Listas poco listas y des-visado de López Beltrán
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La Presidenta se ha equivocado de principio a fin y el tema de las listas revela torpeza mayúscula. No hay saldo positivo alguno
El tema de las listas de los enemigos del régimen ha sido tan desafortunado que hay quien cree que fue un ardid para distraer la atención pública del retiro de la visa a Andrés Manuel López Beltrán. Como suele suceder con un colaborador o correligionario que comete un error, la presidenta Claudia Sheinbaum suele arroparlo. No se tiene información sobre si la señora Luisa María Alcalde actuó por cuenta propia, si contaba con autorización o si el autor intelectual del listado corresponde a la intención de la mandataria y la coordinadora jurídica fue su ejecutora. Ella reconoció que la investigación inició antes de que llegara a la Consejería.
Presentar una relación de periodistas, medios y políticos en una narrativa del poder sobre quiénes son los enemigos es un hecho preocupante; ocurre en el marco de las muy accidentadas deliberaciones sobre la iniciativa presidencial para regular el derecho de las audiencias, ante una fundada desconfianza de la industria de la radio y la televisión, así como del periodismo asociado. La Presidenta se ha equivocado de principio a fin y el tema de las listas revela torpeza mayúscula. No hay saldo positivo alguno.
Verónica Malo fustiga al gobierno y a los medios por la reacción en el tema de las listas. Considera que cayeron en la trampa porque era un ardid distractor ante una narrativa claramente adversa al oficialismo por los escándalos de corrupción y connivencia con el crimen organizado, además del des-visado de López Beltrán. En su opinión, gracias a las listas, el gobierno pudo cambiar el rumbo y sentido del escrutinio al régimen político.
En esta perspectiva, lo que es un fracaso sería un éxito. Difícil coincidir porque para el régimen disentir es traición a la patria y eso no es un calificativo, es un delito. Las listas no son un asunto menor y todavía menos cuando el periodismo vinculado con la radio y la TV está por recibir un golpe serio, quizás el más grave en buena parte de su historia. Cierto, el debate público no se acaba y el escrutinio al régimen discurriría por otros planos. Regular a las empresas concesionadas es considerablemente más sencillo que hacerlo con la red que cada vez cobra más fuerza en la conformación de la opinión y debate públicos.
No deja de impactar la manera en que la Presidenta cae en el juego de un amanuense de Jesús Ramírez Cuevas, cuando en la mañanera del viernes hace que se confronte con Carmen Aristegui por una pregunta que plantea la mentira de que la periodista había asociado a Sheinbaum con Hitler o Mussolini. La mandataria la dio por válida al son que le marcaba el provocador y no se dio la oportunidad de informarse para dar una respuesta pensada y calculada. Se vio muy mal por la reacción y el sentido de sus palabras. La jefa del Ejecutivo confió en el seudoperiodista. Queda por saber si Ramírez Cuevas le rendirá cuentas.
El retiro de la visa a López Beltrán es un acontecimiento mayor. Se entiende que la Presidenta lo minimice, pero es un punto de quiebre en la relación con EU y lleva al gobierno, nuevamente, a una tensión mayor ante dos fuerzas amenazantes: la del expresidente López Obrador y la del gobierno norteamericano. Hasta hoy, Sheinbaum ha optado por ceder ante el primero y es probable que así decida actuar en lo sucesivo, pero el problema no es el gobierno, tampoco el régimen, sino el país y, como tal, cada vez es más evidente el muy elevado costo de desafiar a EU; además, la embestida judicial tiene sólidas bases que se reafirman con la impunidad que prevalece en el país.
Las listas son uno de los más desafortunados eventos del obradorismo en su accidentada relación con los medios de comunicación. El daño es irreversible y ocurre cuando el régimen más requiere de acompañamiento por la amenaza que le representa el país vecino. Lo sustantivo es el retiro de la visa y la respuesta escrita del afectado, un monumento de soberbia y estulticia. Más que todo, lo que debe ocupar y preocupar es el nuevo momento de la guerra con el gobierno vecino, hasta ahora de baja intensidad.
Importa el país, y el gobierno tiene responsabilidades mayores en su defensa. No es por la vía de la impunidad la manera de defenderlo; al contrario: insistir en ella conduce al desastre en términos impensables.