Propósitos fiscales 2026: menos miedo, más control

Opinión
/ 7 enero 2026

¿Qué hacer para que las reformas fiscales no le quiten el sueño?

Las relaciones evolucionan. Cambiamos nosotros, cambia el entorno. Pasa con amistades, parejas... y sí, también con su socio incómodo: el SAT. Y justo en estos días, cuando apenas se está acomodando el calendario del año nuevo, conviene preguntarse: ¿Cómo viene la relación con la autoridad fiscal este 2026?

Como cada enero, las reglas se ajustan. Quizá ya lo escuchó en las noticias, en la sobremesa o, si es de los aplicados, hasta leyó el DOF en pijama. Pero si todavía no lo ha hecho, déjeme estos minutos. Le prometo que, después de leer esto, su reunión con el contador no será un salto de fe, sino una estrategia con mapa.

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Desde hace años, los cambios fiscales tienen una causa raíz: hay contribuyentes que abusan. Simulan, evaden, desaparecen.

Y el SAT, como cualquier sistema en defensa propia, ajusta las tuercas. ¿El problema? Que a veces los “justos” también pagan por los “pecadores”. Y es ahí donde muchos se empiezan a poner nerviosos.

Porque cuando el SAT toca a la puerta, a veces no busca a quien la hizo, sino a quien la paga.

Antes de entrar en pánico, hagamos una prueba rápida: ¿está usted entre los “malitos”?

Para el SAT, basta con que haya incumplido, aunque sea por descuido, alguna obligación fiscal: no presentar declaraciones, presentarlas con error, usar proveedores fantasmas sin saberlo, o confiar en la estrategia creativa de su compadre.

La intención no cuenta; la omisión sí. ¿Fue un olvido? ¿Una confusión? ¿Una “jugada audaz”? Si algo de eso le suena familiar, este inicio de año es el momento perfecto para regularizar su situación.

Pero ojo: no basta con querer portarse bien. Necesita tener con qué. ¿Cuenta con sus estados de cuenta, facturas, contratos? Si no, tratar de ponerse al corriente será como armar un rompecabezas sin piezas clave: una pesadilla.

Y aún si usted jura y perjura que está del lado de los buenos, no se confíe. Hoy en día, la forma en que opera, cómo documenta, e incluso con quién hace negocios, puede colocarlo en la mira.

Porque el SAT no necesita que usted le diga nada: sus compras, sus ventas, sus depósitos y hasta sus nóminas ya le cuentan la historia completa.

Lo monitorea todo. Y cuando algo no le cuadra, saca la lupa.

Ahora bien, si ya hizo la tarea, si su empresa está bien documentada, si sus operaciones hacen sentido y sus declaraciones reflejan realidades no buenas intenciones, entonces sí: ya está listo para sentarse con su especialista y revisar con lupa los cambios fiscales de 2026.

Porque de nada sirve analizar la reforma si no conoce las entrañas de su negocio, de su contabilidad. ¿Para qué buscar estrategias “a prueba de balas” si lo que realmente necesita es poner orden en la trinchera?

Este año, antes de preguntar qué cambió en la ley, pregúntese qué sabe de su negocio. ¿Tiene clara su rentabilidad? ¿Sus flujos? ¿Conoce a sus proveedores? ¿Identifica las inconsistencias que podrían detectarle? Si no lo tiene claro usted, créame: el SAT sí.

En resumen: este 2026 la pauta no la marca el SAT. La marca usted, con el nivel de control que tenga sobre su empresa. Así que ahí va la receta del año:

1. Diagnostique su estatus fiscal con honestidad brutal.

2. Identifique las áreas de oportunidad (sin excusas).

3. Documente todo. Que no le falte ni un pelo de la burra.

4. Con esa base, analice con su especialista los cambios fiscales.5. Entonces sí, defina una estrategia.

No es miedo, es estrategia. Porque cuando el SAT llegue y va a llegar, lo importante es que no lo agarre improvisando, sino con el control en sus manos.

Este año, todavía está a tiempo para incluir un propósito que cambia vidas: entender cómo ve el SAT su negocio.

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Columnista de VANGUARDIA, comediante fiscal por vocación no diagnosticada. Dicen que los contadores nacemos sabiendo sumar... pero Hugo René también nació sabiendo restarle drama al SAT. Es licenciado en Contaduría Pública y Finanzas por el Tec de Monterrey, lo que básicamente significa que aprendió a sufrir con estilo y corbata. Tiene dos maestrías: una en Impuestos (porque a alguien tenía que gustarle eso) y otra en Derecho Internacional, por si alguna vez hay que explicarle al SAT que el tequila no se exporta con IVA incluido.

Empezó su carrera en California, donde trabajaba en una empresa de arroz... porque uno tiene que saber de granos antes de hablar de deducciones. Luego se fue metiendo al mundo de la contaduría, ese hermoso universo donde la emoción más fuerte es cuadrar el balance a la primera. Y cuando pensó que ya nada podía sorprenderlo, ¡lo invitaron al mismísimo SAT! Así es: fue asesor de la jefa del SAT y también trabajó en Planeación, es decir, ayudó a diseñar el mapa del infierno... pero con Excel.

Hoy es socio director en la firma Ortiz Garza y Asociados, donde lidera proyectos fiscales y se dedica a hacerle la vida más fácil a los que le temen al buzón tributario más que a su ex.

Además de contar números, también cuenta historias: fue conductor de “Frecuencia Fiscal” durante 14 años, donde explicaba impuestos como si fueran recetas de cocina (”agarre su CFDI, métalo a la licuadora fiscal y espolvoree deducciones”). Hoy conduce el pódcast “Entre Contadores”, donde se hablan de temas serios... pero con risas entre líneas y anécdotas que harían llorar a un auditor.

También ha sido catedrático, presidente de comisiones, columnista en El Financiero y miembro activo del Instituto de Contadores Públicos de Nuevo León. Es decir, Hugo René no solo conoce la ley, también sabe aplicarla sin que a uno le den ganas de esconderse en las Islas Caimán.

Si alguna vez pensaste que los impuestos eran cosa seria... es porque no has leído una columna de Hugo René. Prepárate para entender tus finanzas como si te las explicara tu compadre chistoso... pero con cédula profesional.

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