Machado regresó a Venezuela. ¿Qué significa eso para la influencia de EE. UU. en el país?
El arribo de la laureada con el premio Nobel, representa un importante hito en el mapa político y democrático venezolano
Ahora que la principal líder de la oposición está de vuelta en el país, ha cambiado los cálculos políticos del gobierno de Trump y de la presidenta interina venezolana.
El regreso a Venezuela de la principal líder de la oposición venezolana, María Corina Machado, después de casi un año en el exilio es un punto de inflexión importante en los esfuerzos del gobierno del presidente Donald Trump por microgestionar la política del país rico en petróleo.
Hasta que Machado apareció el fin de semana ante multitudes de seguidores, los funcionarios de Trump habían priorizado una adscripción con una rival política, Delcy Rodríguez, una figura del gobierno autoritario de Venezuela seleccionada por el gobierno estadounidense como la líder del país.
Pero la vuelta repentina de Machado está cambiando el cálculo político de la situación, desde la búsqueda del gobierno de Trump de acuerdos petroleros opacos en Venezuela hasta las exigencias de que el gobierno de Estados Unidos acelere una transición a la democracia demasiado lenta.
“Delcy deriva su legitimidad únicamente de la Casa Blanca, mientras que Maria Corina deriva la suya del pueblo venezolano”, dijo James B. Story, el embajador de Estados Unidos en Venezuela de 2018 a 2023.
Ahora que Machado está de vuelta en el país, aumenta la presión para acelerar lo que Story llamó el enfoque “timorato” del gobierno de Venezuela para atenuar poco a poco el dominio autoritario, sin un plan detallado para unas elecciones presidenciales.
Por meses, funcionarios del gobierno de Trump habían considerado que el retorno de Machado sería potencialmente disruptivo y habían intervenido para evitar que eso pasara, dijeron funcionarios estadounidenses. Pero Estados Unidos no intentó bloquear su esfuerzo más reciente, ni tampoco ayudó.
Un portavoz de Machado dijo que su regreso se realizó estrictamente por venezolanos del equipo de la líder opositora.
La capacidad de Machado para energizar a la oposición quedó en evidencia vívidamente el domingo cuando miles de sus seguidores se reunieron para celebrarla mientras su caravana de automóviles se abría paso hacia la capital, Caracas.
Karla Gómez, de 54 años, una enfermera registrada que estaba entre la multitud de simpatizantes, dijo que estaba tan abrumada por la emoción que lloró cuando se enteró de que Machado había regresado.
Gómez cree que su vuelta no será fácil, dijo, porque aún considera que todavía hay un gobierno que reprimió la disidencia después de perder las elecciones en 2024. Pero, añadió, cree que Machado logrará los cambios que necesita el país.
Como reflejo de la inquietud del gobierno venezolano con este giro de los acontecimientos, Rodríguez, la presidenta interina, dijo el lunes que Machado había montado un “show” para resaltar su regreso y que simplemente podría haber sido recibida en un aeropuerto como otros exiliados que regresan.
Rodríguez, quien ha sido elogiada reiteradamente por el presidente Trump, también se negó a decir si recibiría a Machado en las conversaciones para renovar las instituciones democráticas.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, dijo el lunes a un grupo de periodistas en Washington que esperaba que Rodríguez y su gobierno cumplieran con el plan que Estados Unidos está presentando para lo que él y sus asesores llaman una transición política gradual.
“¿Y si simplemente intentan esperar a que nos vayamos en dos años?”, dijo, en aparente referencia al final del mandato de Trump. “Eso no va a suceder. Es decir, tenemos plazos acordados y hasta ahora han cumplido cada uno de esos plazos”.
Añadió que Estados Unidos ha mantenido muchas sanciones económicas sobre Venezuela —aunque emite licencias a las empresas como excepciones a estas— y que las sanciones le dan al gobierno de Trump una “influencia significativa” sobre la dirección de las conversaciones políticas en curso.
Ese diálogo, pensado para establecer un marco para las elecciones, está liderado por parte de la oposición por Dinorah Figuera, integrante de la legislatura elegida en 2015 que es reconocida formalmente por Estados Unidos. El lado del gobierno está liderado por Jorge Rodríguez, hermano de Rodríguez y presidente actual de la Asamblea Nacional.
Machado no ha sido parte de las conversaciones y no está claro qué papel podría desempeñar.
La cuarta ronda de conversaciones está programada para mediados de noviembre, y la planificación de esta podría resultar ser una prueba de cómo Machado trabaja con otros líderes de la oposición y si considera que el diálogo es legítimo.
