A 18 años de la muerte de Marcial Maciel, expertos advierten huella de ‘violencia espiritual’
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Advierten que los abusos cometidos en entornos clericales dejan secuelas que también impactan la fe, el sentido de identidad y la capacidad de denunciar
CDMX.- Hace 18 años, el 30 de enero de 2008, Marcial Maciel murió en Estados Unidos, y el caso sigue asociado a señalamientos de impunidad por abusos cometidos durante décadas contra al menos 60 menores de edad, incluidos hijos biológicos, según recuentos oficiales y testimonios difundidos en años posteriores.
A casi dos décadas de su fallecimiento, el tema volvió a colocarse en el debate público por los efectos que, de acuerdo con especialistas, dejan los abusos ligados a la vida clerical: no sólo lesiones psicológicas, sino un impacto adicional en la dimensión de la fe, la culpa y la relación de las víctimas con lo sagrado, lo que puede sostener el silencio durante largos periodos.
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En entrevistas con este diario, la psicopedagoga Maribel Borrego y la perito y victimóloga Geru Aparicio señalaron que en el abuso sexual infantil existe una relación de poder marcada por la desigualdad. “Hay una figura que es de autoridad, que domina, y otra de subordinación, así que existe desigualdad”, explicó Aparicio, al describir el entorno que facilita el control sobre la víctima.
Como antecedente, dos años después de la muerte de Maciel, el Vaticano lo reconoció en 2010 como un criminal “carente de escrúpulos” con una doble vida contraria a valores religiosos. El sacerdote fundó Los Legionarios de Cristo en los años 40 con el argumento de acercar a la niñez a la Iglesia, pero la propia congregación reportó en diciembre de 2019 la cifra de al menos 60 víctimas menores de edad.
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Las especialistas describieron que, en estos casos, puede aparecer lo que llamaron “ambivalencia afectiva”: la víctima registra el malestar de la violencia, pero convive con “aspectos de seducción” o “buenos tratos” que confunden y dificultan el reconocimiento de lo ocurrido. También subrayaron que antes del abuso físico suele existir violencia emocional y manipulación, un proceso conocido como “grooming”, con el que el agresor gana confianza para controlar y callar.
En reacciones recogidas por víctimas, se ha insistido en que hubo respaldos o silencios institucionales que favorecieron la continuidad de los abusos, y que el daño se profundiza cuando el agresor se presenta como una figura “santa” o de autoridad moral, lo que provoca disonancia en la víctima entre lo aprendido y lo que se le impone, especialmente en contextos religiosos.
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En el plano legal e institucional, Aparicio sostuvo que no existe una carpeta de investigación abierta por los abusos atribuidos a Maciel, y remarcó que “siempre el adulto va a tener ventaja”, por la diferencia de edad, roles y fuerza, lo que configura —dijo— un “ejercicio abusivo de poder” que cosifica e instrumentaliza a la niñez.
En el panorama general, ambas expertas coincidieron en que la Iglesia debe reconocer la educación sexual integral como un derecho y que, en un Estado laico, deben garantizarse los derechos humanos sin importar la religión. También pidieron enfocar la atención en las víctimas —verdad, justicia y reparación— y evitar desplazar la culpa hacia quienes no hablaron antes; los testimonios de Juan José Vaca y Arturo Jurado citados en el reportaje fueron obtenidos del libro “Marcial Maciel: Historia de un criminal”, de la periodista Carmen Aristegui.