El Visionario In-Sensible
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En los emprendimientos –como en las empresas– escalar no es un acto de fe; es un acto de diseño. Antes de soñar en grande, aprende a diseñar en pequeño
A estas alturas del año, muchas iniciativas ya quedaron en el tintero.
O peor: en la lista mental de “luego lo retomo”.
Algunas sobreviven. Esta columna es para esas... y para quienes todavía no entienden su tamaño.
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Si eres co-work, no te rompas el alma buscando resultados de corporate triple A.
En el mundo del emprendimiento hay una obsesión peligrosa: querer resultados gigantes con estructuras diminutas.
Como dice el refrán: no le pidas peras al olmo... aunque le pongas un pitch deck elegante.
Empresas con alma de co-work, soñando con utilidades de corporativo triple A.
Mucho discurso. Poca estructura.
No es falta de ganas.
Es falta de sensibilidad.
Y de contacto con la realidad.
Nuestro personaje es un visionario, sí.
Tiene ideas, voluntad, entusiasmo y hasta algo de capital.
El problema no es su ambición; es su desconexión.
Pierde contacto con esa realidad que no aplaude, no da likes y siempre formula la misma pregunta incómoda:
¿De qué tamaño es realmente tu estructura?
Se quiere escalar sin procesos.
Crecer sin control.
Prometer sin capacidad de entrega.
Y cuando el resultado no llega, no se cuestiona el diseño.
Se culpa al mercado, al equipo, al timing, al cliente... o, mejor aún, a todos.
Por no sacrificarse lo suficiente.
Por “poner resistencias”.
Por no compartir la visión.
Por no trabajar 14 horas diarias para sostener una mala decisión.
La realidad es menos épica y más incómoda:
no todos los negocios están listos para ser enormes.
Y no pasa nada.
Dicen por ahí:
“Si eres gallina, no te rompas el alma intentando poner un huevo de avestruz”.
El problema no es ser gallina. El problema es negarlo y exigirle a la estructura lo que no puede sostener.
En los emprendimientos –como en las empresas– escalar no es un acto de fe; es un acto de diseño. Antes de soñar en grande, aprende a diseñar en pequeño.
Metas sanas.
Consistentes.
Medibles.
Rentables.
Porque cuando un negocio intenta parir algo que no puede sostener, no nace un avestruz.
Ni una pera. Nace una crisis.
Y entonces, sin discurso que la maquille, aparece ese aroma inconfundible... ese sabor denso, incómodo, persistente: Sabor a Mandrake.
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No disminuyas tu visión.
Ajusta tu estructura.
Haz crecer tus ambiciones
al ritmo de tus resultados,
no al tamaño de tu ego.
Recuerda:
no es que tu visión sea demasiado grande.
Es que tu estructura aún es demasiado pequeña para sostenerla.
Hasta la próxima.
#SaborAMandrake