Entre valijas, buzones y pedaleo, demos un vistazo a la historia postal de Saltillo
Del correo colonial a la institucionalización federal, el servicio postal marcó una etapa fundamental en la organización urbana
El sonido del silbato del cartero se oye cada vez menos. ¿Cuándo fue la última vez que escuchó el silbato del cartero y salió corriendo a la puerta a recibirlo? Ese sonido peculiar y familiar anunciaba algo importante: noticias de algún familiar que vivía fuera, una postal desde el otro lado del mundo, o el recibo de algún servicio.
El cartero, con su mochila de cuero colgada al hombro, recorría las calles a pie o en bicicleta. Conocía los nombres de cada vecino, sus historias, sus rutinas. Era más que un mensajero: era parte del paisaje urbano, el puente entre personas, el portador de historias, muchas escritas a mano.
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Abrir el sobre era un momento especial. Reconocer la letra de un familiar, mirar el timbre postal, sentir la textura del papel entre los dedos y hasta el olor que guardaban las hojas de la misiva o declaración, leer esas buenas o a veces malas noticias.
Hoy esa escena se desvanece. Solo permanece como vago recuerdo en la gente de cierta edad. En los últimos meses nuestro país se ha sumado a una inevitable transformación: reemplazar el papel, la entrega física por el correo electrónico. La CFE lidera el cambio con su recibo digital, lo mismo con la telefonía. Los documentos siguen existiendo, pero ya no viajan en la mochila del cartero. La razón es práctica: lo digital es eficiente y económico. Pero en esa eficiencia algo se pierde: el ritual, la tangibilidad, ese momento humano del intercambio en la puerta, ese saludo personalizado. La falta del cartero se suma otra forma de deshumanización, típica de estos tiempos.
La correspondencia personal casi ha desaparecido. Las cartas de amor, las postales de viaje, las felicitaciones escritas a mano hoy son casi inexistentes. Ahora existen los mensajes instantáneos en el teléfono o correo electrónico que se leen, se borran y se olvidan para siempre. Recuerda esto. Me puedes mandar otra vez el mensaje, es que se me borró. Sí, claro, faltaba más.
Desde la pandemia del Covid-19 la entrega de paquetes cobró un crecimiento exponencial. Ya no hay carteros, ahora son jóvenes repartidores que traen paquetes del comercio electrónico, que no conocen tu nombre ni les importa conocerlo; para ellos importa escanear el código de barras como entregado y ya.
El futuro se vislumbra con claridad: los recibos físicos serán rarezas, la entrega de cartas se volverá anecdótica. Pronto la mochila de cuero, la bicicleta, los zapatos gastados de tanto caminar y ese silbato inconfundible pasarán a ser solo parte de la historia.
LA COLONIA
Veamos ahora un poco de historia sobre el correo y sus orígenes. Las autoridades de la Nueva España aprendieron del Imperio Mexica una sofisticada red de comunicación. Los mexicas contaban con mensajeros especializados llamados painanis, que recorrían el imperio mediante estaciones de relevo llamadas techialoyan, ubicados cada 10 kilómetros.
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Los españoles, tras la conquista, adoptaron y adaptaron esta estructura para sus propios fines. La Corona española organizó el sistema de correos en sus territorios americanos mediante el cargo de Correo Mayor de las Indias, creado en 1514 por la reina Juana I de Castilla, conocida como Juana la Loca.
Para el caso específico de la Nueva España, ocurrió el 31 de mayo de 1579, cuando el rey Felipe II designó a Martín de Olivares como “Correo Mayor de Postas de la Nueva España”. Olivares asumió oficialmente sus funciones el 27 de agosto de 1580. Su área de responsabilidad abarcaba un vasto territorio que se extendía desde la antigua ciudad de Tenochtitlan hasta Guatemala.
Esta dependencia permitía conectar los importantes puertos de Acapulco y Veracruz con Europa y Filipinas. Así facilitaba la comunicación entre estos distantes puntos del imperio español, imperio sobre el cual, como afirmaba el propio rey Felipe II, “no se ponía el sol”.
LA ORGANIZACIÓN
En el siglo XVIII, las Reformas Borbónicas transformaron el correo en una función directa del Estado. Mediante la Real Cédula del 21 de diciembre de 1765, el servicio fue incorporado a la Corona y pasó a depender de la Real Hacienda. La Ordenanza General de Correos, Postas y Caminos de 1794 reguló todos los aspectos del servicio: funciones de los empleados, estafetas, seguridad de valijas y tarifas.
