Traición

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Opinión
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México parece haberse acostumbrado peligrosamente a convivir con la decadencia: nos habituamos a la violencia diaria, a la corrupción estructural, al deterioro institucional, a la impunidad y a la mentira política convertida en rutina nacional.

Sin embargo, existe una degradación todavía más grave y silenciosa: la destrucción paulatina de la educación pública.

https://vanguardia.com.mx/opinion/sonreir-FE20607507

La infructuosa “propuesta” de reducir el calendario escolar de 185 a 157 días constituye una de las expresiones más preocupantes de la crisis moral e institucional que padece el gobierno federal. No se trataba simplemente de un ajuste técnico, ni de una modificación administrativa aislada.

Lo verdaderamente grave es la esencia que revela esta “propuesta”. Una filosofía donde el derecho a la educación puede subordinarse sin pudor al entretenimiento, a la logística urbana o a los intereses coyunturales del poder político.

Resulta profundamente perturbador observar cómo, en medio de uno de los peores escenarios educativos de la historia contemporánea mexicana, las autoridades respectivas consideraron que reducir semanas completas de clases no representaba un problema sustancial.

Mientras millones de estudiantes enfrentan enormes deficiencias en comprensión lectora, razonamiento lógico y pensamiento crítico, el gobierno parece actuar bajo la absurda premisa de que el tiempo dentro del aula es secundario, prescindible o fácilmente recuperable.

La educación no funciona mediante discursos propagandísticos ni slogans políticos. El aprendizaje requiere tiempo, constancia, disciplina y continuidad.

La alfabetización profunda, la capacidad de concentración, la comprensión abstracta y el razonamiento complejo dependen de procesos sostenidos que necesitan presencia constante en entornos educativos estructurados.

Cada día escolar perdido tiene consecuencias reales. Y más aún en un país donde millones de niños ya se encuentran en condiciones de enorme vulnerabilidad académica.

REZAGO

La UNESCO ha advertido que México permanece en un preocupante estatus de “Sin Progreso” debido a los graves niveles de rezago lector.

Millones de estudiantes concluyen la primaria sin comprender plenamente lo que leen. Es decir, avanzan en grados escolares sin haber desarrollado una herramienta básica para la vida intelectual y ciudadana.

En cualquier nación, semejante dato habría provocado una emergencia educativa nacional. Aquí, en cambio, parece no impedir que las autoridades planteen recortes al calendario escolar con una ligereza insultante.

Es así como la pretendida propuesta desnuda además una visión profundamente degradante de la escuela pública. Pareciera que ciertos sectores gubernamentales conciben las escuelas no como espacios de formación humana, sino como simples centros de resguardo infantil cuyo calendario puede modificarse dependiendo de las necesidades operativas del momento y la estupidez e ineptitud de las autoridades en turno.

Cuando el aula deja de ser considerada como un espacio sagrado de construcción intelectual, humana y moral, la sociedad comienza lentamente a desmoronarse. Porque educar es formar conciencia, criterio, disciplina, responsabilidad, ciudadanía y sentido ético. Por ello, en el aula no cabe ideología alguna.

EROSIÓN

La escuela es un espacio donde aún es posible enseñar a pensar en medio de una cultura dominada por la distracción y el entretenimiento convertido casi en religión.

La inmediatez ha desplazado a la reflexión. El algoritmo comienza a tener más influencia que el maestro. Las redes sociales fragmentan la atención de millones de jóvenes atrapados en la lógica del scroll infinito.

La capacidad de concentración sostenida disminuye dramáticamente. Cada vez resulta más difícil leer textos largos, sostener conversaciones profundas o analizar críticamente una idea.

Y precisamente en medio de esta crisis global de atención y pensamiento crítico, las autoridades mexicanas intentaron debilitar aún más los espacios de formación educativa. Es una contradicción monstruosa, sobre todo cuando observamos lo que hacen los países que verdaderamente han logrado construir modelos educativos exitosos.

https://vanguardia.com.mx/opinion/el-precio-de-la-dignidad-FA20460445

PAÍSES...

Japón, por ejemplo, protege rigurosamente sus calendarios escolares porque comprende que la educación constituye un asunto estratégico nacional.

La escuela japonesa no se limita a enseñar contenidos académicos; forma hábitos de disciplina, responsabilidad colectiva, respeto al tiempo, cultura del esfuerzo y conciencia comunitaria. Allí el maestro conserva prestigio social porque existe claridad sobre una verdad elemental: ningún país puede aspirar al desarrollo si desprecia a quienes forman intelectualmente a las nuevas generaciones.

En Finlandia las reformas no se diseñan pensando en popularidad política inmediata, sino en procesos de largo plazo. La estabilidad institucional, la formación rigurosa del docente y la confianza social en la educación son pilares fundamentales del sistema.

El maestro finlandés posee una preparación académica altamente exigente y una enorme valoración social. Nadie imaginaría recortar semanas de aprendizaje por conveniencia coyuntural.

