Ya nadie lee a Sartre por ser peligroso e incómodo
Es considerado el padre del existencialismo: una corriente que dejó una profunda huella en el pensamiento moderno occidental
El hombre es el único que no solo es tal como él se concibe, sino tal como él se quiere (...) el hombre no es otra cosa que lo que él se hace. Este es el primer principio del existencialismo.
El existencialismo es humanismo. Jean Paul Sartre
Hizo de la filosofía y la literatura un compromiso con las luchas sociales y políticas. Es considerado el padre del existencialismo: una corriente que dejó una profunda huella en el pensamiento moderno occidental. Fue también un gran esmerado de la prosa, cuyo talento hizo que ganara el Premio Nobel de Literatura, sin embargo, lo rechazó. Para algunos críticos, tuvo sus logros y errores, pero nunca —como diría Louis Althusser— “aceptó el más mínimo compromiso con el poder”, porque estaba convencido de que las personas vienen a este mundo para ser libres. Así, Jean-Paul Sartre se convirtió en un filósofo de la libertad.
Sartre fue un imprescindible —recordando a Bertolt Brecht— y en ese contexto. Fallecido el 15 de abril de 1980, fue un intelectual completo, demasiado controversial y al parecer hoy, permanece en un purgatorio filosófico e ideológico, aunque su obra literaria sigue generando fascinación y debate entre los viejos, entre los que no lo somos tanto y esperaría, una pizca en la juventud de hoy y la venidera.
Sartre fue demasiadas cosas: fue autor de obras que marcaron una época, tratados filosóficos, novela, teatro... en suma, un intelectual con demasiados fierros en contra del status quo de una sociedad que, en ese momento, demandaba un cambio profundo desde los jardines de París.
Sin conocer con precisión, desde que no quedó bien parado frente a las batallas ideológicas con colegas —particularmente con Albert Camus— hasta su entierro en el Montparnasse en París, de cierta manera, el existencialismo quedó exiliado, quedó enterrado con él.
Dudo que hoy, alguien se diga sartriano o sartriana. En su momento —y por lo cual lo recuerdan más los estudiantes de esa época— fue por el apoyo a lo que se conoció como el Mayo Francés. Muy posteriormente, en su acercamiento con los maoístas, se metió de lleno a la revolución cultural china y al final de su vida con la revolución cubana (muchos recordarán la entrevista de Sartre y Simone de Beauvoir con el Che Guevara en 1960).
La figura de Sartre que encarna al intelectual comprometido políticamente, sigue siendo una figura mítica del siglo XX que debe servir, aunque sea de referente, para las generaciones que hoy son presente y futuro.
En el momento de su entierro, fue acompañado y ovacionado por un cortejo de decenas de miles... una multitud amontonada. El 19 de abril de 1980, el telediario de la televisión pública francesa comparaba lo que ocurría esa tarde, con lo ocurrido con Víctor Hugo en 1885.
De Sartre le podemos aprender a “no aceptar nunca que el ser humano esté completamente determinado por el curso de los acontecimientos y de las leyes económicas”. Según lo dicho, no es que se niegue el peso y la fuerza de estas, sino que siempre cabe el margen de maniobra para la libertad, aunque muchas veces sea ínfimo.
Sartre reinó durante casi cuatro décadas el paisaje intelectual francés, que en ese momento era casi sinónimo de mundial. Con la libertad que nos queda, cambiemos sutilmente.