El Departamento de Estado bajo el mando de Rubio, quien esencialmente está dirigiendo Venezuela, prevé que se den dos pasos importantes antes de que puedan organizarse unas elecciones justas. Primero, un comité de expertos debe nombrar a los nuevos miembros del Tribunal Supremo de Justicia, el cual puede ejercer poder sobre las elecciones. Segundo, un comité independiente debe nombrar a los nuevos miembros del Consejo Nacional Electoral, que administra las elecciones.
Los nuevos integrantes del Tribunal Supremo podrían estar en su puesto para finales de este año, y el nuevo consejo electoral podría seguir pronto, dijo el lunes un funcionario de alto rango del Departamento de Estado. Después de eso, dijo, Rodríguez declararía una vacante permanente en la presidencia, ya que el último líder oficial del país —Nicolás Maduro— está en una prisión estadounidense, y eso, por ley, desencadenaría un plazo de seis meses para celebrar elecciones.
Machado ha pedido elecciones para julio próximo.
Trump ha elogiado a Rodríguez y ha dicho que Venezuela no está lista para unas elecciones. Rara vez habla de democracia, admira abiertamente a líderes autócratas e intentó anular los resultados de las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2020.
Pero Rubio insistió en que el gobierno apoya la verdadera democracia en Venezuela: “Nuestro objetivo aquí es tener unas elecciones en las que, cuando sucedan, el lado perdedor diga que fue una votación justa. Simplemente perdimos. Pasaremos a la oposición y, cuando ustedes arruinen el país, nos postularemos en cuatro años y retomaremos el poder”.
Rubio, quien también es el asesor de seguridad nacional de Trump, dijo que el “mejor de los casos” es que se quede en su puesto hasta el final del gobierno y vea a Venezuela convertirse en una democracia “mucho antes” de dejar su cargo o cargos.
Machado fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2025 y salió de Venezuela en diciembre para recibir el premio en Noruega. Un mes después, las fuerzas estadounidenses derrocaron a Maduro, el líder del país que llevaba tiempo en el poder, en un ataque mortífero en la madrugada.
Pero en lugar de ponerse del lado de Machado, quien movilizó un amplio apoyo en su candidatura a la presidencia en 2024, el gobierno de Trump optó por Rodríguez, quien de la noche a la mañana pasó de ser una funcionaria no electa adversarial a trabajar de manera servil con funcionarios estadounidenses.
Entonces, Machado resultó excluida de las negociaciones que supuestamente buscaban preparar el escenario para una transición democrática. Mientras Machado permanecía fuera de Venezuela, funcionarios de Trump se concentraron en acuerdos para reactivar la industria petrolera del país.
Uno de esos acuerdos involucra una asociación para producir petróleo entre el gobierno de Estados Unidos y Alejandro Betancourt, un empresario venezolano que ha enfrentado investigaciones de lavado de dinero.
Como reflejo de la inquietud en Venezuela sobre el acuerdo, Machado, en una entrevista este mes con The New York Times, criticó a Betancourt.
Betancourt ha rechazado las críticas de Machado, y sus representantes han dicho repetidamente que no ha sido acusado de delito alguno.
Cuando el lunes se le preguntó sobre las críticas de Machado, Rubio defendió el acuerdo petrolero con Betancourt. “Ahora le permite a la empresa con la que nos asociamos salir y hacer inversiones de capital masivas para aumentar la capacidad productiva”, dijo.
“En cuanto a sus críticas al acuerdo, es decir, está bien, o sea, esa es su opinión al respecto”, añadió. “Este es un contrato que creemos que es muy sólido”.
Uno de los desafíos inmediatos de Machado implicará defenderse de los ataques de la derecha. Valentina Gómez, una agitadora partidaria del movimiento MAGA que ha perdido elecciones en Misuri y Texas, apareció recientemente en Venezuela para expresar su apoyo a la compañía petrolera de Betancourt mientras fustigaba a Machado.
Con el gobierno de Estados Unidos ejerciendo actualmente un control extraordinario sobre las exportaciones de petróleo de Venezuela y su gobierno, Machado es consciente de que debe andar con cuidado para evitar ofender al gobierno de Trump al mismo tiempo que afianza su liderazgo.
Rafael Uzcátegui, director del Laboratorio de Paz, un grupo de derechos humanos en Caracas, argumentó en las redes sociales que la presencia de Machado en el país podría abrir el camino para que los venezolanos que han evitado criticar de manera pública la alineación de Trump y Delcy comiencen a hacerlo.
“El regreso” de Machado, dijo Uzcátegui, “crea un lugar de enunciación legítimo para cuestionar el sentido del tutelaje estadounidense”.
c. 2026 The New York Times Company
Por: Simon Romero y Edward Wong