Presencia mexicana en el Super Bowl: Elijah Arroyo, ¿qué otros aztecas han estado presentes a lo largo de la historia?
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Hijo de padres mexicanos, este ala cerrada de los Seahawks podría coronarse este 8 de febrero en Santa Clara, California
El Super Bowl LX está a la vuelta de la esquina y el Levi’s Stadium de Santa Clara, California, será el escenario donde Seattle Seahawks y New England Patriots se enfrenten por el trofeo Vince Lombardi el próximo 8 de febrero.
En esta edición, el gran domingo vuelve a teñirse de verde, blanco y rojo gracias a la aparición de una joven promesa con profundas raíces mexicanas. Elijah Arroyo, un ala cerrada de 1.96 metros de estatura y 115 kilogramos, forma parte actualmente del roster de los Seattle Seahawks.
Aunque nació en Orlando, Florida, el 5 de abril de 2003, es hijo de padres mexicanos; su vínculo con México es sólido y determinante. A los siete años la familia se mudó a Cancún, Quintana Roo, y fue en el Caribe mexicano donde dio sus primeros pasos en el futbol americano.
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Arroyo comenzó su formación en los campos de tierra jugando para el equipo infantil Troyanos, donde incluso participaba en la limpieza del terreno antes de los partidos. Esta etapa, que se extendió hasta los 13 años, no solo le permitió aprender español, sino que también moldeó su carácter como jugador solidario y comprometido con el equipo.
De regreso en Estados Unidos, brilló en la preparatoria Independence de Texas y más tarde con los Miami Hurricanes en el futbol colegial, donde en su último año acumuló 590 yardas y siete anotaciones.
Su desempeño lo llevó a ser seleccionado por Seattle en la segunda ronda del Draft 2025, con la elección global número 50. En su temporada de debut en la NFL, una lesión de rodilla en la semana 14 lo envió a la lista de reservas lesionados, aunque antes logró registrar 15 recepciones, 179 yardas y un touchdown en la campaña regular.
Además de su impacto deportivo, Elijah Arroyo ha sido una figura destacada en las campañas de la NFL “Por la cultura”, mostrando con orgullo su apellido mexicano y el compromiso de representar a toda una nación cada vez que pisa el emparrillado.
Hoy, ya recuperado y activado para la final de conferencia, Arroyo se encuentra ante la oportunidad de seguir los pasos de las leyendas mexicanas en la NFL y comenzar a escribir su propia historia en el Super Bowl LX.
¿QUÉ JUGADORES CON RAÍCES MEXICANAS HAN ESTADO EN EL GRAN JUEGO?
En la historia del Super Bowl, la presencia de jugadores con vínculos directos con México ha sido limitada en cantidad, pero enorme en simbolismo y legado. Llegar al partido más importante de la NFL es un privilegio reservado para una élite, y hacerlo representando, directa o indirectamente, al país añade un valor especial que trasciende el emparrillado.
El primer gran referente es Efrén Herrera, quien marcó un antes y un después al convertirse en el primer jugador nacido en México en ganar un anillo de Super Bowl, logro que alcanzó con los Dallas Cowboys en 1978. Su hazaña abrió la puerta a una narrativa que hasta entonces parecía imposible para el fútbol americano mexicano.
Años más tarde, Raúl Allegre consolidó esa presencia con autoridad. El pateador fue pieza clave de los New York Giants, equipo con el que conquistó dos títulos, correspondientes a los Super Bowls XXI y XXV, convirtiéndose en uno de los representantes mexicanos más exitosos en la historia del evento.
En esa misma línea aparecen nombres como Rafael Septién, también con los Cowboys, y Frank Corral, quien tuvo paso por Rams y 49ers. Ambos lograron disputar el Super Bowl, dejando constancia de que el talento con raíces mexicanas podía mantenerse vigente en la liga durante distintas épocas.
Uno de los casos más emblemáticos es el de Max Montoya, liniero ofensivo de ascendencia mexicana que ganó dos Super Bowls con los Raiders. Montoya rompió el estereotipo de que la representación mexicana estaba limitada a pateadores, destacándose en una de las posiciones más físicas y exigentes del juego.
El legado alcanza un nivel histórico con Ted Hendricks, jugador de raíces mexicanas y miembro del Salón de la Fama de la NFL. Hendricks ganó cuatro Super Bowls con Colts y Raiders, y es considerado uno de los mejores apoyadores defensivos de todos los tiempos, elevando la huella mexicana a una dimensión legendaria.
Más recientemente, la narrativa se ha ampliado con jugadores de ascendencia mexicana que, aunque no nacieron en el país, mantienen un vínculo cultural significativo. Estos casos reflejan cómo la herencia mexicana sigue presente en el máximo escenario del fútbol americano profesional.
Además de los anillos y las apariciones, estos jugadores han tenido un impacto simbólico importante, ya que inspiraron a nuevas generaciones de jóvenes mexicanos y mexicoamericanos a ver la NFL y el Super Bowl como una meta posible, no como un sueño lejano.
Cada participación mexicana en el Super Bowl ha representado una victoria más allá del marcador, al colocar el nombre de México en un evento seguido por millones de personas alrededor del mundo. Su presencia ha servido como recordatorio de que el talento no entiende de fronteras.
Así, aunque el número de representantes ha sido reducido, el legado mexicano en la historia del Super Bowl es sólido, respetado y perdurable, una herencia que sigue creciendo y que mantiene viva la esperanza de ver a más jugadores con raíces mexicanas brillar en el escenario más grande de la NFL.