Tromba caribeña: Sale Trump fortalecido mientras debilitar el eje Cuba-Venezuela
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En la Cuenca del Caribe abundan los imponderables: empoderamiento de militares, soberbia de empresas tecnológicas y petroleras e impunidad de las organizaciones criminales
La captura y el reemplazo de Nicolás Maduro dejan una secuela de interrogantes sobre una Cuenca del Caribe donde confluyen las fuerzas de la historia.
En la explicación dada por Donald Trump, Nicolás Maduro y su esposa fueron capturados en su domicilio antes de que pudieran refugiarse en un espacio seguro, blindado con acero. Me resulta ilógico que no estuvieran dentro de ese espacio blindado, dados los niveles de tensión con Estados Unidos.
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Otra novedad es la información que está fluyendo sobre la importancia de Cuba en el sistema de protección de Maduro. El pasado martes, The Wall Street Journal publicó un reportaje de Santiago Pérez con información muy útil sobre este ángulo de la historia. Ahora sabemos que la guardia personal de Maduro estaba compuesta por 140 oficiales cubanos, que 32 de ellos murieron durante el asalto estadounidense y que un número bastante mayor quedó gravemente herido por quemaduras.
Es útil recordar que los servicios de inteligencia cubanos adquirieron fama por su disciplina y eficacia. Tanta, que derrotaron todos los intentos de Estados Unidos por asesinar o desprestigiar a Fidel Castro durante varias décadas. El comité senatorial encabezado por Frank Church detalló lo sofisticado y grotesco de los operativos armados por la CIA en un famoso informe de 1976.
En todo caso, el legendario jefe de los servicios de inteligencia cubanos, Manuel Piñeiro “Barbarroja”, creó una institución tan prestigiada que fue utilizada por La Habana como instrumento diplomático y como fuente de divisas.
En todos los relatos conocidos es llamativa la escasa mención a la resistencia ofrecida por las fuerzas armadas venezolanas, que tienen entre 125 y 150 mil efectivos, además de 200 mil milicianos. Caracas apenas dio cifras oficiales sobre el número de bajas venezolanas: 24 agentes. Sí sabemos que el secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio, tuvo –según Trump– una larguísima conversación con la ahora presidenta Delcy Rodríguez, con la cual llegó a algún tipo de acuerdo para que el chavismo siga gobernando siempre y cuando cumpla con los deseos e instrucciones de Washington. ¿Se trata, acaso, de una entrega pactada del ahora expresidente Nicolás Maduro?
Por el momento, es obvio que Trump salió fortalecido y el eje Cuba-Venezuela debilitado. Entusiasmado, el presidente estadounidense retomó su habitual obsesión sobre el peso de los cárteles en México y anticipó que tendrá que “hacer algo” con nuestro país. Su principal obstáculo está en la interdependencia creada por una frontera terrestre de tres mil kilómetros.
La vecindad fue un factor clave para un entendimiento alcanzado por los dos países en 1927. El embajador estadounidense Dwight Morrow y el presidente mexicano Plutarco Elías Calles acordaron que los gobiernos se apoyarían en casos extremos y que México tendría la autonomía para desplegar una política exterior autónoma. En el siglo transcurrido, México ha respaldado a grupos y gobiernos de Nicaragua, Cuba, Chile y Venezuela. A cambio obtuvo el compromiso de Estados Unidos de no respaldar a la disidencia mexicana.
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Ese patrón se está repitiendo con el caso Maduro. Después del operativo de captura, el México de la 4T protestó con mesura y buenos modales, y hasta se unió a España, Brasil y otros países para disentir conceptual y retóricamente de Trump, quien respondió con un jalón de orejas declarativo a una presidenta que, al igual que sus predecesores, ha mantenido y ampliado las concesiones dadas a EU durante la primera presidencia de Trump. Siguen desplegados 28 mil guardias nacionales para cerrar el paso de los migrantes y ha crecido la colaboración para frenar el tráfico de fentanilo y combatir a los cárteles.
Es evidente que son acuerdos inestables. En la Cuenca del Caribe abundan los imponderables: empoderamiento de militares, soberbia de empresas tecnológicas y petroleras e impunidad de las organizaciones criminales. En otro nivel, en noviembre de este año habrá elecciones en Estados Unidos para renovar un tercio del Senado y toda la Cámara Baja. Los republicanos las ven con preocupación porque durante 2025 vivieron múltiples derrotas.
No pueden pronosticarse o descartarse los operativos de una potencia militar decidida a imponer su voluntad. ¿Podrá hacerlo?
Colaboraron Zyanya Valeria Hernández Almaguer y Elena Simón