Impuestos sin retribución; negociación sin representación

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Opinión
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Los contribuyentes ven con recelo el destino de la recaudación en un gasto originado, en buena parte, por el mal desempeño de las finanzas públicas

Tensión en las calles y en las alas de Palacio. La nueva marcha, ayer miércoles, de los trabajadores del IMSS que le retiraron su representación a la dirección oficialista de su sindicato, conduce a otros problemas relacionados con la crisis de los órganos de representación del Estado. En parte se deriva de su control autoritario por un sólo poder. En efecto, formalmente, la atención de las demandas dependerá de los términos en que el Congreso apruebe el presupuesto de egresos: aumento salarial, inversión en infraestructura, instrumental, equipos, insumos y medicamentos de un sector salud precarizado por López Obrador.

Rebatiña. Pero en el plano de la realidad, el presupuesto se decidirá en Palacio, eso sí, para su aprobación en las Cámaras del Congreso, a cargo de las abrumadoras mayorías legislativas del régimen. Ocurrirá entre tensiones provenientes del ala sur de ese monumento histórico (despacho y residencia presidencial) y aquellas surgidas del ala norte (Hacienda). Y no es difícil vislumbrar la subida de tono entre las prioridades políticas del ala sur, enfocadas en atender el rezago y el deterioro institucional heredados, frente a la urgencia del ala norte de contener el crecimiento del déficit y la deuda, herencia también del pasado inmediato.

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Y siguiendo en el plano de la realidad, es muy reducido el llamado gasto programable, el que queda libre de todo compromiso fijo, como el pago de intereses de la deuda, los subsidios a las obras inútiles de AMLO y, entre otros rubros, la derrama de fondos requeridos por los programas clientelares, llamados sociales. Es de este margen de donde provendrían recursos –ya asignados a otros rubros que quedarían descubiertos– para satisfacer, en parte, las demandas de los trabajadores del Seguro que ayer tomaron de nuevo la calle. Una verdadera rebatiña de recursos escasos, entre dependencias.

Pagar sin recibir. Son los gajes de la concentración de todos los poderes y todas las decisiones del Estado. Neutralizadas las minorías en el Congreso por una mayoría fuera de proporción –ciega y sorda a la deliberación–, una suerte de oposición extraparlamentaria empieza a asomar en las calles y a expresarse en la prensa independiente y en la conversación pública. La sociedad despierta a la vista, por ejemplo, de la forma en que se aprobaron la ley de ingresos y las nuevas condiciones del impuesto predial. Ambas gravitarán sobre la economía de la reducida población que paga impuestos.

Y aquí aparece otra crisis de representación: la de una mayoría legislativa omisa o ignorante de sus funciones originarias en materia fiscal, ajena al sentimiento de los causantes por la falta de retribución del Estado en servicios públicos dignos de ese nombre, empezando por la falta de seguridad pública. Estos mismos contribuyentes ven con recelo el destino de la recaudación en un gasto originado, en buena parte, por el mal desempeño de las finanzas públicas.

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Pagar sin representación. Lo nuevo y quizás más trascendente es que las voces de la sociedad cuestionan crecientemente la representatividad de un contingente legislativo dócil al poder dominante que allí lo colocó y, por tanto, sin la representación genuina de los intereses de personas, familias y grupos sociales. Quizás no sea exagerado remitir el malestar de los causantes al origen de la Revolución de Independencia Americana (no estadounidense, porque EU no existía). “No taxation without representation”: No a los impuestos sin representación (verdadera) en el Parlamento.

@JoseCarreno

Académico de la UNAM

Académico, profesor, periodista y escritor. Es licenciado en Derecho por la Facultad de Derecho de la UNAM, cuenta con el Master of Public International Law por la Rijks Universiteit Leiden y un Doctorado en Comunicación Pública por la Universidad de Navarra en España. Fue director del Departamento de Comunicación, Coordinador del Área de Periodismo y Director de la División de Estudios Profesionales de la Universidad Iberoamericana. Miembro desde 1998 del Consejo Nacional para la Enseñanza y la Investigación de las Ciencias de la Comunicación (CONEICC). Autor de los libros: “Para entender: los medios de comunicación”, “Temas fundamentales de Derecho de la Información en Iberoamérica” y “La opinión pública en la transformación del Estado Mexicano”. Fue distinguido con el Premio Nacional de Periodismo en 1987. Ha sido subdirector de los periódicos La Jornada y El Universal, y director de El Nacional. Actualmente es el Director del Fondo de Cultura Económica, escribe para el Universal y conduce Agenda Pública en Foro TV.

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