Actualización sobre Medio Oriente: Guerra de voluntades y lógica de resistencia asimétrica
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Israel y especialmente EU están haciendo un notable esfuerzo en escalar las hostilidades y proyectar que los daños sufridos por Irán ocasionarán su derrota. Irán, de su lado, está buscando mostrar justo lo contrario
La guerra en Medio Oriente tiene que evaluarse desde la asimetría de las fuerzas de los actores, desde las tácticas que está empleando el actor más débil y desde los múltiples efectos que esas tácticas producen. Así, la medida del éxito, por poner un caso, no está en cuántos misiles, barcos o drones conserva Irán, sino en cuántos de esos recursos son necesarios para producir efectos financieros, económicos, psicológicos y/o políticos.
Lo que se puede observar en los últimos días es que Israel y especialmente EU están haciendo un notable esfuerzo en escalar las hostilidades y proyectar que los daños sufridos por Irán ocasionarán su derrota. Irán, de su lado, está buscando mostrar justo lo contrario. Por tanto:
1) Esta guerra parece estar menos determinada por los daños materiales ocasionados contra Irán o por la cantidad de líderes o miembros de élite asesinados, que por los efectos que esos daños materiales y esas decapitaciones consigan producir en términos de fracturar la voluntad de Irán para seguir resistiendo. En su esfuerzo por contrarrestarlo, Teherán podría seguir empleando cualquier instrumento a su disposición para producir la percepción de amenazas creíbles, impactar las finanzas y las economías globales –mientras más dure el conflicto, mayor será ese impacto– y, sobre todo, afectar la mente de sus enemigos en términos de sus decisiones y su trato con el régimen en Teherán.
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2) Así, la carrera está entre la voluntad de Donald Trump para seguir adelante el tiempo que haga falta, escalando todo lo necesario –incluido el uso de operaciones terrestres si se requieren– y su disposición a pagar costos políticos que sólo seguirán aumentando, además de asegurarse de que no sea Benjamín Netanyahu quien esté dictando las acciones. Todo ello frente a las capacidades de Irán, que seguirán disminuyendo con cada día.
3) El eslabón más débil de esta cadena parece estar en Trump: en ocasiones muestra determinación absoluta para persistir el tiempo que haga falta hasta la “rendición incondicional” de Teherán, pero en otras ocasiones manifiesta públicamente su agotamiento por la guerra.
4) Por su parte, las herramientas de Irán para competir estratégicamente se encuentran en cualquier despliegue material o no material que permita proyectar su capacidad de resiliencia y adaptación, exhibir hacia afuera que no hay fracturas en el régimen y que, de hecho, el haber lanzado una guerra en su contra fue un error de cálculo, pues sólo ha producido su endurecimiento.
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5) Como ya lo comentamos, todo esto conduce a varios escenarios. El escenario base sigue siendo que, tarde o temprano, Trump tendrá que conformarse con los golpes infligidos a Teherán, que no son pocos, y encuadrar todo ello en una narrativa de victoria que le permita acotar sus objetivos y retirarse, incluso sin reanudar negociaciones con Irán, aunque no podemos descartar que esas negociaciones sí sucedan.
6) Otro escenario de menor, pero con alta probabilidad parte de la base de que Trump no encuentra una ruta de salida fácil. En ese caso se mantiene con objetivos amplios, como la “rendición incondicional” del régimen, y estima que retirarse en este punto dañaría su credibilidad y su capacidad de disuasión frente a otros actores. Por tanto, la situación se mantiene escalando y se prolonga por varias semanas más.
Lo más importante será esta competencia que se libra mucho más en el terreno de las voluntades, la determinación y los cálculos, que en el de los daños materiales producidos.
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