Todo mal con el Operativo ‘Mencho’
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¡Celébrelo, doctora! Ya sabe, pero sin jactarse. No vaya a ser que se le enojen los señores del narco y, sobre todo, el terrateniente de La Chingada
No sé si le habré contado que, dado que fui el último de los amigos que mantuvo su voto de soltería, era frecuente que los casados me agarrasen de coartada para justificar alguna ausencia que les resultaba difícil de explicar.
–¿Qué dónde estuve toda la noche del jueves? ¡Estuvimos jugando dominó en casa del Enrique... como hasta las 4:00 de la mañana...! ¿Verdad, tú?
–¿Qué? ¡Ah! Esteee... Sssss... Sí. ¡Qué bárbaro! ¡Tremenda despelucada!
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Quizás no era ético de mi parte apuntalar mentirotas de semejante calibre, pero hace 20 años nadie hablaba de “romper el pacto patriarcal”. Además, ya ni se apure, que todos esos matrimonios colapsaron por el propio peso de sus errores y las partes involucradas han emprendido ya nuevas y más plenas y felices vidas.
Sólo que me acordé de aquello porque siento como que la “dactara prasadanta”, la seño Sheinbaum, nos agarró a Coahuila aquel domingo 22 de febrero, un poco como los amigotes al incauto Enrique, es decir, como coartada durante el operativo que culminó con el muy lamentable abatimiento del CEO del CJNG del CO, S.A. de C.V.
¿Qué hacía doña Clau en Coahuila, repartiendo sonrisas y apoyos del Bienestar, trayéndonos la Palabra de Obrador mientras se ejecutaba el operativo más delicado, riesgoso, grande y complejo de los dos últimos sexenios?
¿Qué no debió estar acuartelada con el Consejo de Seguridad, siguiendo las acciones y las reacciones en tiempo real para tomar personalmente y en conjunto las decisiones pertinentes como la “Comandanta” Suprema de las Fuerzas Armadas, titular del Consejo y jefa del Ejecutivo que es?
Pues no, ella estaba a 800 kilómetros de Jalisco celebrando uno de los triunfalistas actos en los que tan pródiga es la Cuarta Transformación.
Si bien Sheinbaum mantuvo tal vez la normalidad de su agenda pública para no advertir al cártel y conservar el factor sorpresa a su favor, una vez que se encendió el polvorín, quizás (se me ocurre pensar) debió acuartelarse para encabezar las operaciones e ir decidiendo sobre los incidentes derivados (que fueron muchísimos, por más que los hayan minimizado) y, ya de paso, para ir dando a los ciudadanos un poco de información con carácter oficial para que –no sé– no “pandiera el cúnico” y todo eso.
A mí se me hace (y refútemelo si gusta, demuéstreme que me equivoco, por favor) que fue la manera en que el Gobierno de la Cuarta Transformación matizó un poquito su participación ejecutiva en esta suerte de rompimiento del pacto de no agresión establecido durante el sexenio de López Obrador con su política de abrazos (sí, era una política, no sólo un eslogan como pretenden ahora “gaslaitearnos”).
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Y es que técnicamente la doctora no estuvo al frente del operativo que acabó con la vida de Nemesio “El Mencho” Oseguera.
–¿Sho? ¡Sho ese día andaba en una kermés en Saltisho! (No me pregunte por qué le puse acento argentino).
La Cuarta Transformación (en su primer y segundo piso) ha evitado siempre y en todo momento que los cárteles se sientan agraviados. Como cuando la captura/secuestro/traslado/entrega de “El Mayo” Zambada, con la que AMLO reiteró como letanía que su Gobierno no había tenido absolutamente nada que ver.
Otro detalle curioso es la premura y la oportunidad con que se ejecutó una acción postergada desde las últimas intentonas del sexenio de EPN.
No obstante, el domingo 22 el asunto se volvió todo lo urgente y prioritario que no había sido en ocho años, de manera que se ejecutó a toda prisa, tanto así que: 1) Harta madre les valió que ardieran varias entidades durante al menos dos días; 2) Que con un Mundial en puerta, los ojos del mundo y de los inversionistas estén mirando cualquier indicio de falta de garantías para la celebración del evento, y 3) Que el objetivo primordial, el señor Mencho, falleciera, siendo que era de primerísima importancia su captura, ya que era el testigo número uno sobre la red de corrupción y complicidades políticas que permitieron su ascenso y el crecimiento desmesurado de su organización criminal.
El Gobierno dice que fue un éxito, pero un operativo tan desaseado, que culmina con la muerte de un testigo vital para la desarticulación del crimen organizado, es un fracaso rotundo, absoluto, craso, total. Un fracaso con F de “fue probablemente intencional”.
El caso es que “El Mencho” ya era historia para el momento en que el señor Donald J. Trump rindió su “Address to the Nation”, es decir, su informe presidencial equivalente, en donde, como de pasadita, se colgó la medalla sobre la muerte de “El Mencho”... ¡Pero qué conveniente es todo esto!
El operativo se realiza justo a tiempo para que Trump se lo adjudique en su informe (gana Trump) y con dicha adjudicación, el Gobierno de la doctora Shein puede excusarse (al menos ante los señores agraviados) como que, en efecto, fue todo obra de la mano naranja-purpúrea de Washington (gana Clau).
Y para el público en general: “Sí, fue el Ejército... con información del FBI, pero siguiéndole la pista a la novia de ‘El Mencho’”... La verdad es que yo no sé muy bien... les voy a pasar mejor a Harfuch o al general Trevilla... Porque yo... ¿ya les dije que andaba en una kermés en Saltillo?
Para colmo, se filtraron a la prensa los cuadernos contables del señor Oseguera. ¡Resulta que el criminal más buscado del mundo llevaba las cuentas como don Pepe, el de la tiendita, que nos apunta todo lo fiado en un cartoncito! ¡Vaya cosa!
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Parece un acto inocente, pero haber filtrado y expuesto esta evidencia (la que vincula financieramente al crimen organizado con políticos y servidores públicos) básicamente la anula para ser presentada en un juicio. Es una torpeza de tal elementalidad legal que cualquiera que haya visto un drama policiaco lo sabe. Al no preservar la evidencia bajo una estricta cadena de custodia, prácticamente la están destruyendo para propósitos de una Fiscalía... Esas pruebas ya son inadmisibles o, al menos, fácilmente descalificables por cualquier abogado medianamente hábil.
¡Celébrelo, doctora! Ya sabe, pero sin jactarse. No vaya a ser que se le enojen los señores del narco y, sobre todo, el terrateniente de La Chingada, por haber osado alterar su política/pacto de no agresión. Que lo celebre Trump y que se lo aplaudan mucho en su primer informe y que le sirva para desviar la atención de los temas que no desea que hable el pueblo norteamericano.
Y que lo celebren los chairos, a fin de cuentas, ellos aplaudirían incluso si hubieran postulado a “El Mencho” para el Congreso por Morena.
No obstante, todo, absolutamente todo lo concerniente al operativo y resultante abatimiento de Nemesio Oseguera, huele mal, apesta a complicidades, a secrecía y a deshonestidad.