Fuente de las Ranas: Un trazo de don Miguel y don Artemio cobijado por los árboles de la Alameda Zaragoza
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Instalada casualmente en donde la calle de Victoria topa con la Alameda Zaragoza, su diseño evoca directamente la estética árabe sevillana, al estilo de la famosa fuente del Parque María Luisa, de Sevilla
Carlos Pereyra, Vito Alessio Robles, Miguel Alessio Robles, Artemio de Valle-Arizpe y Julio Torri pertenecen a una generación de saltillenses que vivió los cambios trascendentales en la educación y la cultura a partir de las primeras décadas del siglo 20 y desde la capital del país dieron lustre a la historia y la literatura de México. “Eran jóvenes que se educaban entre diálogos filosóficos que el trueno de las revoluciones había de sofocar”, dice Alfonso Reyes en referencia al Ateneo de la Juventud, al que perteneció Torri, y del que afirma en otro texto: “Parece increíble que en aquellos días aciagos... Torri aprovechara el fuego mismo del incendio para armar sus trascendentales castillos de artificio”.
Dos de esos destacados intelectuales, Miguel Alessio Robles y Artemio de Valle-Arizpe, guardan coincidentes similitudes. Contemporáneos y amigos, los dos nacieron en Saltillo y los dos vivieron su niñez y juventud cada uno en su casa paterna, en la esquina de las calles de Victoria y Acuña, una y otra residencias en contraesquina y, seguramente muchas veces, los dos pasearon por la calle de Victoria y la Alameda para disfrutar de la ciudad y sus gentes; el uno y el otro fueron ateneístas, abogados, escritores, y ambos miembros del servicio diplomático en algún momento de su vida: don Artemio residió cinco años en Madrid como secretario de la legación mexicana, donde también se desempeñó don Miguel en breve, pero crucial periodo en el otoño de 1921, como Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de México.
Años antes, Alessio había tenido una larga estancia en España, enviado fuera del servicio por Venustiano Carranza para cumplir una misión de acercamiento y mejorar la imagen diplomática de México después de la Revolución Constitucionalista, de modo que allá convivió con grandes figuras de la intelectualidad española como Antonio y Manuel Machado y Ramón del Valle Inclán. Alessio Robles mantuvo siempre una estrecha relación con aquel país y en sus Memorias se muestra como un verdadero conocedor de Andalucía, especialmente de Sevilla, cuando hace alusión al rasgueo de la guitarra y el cante “jondo” de las ventas sevillanas, las coplas y los cantaores andaluces “tan alegres y gárrulos y divertidos”, y al recordar al saltillense Santiago Rodríguez, quien seducido por Sevilla, “habría comprado de buena gana el Alcázar para vivir allí arrullado por el rumor de las fuentes árabes y por las melancólicas canciones de las odaliscas cubiertas de tisú bordado de mágica y deslumbrante pedrería”. Ambos saltillenses conocieron profundamente a España y, al parecer, se unieron para traer un pedacito de ella a su ciudad natal.
La Fuente de las Ranas es, en realidad, un pedazo de Andalucía incrustado en el corazón de la ciudad, en el parque público más emblemático de Saltillo. Instalada casualmente en donde la calle de Victoria topa con la Alameda Zaragoza, su diseño evoca directamente la estética árabe sevillana, al estilo de la famosa fuente del Parque María Luisa, de Sevilla.
La fuente saltillense forma un conjunto con una plazoleta alargada delimitada por bancas con respaldo. Tanto el brocal como las bancas perimetrales y el piso fueron revestidos con miles de azulejos de Talavera, llegados a la estación de ferrocarril de Saltillo el 24 de abril de 1936. Marco Antonio Flores Verduzco en su libro de la Alameda afirma que eran 39 mil 270 piezas de Talavera en 357 pesadas cajas procedentes del barrio de Triana, en Sevilla, como registra la inscripción en una de esas bellas piezas de tonalidades azules, naranjas y amarillas: “MG Montalbán. Ceramista, Triana, Sevilla, año de 1935”.
El pesado cargamento no llegó por casualidad. Detrás de esos mosaicos de luz y arcilla estaba la gestión de dos saltillenses que poseían una profunda fascinación por el arte, la historia y la diplomacia y una profunda devoción por su ciudad natal. Según marca la tradición oral, la plazoleta fue obsequio de Artemio de Valle-Arizpe a la ciudad, y la adquisición del material en Sevilla la gestionó Miguel Alessio Robles. A ellos se agrega un tercer saltillense, también devoto de su ciudad: Zeferino Domínguez Villarreal, a quien se atribuye su instalación. La Fuente de las Ranas es uno de esos espacios compartidos que toca nuestra identidad saltillense y puede trascender nuestras vidas particulares.