Burritos Toby: casi 60 años de conquistar paladares en el Centro Histórico de Saltillo
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La familia Cortés Aranda preserva el legado de sus fundadores y la receta artesanal de la tortilla hecha a mano, consolidando a su negocio como el pionero indiscutible de la gastronomía popular y nocturna de la ciudad
Los Burritos Toby forman parte de la identidad y del paisaje afectivo de Saltillo desde finales de la década de 1960. Con 57 años de trayectoria ininterrumpida, la familia ha sido testigo y protagonista de la transformación urbana, pasando de la venta itinerante en las calles del primer cuadro de la ciudad a la consolidación de un negocio icónico con proyección en diversos puntos.
Jorge Alberto Cortés Aranda, dueño actual de Burritos Toby e integrante de la segunda generación al frente del establecimiento, relató que la historia del negocio comenzó con la llegada de sus padres desde Guadalajara, Jalisco. Al buscar alternativas de trabajo en un Saltillo que apenas comenzaba a expandirse, la familia encontró en los burritos una oportunidad para salir adelante.
“A Saltillo no le gustaba comer en la calle, a nadie. Nosotros abrimos el mercado y lo puedo asegurar. Yo tenía 6 o 7 años y sí me acuerdo bien... a nosotros nos compraban un burrito, no se lo comían en la calle, les daba pena. Se metían al carro o se los llevaban”, recordó Cortés Aranda.
UN TRIBUTO FAMILIAR Y EL ORIGEN DEL APODO ‘TOBY’
La permanencia y el arraigo comercial del negocio están cimentados en el esfuerzo de la primera generación. Jorge Alberto enfatiza que el mérito de haber construido esta tradición pertenece a sus padres, Eulalio Cortés Nájera y Virginia Aranda Alatorre, así como a sus hermanos, Salvador y Gerardo Cortés Aranda.
El nombre de la empresa guarda una conexión directa con la memoria universitaria de la ciudad. Cuando apenas era un niño de 10 años, Gerardo Cortés Aranda acudía a la Escuela Bachilleres Ateneo Fuente a vender en una hielera los burritos que sus padres cocinaban por la mañana. Debido a su complexión física y a su carácter decidido, los estudiantes ateneistas comenzaron a llamarle cariñosamente “Toby”, por el personaje de “La pequeña Lulú”.
“Un día a mi papá lo vieron vendiendo más adelante, por los antiguos Transportes Monterrey-Saltillo, y le dijeron ‘don Toby’. Él aclaró que ese era el apodo de su hijo, pero la gente terminó bautizando al negocio de esa forma. Por eso es muy importante subrayarlo: el negocio se llama Burritos Toby en honor a mi hermano, Gerardo Cortés Aranda, el verdadero Toby”, destacó.
TORTILLA HECHA A MANO Y SAZÓN DEL DÍA
A pesar de que la oferta gastronómica se ha ampliado con el paso de los años para adaptarse a los nuevos paladares, el establecimiento mantiene la rigurosidad en la preparación de sus recetas originales:
-Los guisos de batalla: La deshebrada en salsa roja y la ternera en salsa verde continúan encabezando la preferencia de los clientes, seguidos por el clásico de frijolitos con queso y el de chicharrón en salsa, incorporado a finales de la década de 1970.
-Nuevas especialidades: Con el paso del tiempo se integraron opciones como el bistec con queso, alambre, arrachera y la tradicional torta de pierna o ternera servida en baguette completo, una innovación introducida en 1983.
-Proceso 100 por ciento artesanal: La clave para conservar el sazón exacto durante casi seis décadas radica en que la comida se prepara diariamente desde temprano —sin utilizar productos congelados— y en el uso de tortillas de harina elaboradas completamente a mano y sin conservadores por personal especializado.
TESTIGOS DEL SALTILLO NOCTURNO Y LA VIDA ESTUDIANTIL
En las décadas de 1960 y 1970, la calle Allende albergaba una vida social muy activa, marcada por la cercanía de cines emblemáticos como el Olimpia y el Zaragoza, así como de la zona universitaria. Los Burritos Toby se convirtieron rápidamente en el refugio culinario nocturno para las parejas que salían de las funciones del cine, los trabajadores de la Zona Centro y los estudiantes que asistían a los festejos y novatadas tradicionales de la época.
El fundador Eulalio Cortés Nájera solía preparar cajas de cartón con burritos listos para obsequiar a los jóvenes y mantener el orden en el establecimiento, gestando un pacto de respeto que perduró por años entre la comunidad escolar y el negocio.
“Nos visitan personas que venían de novios hace 30 o 40 años y que ahora vienen acompañadas por sus hijos y sus nietos a platicarles esas historias. Ver regresar a generaciones enteras de familias saltillenses es la satisfacción más grande, porque demuestra que este negocio se hizo con el corazón y que la ciudad nos acogió con mucho cariño”, concluyó Cortés Aranda.