo: filtrar que no era un rancho de exterminio sino de adiestramiento, abrir el rancho a una visita de medios de comunicación que resultó un boomerang, empujar al fiscal Gertz a que descafeinara la gravedad del hallazgo, hacer que el funcionario con más aceptación de su gabinete -el secretario Omar García Harfuch- dijera con todas sus letras que no era un campo de exterminio sino de adiestramiento y hasta poner a medios de comunicación a avalar públicamente su versión en la conferencia mañanera.