Corea del Sur comprendió después de la guerra que su única riqueza verdadera sería el conocimiento. Apostaron radicalmente por la educación, la ciencia y el rigor académico. Hoy son una potencia tecnológica global. Lo lograron entendiendo que la competitividad de una nación depende directamente de la calidad intelectual de sus ciudadanos.

Singapur transformó su destino histórico a partir de una visión educativa extremadamente rigurosa. Allí el capital intelectual es considerado un recurso estratégico nacional. Las matemáticas, la lectura y el pensamiento crítico se convierten en prioridades absolutas porque entienden que el futuro económico depende de la capacidad cognitiva de la población.

Dinamarca mantiene calendarios escolares cercanos a los 200 días porque sabe que la educación representa inversión civilizatoria, no gasto burocrático.

LO NUESTRO...

Mientras tanto, México avanza exactamente en sentido contrario. Seguimos atrapados en la política del espectáculo, en la improvisación y en la mediocridad. Se habla de transformación mientras se debilitan las estructuras que podrían hacer posible una metamorfosis radical.

Porque ningún país puede combatir la pobreza, la violencia o la desigualdad sin ciudadanos capaces de pensar críticamente. Ninguna democracia auténtica puede sostenerse sobre generaciones intelectualmente disminuidas.

Ningún proyecto de desarrollo tiene futuro si fracasa educativamente. Y lo más grave es que las consecuencias de estas decisiones no serán inmediatas ni visibles de manera espectacular. Ésa es precisamente la tragedia de la destrucción educativa: sus efectos aparecen lentamente, silenciosamente, generación tras generación.

Se manifiestan en jóvenes incapaces de analizar información compleja. En ciudadanos vulnerables a la manipulación política. En trabajadores con baja capacidad de innovación. En profesionistas sin profundidad intelectual. En sociedades emocionalmente impulsivas y cognitivamente frágiles.

https://vanguardia.com.mx/opinion/hacia-las-alturas-DI20282199

POBREZA

El frívolo intento de reducir días escolares equivale a profundizar voluntariamente la desigualdad. Porque existen sectores que podrán compensar el deterioro educativo con recursos privados, pero millones de estudiantes de escuelas públicas no cuentan con eso. Para ellos, el aula física representa probablemente el único espacio de aprendizaje estructurado al que tienen acceso.

Quitarles semanas de escuela significa arrebatarles oportunidades reales de movilidad social. Representa ampliar la distancia entre quienes poseen capital cultural y quienes sobreviven apenas con los mínimos educativos.

Una autoridad comprometida con la ética comprendería inmediatamente este problema. Entendería que la escuela pública no es solo un derecho constitucional, sino un mecanismo capaz de disminuir desigualdades históricas.

Pero la malograda decisión revela precisamente lo contrario: una alarmante desconexión con la realidad educativa del país o, peor aún, la sospecha de una perversa intención de mantener a México en el atraso intelectual y de pensamiento crítico.

Y quizá lo más peligroso sea el precedente que intenta normalizarse: considerar que la educación puede sacrificarse según convenga a los intereses coyunturales del poder.

Hoy se pretendió alterar el calendario escolar por coyunturas temporales; mañana podrá hacerse por razones políticas o presupuestales. Así, la excepcionalidad comienza a convertirse en costumbre. Y las sociedades comienzan a derrumbarse precisamente cuando pierden claridad sobre aquello que debería ser intocable.

Las grandes civilizaciones jamás se construyeron despreciando la educación. Por el contrario, entendieron que enseñar constituye uno de los actos más trascendentes de cualquier nación, porque educar significa preparar su futuro moral, intelectual y humano.

DRAMA

Un país que debilita deliberadamente su sistema educativo erosiona simultáneamente su democracia, su economía, su tejido social y su progreso.

Las autoridades deben comprender algo elemental: gobernar no consiste solamente en administrar coyunturas políticas ni resolver problemas operativos de corto plazo. Gobernar implica custodiar el porvenir de la nación.

Y no existe forma más miserable de socavar a un país que debilitando intencionadamente la educación de los niños. Porque las naciones no solamente colapsan por corrupción, impunidad, violencia o crisis económicas. También comienzan a morir cuando dejan de educar.

https://vanguardia.com.mx/opinion/votos-invisibles-GH20147023

Tal vez uno de los verdaderos dramas del México contemporáneo sea éste: mientras unos intentan construir progreso y modernidad, otros destruyen apasionadamente la inteligencia colectiva necesaria para sostenerla, justificando sus decisiones desde una visión anclada en el atraso, la improvisación y un pasado casi cavernícola.

Y ningún país puede aspirar a un futuro promisorio cuando sus autoridades traicionan a la niñez, convirtiendo la ignorancia en política pública y el deterioro educativo en costumbre nacional.

cgutierrez_a@outlook.com

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