¿Noche de ‘full glam’? Desmaquíllate de la forma correcta según expertos
La limpieza adecuada del rostro es, más allá de un gesto mecánico, uno de los pilares del cuidado cutáneo
Lejos de ser un paso secundario, la limpieza facial es clave para la salud de la piel: influye en su capacidad de regeneración, en su equilibrio biológico y en la eficacia de los productos que se aplican posteriormente.
Especialistas coinciden en que una rutina adecuada no solo mejora el aspecto del rostro, sino que también previene problemas cutáneos a largo plazo. Desde María Galland París, firma con más de seis décadas en el cuidado de la piel, comparten las bases esenciales para entender este proceso.
MUCHO MÁS ALLÁ DE RETIRAR EL MAQUILLAJE
La limpieza facial va mucho más allá de eliminar el maquillaje. Se trata de un proceso que prepara la piel para recuperar su equilibrio natural y optimizar la absorción de tratamientos posteriores.
Sara García, esteticista y formadora de María Galland en España, explica que este paso no solo elimina residuos visibles, sino que tiene un papel determinante en la salud cutánea. “La limpieza elimina los factores estresantes externos, como la contaminación o el maquillaje, pero también los inducidos por la propia piel, como el sudor o las células muertas”, señala.
En este sentido, no se trata únicamente de limpiar, sino de retirar todas las impurezas acumuladas a lo largo del día. Ante la creciente cantidad de información en redes sociales y medios especializados, los expertos insisten en volver a lo básico: limpiar, equilibrar y preparar la piel.
LIMPIAR, PERO TAMBIÉN EQUILIBRAR Y PREPARAR LA PIEL
La piel está expuesta diariamente a múltiples factores que alteran su equilibrio, como la contaminación, la radiación solar, el sudor o los cosméticos. Cuando estos residuos no se eliminan correctamente, pueden afectar la barrera cutánea, generando sensibilidad, pérdida de luminosidad e imperfecciones.
De acuerdo con García, una limpieza adecuada cumple varias funciones al mismo tiempo. “Además de limpiar, tiene propiedades calmantes, estimula la piel, promueve un aspecto saludable y preserva el ecosistema cutáneo, el microbioma y la barrera de la piel”, desgrana la experta.
EL MICROBIOMA CUTÁNEO: LA CLAVE
El microbioma cutáneo —compuesto por microorganismos que habitan naturalmente en la piel— es fundamental para mantener su equilibrio y evitar irritaciones o inflamaciones.
Mantenerlo en buen estado depende, en gran medida, de una limpieza correcta y constante. “Con una limpieza facial diaria, completa y eficaz, construimos la rutina de cuidado para lucir una piel luminosa y sin estrés”, resume la especialista.
En este contexto, la doble limpieza se ha consolidado como una de las prácticas más recomendadas. Este método, originado en Corea, consiste en realizar dos pasos consecutivos para eliminar distintos tipos de impurezas.
“Es muy importante realizarla cada noche para limpiar la piel de impurezas, maquillaje, protector solar, sudor o contaminación acumulados durante el día”, explica.
Este enfoque responde a una lógica clara: algunas impurezas son liposolubles (como maquillaje o protector solar), mientras que otras requieren fórmulas acuosas. La doble limpieza permite eliminar ambas.
Para García, este hábito marca una diferencia importante. “La doble limpieza facial es uno de los pasos de la rutina que va a marcar la diferencia en la piel”.
Durante la noche, la piel entra en su fase de regeneración, por lo que una limpieza adecuada es fundamental para facilitar este proceso. “Durante la noche llega el momento de regeneración de la piel y es importante que la limpieza haya sido correcta para que esta función de renovación se realice de manera óptima”, señala.
De lo contrario, pueden surgir problemas como deshidratación, irritación o acné.
¿CUÁNTO TIEMPO REQUIERE REALMENTE UNA BUENA LIMPIEZA?
Aunque muchas rutinas de belleza parecen complejas, los especialistas aseguran que no es necesario invertir demasiado tiempo, sino aplicar los pasos correctos según el momento del día.
Por la mañana, basta con una limpieza ligera para eliminar toxinas acumuladas durante el descanso. “Por la mañana no haría falta una doble limpieza. Solo necesitaríamos un producto que elimine las impurezas liberadas durante el descanso nocturno”, explica García.
Después, el uso de un tónico o loción ayuda a equilibrar el pH y preparar la piel. “Con unos cinco minutos sería suficiente”, afirma.
Por la noche, el proceso es más completo. Primero se retira el maquillaje, especialmente en ojos y labios, “con productos capaces de disolver los pigmentos y las fórmulas resistentes al agua.” Después, se realiza una segunda limpieza, “con texturas como geles o espumas que eliminan las partículas de sudor y suciedad acumuladas”.
El ritual puede complementarse con un tónico o exfoliante suave. “En total, la limpieza nocturna puede durar entre diez y quince minutos aproximadamente”.
LA IMPORTANCIA DE ADAPTAR LA LIMPIEZA DE CADA PIEL
Uno de los errores más comunes es aplicar la misma rutina a todos los tipos de piel. Actualmente, el enfoque apunta hacia la personalización, considerando factores como la edad, la sensibilidad o el entorno.
Algunos ingredientes pueden no ser adecuados para todas las pieles, por lo que es recomendable realizar un diagnóstico previo. Este permite identificar necesidades específicas como niveles de hidratación o posibles desequilibrios.
“Un diagnóstico de la piel por parte de una experta permite conocer con exactitud lo que necesita”, señala la esteticista.
Entender la limpieza como un proceso personalizado —y no automático— es clave para mantener el equilibrio cutáneo y potenciar la salud de la piel a largo plazo.
Con información de EFE