La Nao de China y su relación con Saltillo y Coahuila

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Opinión
/ 21 marzo 2026

La riqueza y el exotismo de su carga, entre cuyos efectos se encontraban vinos de Parras y sarapes de Saltillo, le dan al tema de la célebre Nao de la China el encanto de la leyenda

A los habitantes de estas tierras desérticas, tan alejadas de mares y puertos, el tema de la Nao de China, “Nao de la China”, como la llama Vito Alessio Robles, podría parecernos muy ajeno. Sin embargo, resulta apasionante descubrir su historia y la relación que con Coahuila, y Saltillo en particular, tenía el famoso galeón que sustentaba el comercio y, en gran parte, el contrabando en la Nueva España, y que durante dos centurias despertó la avidez de los más famosos corsarios y piratas ingleses.

Una vez conquistadas las islas Filipinas por España en el último tercio del siglo 16, la Metrópoli debía mandar soldados, pertrechos, provisiones, correos y dinero a la nueva colonia. La travesía para establecer contacto con dichas islas a través del Estrecho de Magallanes resultaba demasiado larga y peligrosa, por lo que se fijó una ruta marítima del puerto de Acapulco al de Manila, que se extendió luego a China y la India. Dicha circunstancia fue más que bien aprovechada por el mercado de uno y otro lado, a pesar de las constantes quejas de los comerciantes de Cádiz y Sevilla y las restricciones impuestas por la Corona al intercambio comercial entre las colonias. Las colonias españolas siempre encontraron la forma de infringir las reglas, no obstante que viniesen de los propios monarcas de la entonces llamada Madre Patria. Siempre podrían quebrantarse, por muy reales que fueran.

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El famoso galeón de las Indias, léase Nao de China, se convirtió así en el principal proveedor para los comerciantes de la Nueva España y el Perú. A fines del siglo 18, el tonelaje de los galeones que cubrían la ruta era de entre mil 200 y mil 500, y se cargaba con las más increíbles mercaderías, procedentes en su mayoría de China y la India, que llegaban desde Filipinas al puerto de Acapulco en un viaje que duraba alrededor de cinco meses. El galeón zarpaba de Manila a fines de julio o principios de agosto, cuando los vientos del suroeste se establecían definitivamente, y llegaba a Acapulco a fines de diciembre o principios de enero. De retorno, se hacía a la vela a principios de marzo, cuando las corrientes y los vientos del norte del Pacífico eran favorables para la navegación.

La nao era casi la única manera de transportarse de Europa a las Filipinas y el lejano Oriente, pasando por la Nueva España, de manera que en ella iban y venían obispos, gobernantes, misioneros y negociantes, además de los esclavos chinos y filipinos. La preciosa carga que llegaba de Manila era acaparada en su mayor parte por los comerciantes de la Nueva España: especias, esencias, sándalos, telas de seda en grandes cantidades, cerámica de lujo, metales mezclados, objetos de marfil y un sinfín de maravillas eran adquiridos por los comerciantes para su reventa en el virreinato. De regreso, la nao llevaba, entre la plata y mercaderías mexicanas y los objetos de lujo y artefactos europeos, mantas y sarapes tejidos en los telares de las fábricas saltilleras y vinos elaborados en Parras, adquiridos por los mercaderes mexicanos en la feria de Saltillo, la tercera más famosa en el virreinato, después de las de Acapulco y Jalapa.

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La llegada de la Nao de la China era motivo de fiesta y regocijo. En las iglesias de México se hacían “rogativas” al recibirse noticias de su proximidad a la costa y, cuando se sabía con certeza que el galeón ya estaba anclado en el puerto, una multitud compuesta de comerciantes con sus recuas de mulas cargadas, señores en ricos carruajes tirados por caballos, frailes en carromatos, obispos acompañados de gran cortejo y viajeros de todas clases se lanzaban por el camino de herradura que llevaba de la capital a Acapulco, conocido también como “la ruta de la China”, para asistir a las famosas ferias de las mercaderías que traía el galeón, que no era de la China, sino de Manila.

La riqueza y el exotismo de su carga, entre cuyos efectos se encontraban vinos de Parras y sarapes de Saltillo, le dan al tema de la célebre Nao de la China el encanto de la leyenda. Sin embargo, existe un cúmulo de documentos oficiales, al que se añaden los libros “Giro del Mondo”, del italiano Giovanni Gemelli Careri, reconocido como el primer pasajero comercial que realizó un viaje alrededor del mundo, y los del prusiano Barón de Humboldt. Ambos dejaron fiel testimonio del legendario galeón y su extravagante cargamento.

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Profesora de Lengua y Literatura Española. Dirigió el departamento de Difusión Cultural de la Unidad Saltillo de la UAdeC. En 1995 fue invitada por la Universidad Tecnológica de Coahuila, unidad Ramos Arzipe, para encargarse del área cultural, que incluía la formación del Centro de Información y cuatro años más tarde vendría la fundación del Centro Cultural Vito Alessio Robles, recinto que resguardaría la biblioteca de su padre, y donde hasta hoy labora.

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