Riñas: muchos problemas, poco diagnóstico

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Opinión
/ 14 febrero 2026

El hecho de que las autoridades salgan al paso con lugares comunes demuestra que no existen políticas públicas para atender el fenómeno

Las riñas son un problema, reconocieron autoridades en Torreón. Como para aligerar el tema, refirieron que, si bien los delitos de alto impacto o delitos patrimoniales están “bajo control”, hay preocupación por el tema de las riñas y, sobre todo, por la participación de menores en ellas.

El director de la Policía de Torreón, Alfredo Flores, pidió a los padres ser más responsables con los hijos; mientras que el alcalde, Román Cepeda, habló de la necesidad de colaboración entre autoridades, instituciones educativas y padres de familia.

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Las palabras muestran que no existe una estrategia sobre cómo actuar. Y no hay una estrategia porque, para empezar, no existe un diagnóstico del problema. El hecho de que las autoridades salgan al paso con lugares comunes demuestra que no existen políticas públicas para atender el fenómeno.

Las declaraciones al aire son eso. Se requiere una estrategia que encuentre un diagnóstico con el que se pueda trabajar y desarrollar en planes concretos. El problema de las riñas no es reciente: desde 2024 ya se había documentado un aumento de más del doble de riñas que se presentaban en Torreón (Semanario, junio de 2025), con capítulos como el asesinato a puñaladas en una fiesta de Byron Alberto Sonora Hernández, de 14 años, y cuyos presuntos responsables eran jóvenes de entre 15 y 16 años que pertenecían a la pandilla “Los Planta 13”; o la riña de la colonia La Dalia, entre “Los Campos 13” y “Vagos 13”, que dejó dos personas muertas a golpes y machetazos.

No basta con decir que “los padres cuiden de sus hijos” o que “se necesita colaboración de todos”. El problema tendría que tomarse con más seriedad y más profesionalismo.

Cierto, se identifica una omisión de cuidados y falta de atención de padres. Pero debemos preguntarnos “¿por qué?”: ¿Por qué hay cada vez más jóvenes cuidados por abuelos? ¿Dónde están esos padres de menores de edad? ¿Será quizá que la situación económica lleva a ambos padres a trabajar más de 10 horas para llevar sustento a la casa, lo que les impide estar al pendiente de sus hijos? ¿Será que son familias en las que hay una ausencia del padre? ¿Son familias con un antecedente de violencia de alto impacto? ¿Son núcleos familiares donde hay algún desaparecido o hubo un asesinato en los tiempos de mayor violencia en la región? ¿Son familias que fueron desplazadas por la violencia? ¿Se trata de pandillas las involucradas en riñas? ¿Son riñas planificadas o enfrentamientos espontáneos producto de otro problema, como el alcohol y las drogas? ¿Cómo viven en su colonia, en su barrio? ¿Tienen agua, luz, comida, drenaje? ¿Hay algún parque o programa deportivo en su barrio?

Hay más preguntas que declaraciones para salir al paso y una administración seria tomaría el asunto con otra responsabilidad y objetivo.

Las riñas van a continuar porque el asunto no es únicamente un problema de atención de padres de familia y en donde la policía reacciona a través de operativos en las calles. El fenómeno es un asunto mucho más complejo y estructural.

Se debe entender que la juventud vive en un entorno violento per se. A decir de especialistas, los jóvenes cohabitan en un entorno con precariedad laboral, falta de espacio para la educación de calidad, ausencia de espacios de recreación, uso de drogas duras (como el cristal) y factores culturales (como la necesidad de demostrar dominio).

Las riñas, pues, son sólo la punta del iceberg de un problema que permea no sólo a Torreón, La Laguna o Coahuila, sino a todo el país. Lo que hagan gobiernos locales, universidades, organismos civiles y sociedad en cada zona marcará la diferencia.

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AL TIRO

Aunque las autoridades presuman niveles bajos de violencia de alto impacto, tanto las riñas como la violencia familiar, así como otros delitos, son microviolencias que ahí están, latentes, bullendo, y que pueden derivar en problemas mayores.

No hay que olvidar que hace más de quince años el crimen organizado penetró a través de los jóvenes.

El problema, pues, no amerita estar como espectadores del fenómeno, sino tomar cartas en el asunto. No se trata de ser reactivos y mandar patrullas a las calles, ni de sancionar a los padres de los hijos, ni de promesas de orden. El problema es más profundo. Y mientras no se tenga un diagnóstico que derive en estrategias claras, seguiremos escuchando declaraciones al aire. La pregunta es si las autoridades saben por dónde comenzar.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la universidad La Salle Laguna. Tiene más de 10 años como periodista. Es corresponsal de Vanguardia en la región Laguna, así como reportero investigador de Semanario. Ha trabajado y colaborado en otros medios como Revista de Coahuila, Newsweek en Español, SinEmbargo, W Radio, Imagen Laguna, entre otros. Fue becario de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) y de la Red Global de Periodismo de Investigación. Ha obtenido premios y reconocimientos como el Premio Nacional de Periodismo Rostros de la Discriminación y el Premio Nacional de Periodismo y Divulgación Científica, así como menciones honoríficas en el premio de la Sociedad Interamericana de Prensa y el Premio Latinoamericano de Periodismo sobre Drogas. Actualmente también se desempeña como corresponsal de El Universal en Coahuila y Durango y es profesor de la Universidad Iberoamericana Torreón.

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