De John Dillinger a ‘El Mencho’: los criminales atrapados ‘por amor’
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La vigilancia del entorno afectivo cercano es una técnica que los servicios de inteligencia usan, desde hace varias décadas, para localizar fugitivos particularmente huidizos. Esa fue, todo indica, la fórmula usada para acabar con ‘El Mencho’
En la conferencia mañanera de este lunes, 23 de febrero, el secretario de la Defensa Nacional, Ricardo Trevilla Trejo, ofreció detalles del operativo en el cual fue abatido, el domingo anterior, el líder del Cartel Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”. Allí se explicó que, la razón por la cual se le pudo localizar, fue su asistencia a una reunión en Tapalpa, Jalisco, para verse con una pareja sentimental.
De acuerdo con el secretario de la Defensa, el área de inteligencia militar detectó el traslado de una mujer, cuya identidad no se ha revelado, pero se entiende era una pareja sentimental del líder criminal, quien fue llevada a unas cabañas en el municipio de Tapalpa, por un hombre de su confianza, el viernes pasado.
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La mujer se habría reunido en el lugar con “El Mencho” ese día y se marchó del lugar al día siguiente. Sin embargo, él se quedó en el sitio y ello permitió concretar el operativo al día siguiente.
“Explotación del entorno afectivo” se le llama a la estrategia de vigilancia, desarrollada por los aparatos de inteligencia, mediante la cual se rastrea el paradero de “objetivos invisibles”, es decir, de fugitivos que resultan muy difíciles de ubicar porque no usan celulares y/o viven en lugares alejados e incomunicados.
En esos casos, los esfuerzos de localización dejan de lado al fugitivo para concentrarse 100 por ciento en su círculo íntimo -esposas, hijos, amantes o padres-, a partir de una premisa central: es casi imposible que un ser humano, por más poderoso o perseguido que sea, rompa sus vínculos emocionales de forma permanente.
Se trata de una estrategia que ha demostrado ser eficaz en el pasado, pues “El Mencho” no es el único criminal famoso que ha sido capturado o abatido porque no resistió la tentación de reunirse con un ser querido.
CASOS INTERNACIONALES
En 1934, por ejemplo, el mítico asaltante de bancos John Dillinger, quien operó sobre todo durante el período de la Gran Depresión y ostenta el dudoso honor de haber sido el primero en ser nombrado “enemigo público número uno” por el FBI, fue abatido cuando salía del cine Biograph, en Chicago.
Dillinger había acudido a ver la película Manhattan Melodrama acompañado de su novia, Polly Hamilton, y de una amiga de aquella, Anna Sage. Fue esta última quien dio aviso del encuentro al FBI, en un intento por cobrar la recompensa ofrecida por la captura del delincuente (10 mil dólares) y negociar con los agentes federales un trato para evitar ser deportada a Rumania, de donde era originaria.
Otro caso emblemático en este sentido es el del colombiano Pablo Escobar Gaviria, a quien se pudo ubicar gracias a una llamada telefónica detectada con la denominada “tecnología de triangulación” usada con éxito, en este caso, por el “Bloque de Búsqueda”, la unidad de élite de la Policía Colombiana creada para desmantelar el imperio de Escobar.
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En la época (diciembre de 1993), la tecnología de triangulación era aún incipiente y requería que las llamadas duraran más de un minuto para tener éxito en la ubicación del origen. Y aunque Pablo Escobar sabía eso y, por regla general realizaba llamadas cortas, la situación de riesgo en que se encontraba su familia lo llevó a prolongar de más una llamada con su hijo, Juan Pablo, lo cual permitió ubicarlo.
LOS CASOS MEXICANOS
En México son varios los casos de criminales apresados o abatidos por debilidades sentimentales.
Joaquín “El Chapo” Guzman Loera fue capturado no una, sino dos veces por esta razón. La primera ocurrió en febrero de 2014, cuando fue ubicado en Mazatlán, Sinaloa, mientras visitaba a su esposa, Emma Coronel, y a sus dos hijas gemelas.
En enero de 2016, cuando fue recapturado luego de su espectacular fuga del penal del Altiplano, a través de un túnel de un kilómetro y medio, El Chapo cometió el error de mantener comunicación constante con la actriz Kate del Castillo -con la cual, se asegura, estaba obsesionado- y ello permitió ubicarlo y detenerlo después de una peliculesca persecución en Los Mochis.
Otro que fue capturado debido a la debilidad por su familia -en este caso su hijo, recién nacido en 2013- fue el sanguinario líder de los “Zetas”, Miguel Ángel Treviño Morales, mejor conocido como “Z-40”. Aunque era conocido por su paranoia, lo que lo llevaba a extremar precauciones, Treviño realizaba visitas regulares a una zona rural de Nuevo Laredo, a la cual se llega por un camino de terracería.
La Marina mexicana detecto el patrón de comportamiento y diseñó un operativo para capturarlo durante uno de sus traslados, los cuales hacía con una escolta mínima, justamente para no llamar la atención. Entre los aspectos notorios de la captura se encuentra el hecho de que se llevó a cabo sin realizar un solo disparo.
En febrero de 2015, Servando Gómez Martínez, “La Tuta”, quien era líder de la organización conocida como “Los caballeros templarios”, fue capturado en Morelia luego de permanecer oculto por años en la zona serrana de Michoacán. ¿Su error? Mantener el envío constante de regalos a la casa de una de sus parejas, con la cual tenía hijos pequeños.
“La Tuta” fue largamente cuidadoso con sus comunicaciones y mostró una habilidad peculiar para evadir a quienes le rastreaban. Pero la vigilancia de su entorno familiar permitió identificar el momento en el cual decidió abandonar su escondite para convivir con su familia. Fue detenido en la madrugada, cuando salió de la casa de seguridad para regresar a las montañas.
Uno más que fue capturado en dos ocasiones a partir de la vigilancia de su entorno cercano fue Rafael Caro Quintero. La primera ocasión fue ubicado en Costa Rica, a donde huyó después del homicidio del agente de la DEA Enrique Camarena. Caro Quintero fue acompañado en su fuga de una joven de 17 años, Sara Cossío Gaona, sobrina de quien luego se convertiría en gobernador de Jalisco, Guillermo Cossío Vidaurri.
Fue la intercepción de una llamada telefónica de ella, a sus familiares en Jalisco, para decirles que se encontraba bien y estaba con Caro Quintero por su propia voluntad, lo que permitió ubicar al capo en un rancho denominado “El Castillo”, en la comunidad de San Rafael de Alajuela, en el centro del territorio costarricense.
La segunda ocasión en que se le capturó, en 2022, reportes de inteligencia difundidos después del apresamiento sugieren que el seguimiento realizado por los servicios de inteligencia fue clave para delimitar la zona donde se ocultaba, en el denominado Triángulo Dorado, en la zona serrana que comparten Sinaloa, Durango y Chihuahua.