En Saltillo, estas reformas se tradujeron en decisiones concretas. En 1772, mientras el virrey Antonio María de Bucareli y Ursúa mandaba publicar bandos desde la Ciudad de México para regular el correo marítimo entre España y América, aquí el procurador Ignacio Dávila ordenó que de las Rentas de Propios se apartaran treinta y siete pesos para despachar el correo al comandante del reino y cubrir diligencias, funcionario que se encontraba en la villa de Durango, Nueva Vizcaya.
En 1777, el comandante general de las Provincias Internas, Teodoro Francisco de Croix, solicitó al cabildo de la villa de Saltillo apoyo económico para establecer el correo entre Durango y Chihuahua. En 1783, desde Arispe, Sonora, Cristóbal Corvalán ordenó que toda correspondencia que entrara o saliera de las Provincias Internas pagara su importe. En 1789, Rafael Martínez de Abal pidió al teniente Juan Antonio González Bracho los agostaderos más cercanos a la villa de Saltillo para guardar los caballos del correo, animales indispensables para el servicio.
Los trayectos eran largos y costosos. En 1780, enviar un correo de Saltillo a Durango costaba veintiséis pesos, cinco reales y cuatro granos por recorrer cien leguas. A valores actuales, la cifra superaría los treinta mil pesos.
MÉXICO INDEPENDIENTE
Tras la Independencia el servicio postal se adaptó a la nueva realidad nacional. La Ordenanza de 1794 se mantuvo como base regulatoria mientras la administración de correos pasaba al Ministerio de Hacienda en 1824. Para 1842 Antonio López de Santa Anna reorganizó el servicio y las tarifas.
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Hay un evento curioso, sin precedentes, ocurrido en Monclova en 1827. Aquel año se promovió un juicio contra el cartero por haber llevado a Monclova la correspondencia y valija en burro, hecho considerado una falta de respeto a la dignidad del servicio. En aquella ocasión el correo llevaba la nueva constitución política del estado de 1827. Prometo relatarlo pronto.
ERA DE LA PROFESIONALIZACIÓN
La segunda mitad del siglo XIX marcó la modernización del correo mexicano. El 1 de agosto de 1856 entró en circulación el primer timbre postal con el rostro de perfil del cura Hidalgo. Durante el Segundo Imperio, Maximiliano introdujo los buzones y emitió estampillas icónicas como las “Águilas del Imperio”
Gracias a un documento histórico resguardado en el Archivo Municipal de Saltillo (clasificado como AMS, PM, c 89, e 42, 4 f.), se puede constatar que para el año de 1844 ya existía en Saltillo un edificio construido específicamente para albergar las oficinas del correo.
Este inmueble se encontraba ubicado en la calle Principal, también conocida como calle Real, que actualmente lleva el nombre de calle Hidalgo. Desde aquella época, el edificio postal ya formaba parte de los servicios públicos que se ofrecían a la comunidad.
Si ha tenido oportunidad de ver una carta de mediados del siglo XIX, notará que no incluían dirección completa, sino únicamente el nombre del destinatario y la ciudad. Esto se debía a que en las poblaciones de esa época las personas se conocían entre sí, lo que facilitaba la entrega del correo.
Para la década de 1860, el servicio de correos operaba como una oficina establecida de manera permanente, contando con personal empleado y llevando un registro formal de sus operaciones financieras mediante cortes de caja.
En Saltillo los problemas de seguridad en el correo no eran raros. En febrero de 1874 el juez de distrito, licenciado M. Sánchez Peña, realizó averiguaciones por el robo cometido contra el correo José Cepeda en el punto de Agua Nueva. Ese mismo año el administrador de correos comunicó al presidente municipal el extravío de una valija procedente de General Cepeda.
El 18 de abril de 1883 se promulgó en México el Primer Código Postal, con entrada en vigor el 1 de enero de 1884. El sistema basado en ordenanzas españolas quedó atrás. El correo se consagraba como servicio público federal.
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En 1891 se creó la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, integrando al servicio postal. El Porfiriato lo elevó a Dirección General de Correos en 1901 e inauguró el majestuoso Palacio Postal el 17 de febrero de 1907.
REVOLUCIÓN MEXICANA
La Revolución fragmentó aún más el servicio postal. Los bandos en pugna tomaron control de las oficinas postales y añadieron sobremarcas o resellos a las estampillas existentes. Hubo emisiones provisionales de villistas, zapatistas y carrancistas.
AÑOS POSREVOLUCIONARIOS
Con el fin de la lucha armada el servicio postal inició su reunificación. En Saltillo la oficina de correos se consolidó como institución central de la vida urbana. Para 1920 la oficina se ubicaba en un lugar céntrico, específicamente en la esquina de las calles Victoria y Manuel Acuña, bajo la administración de don Gumersindo Castilla Martínez.
Estas generaciones de empleados postales eran, en palabras de la época, “fieles servidores públicos, que celosos de su deber recorrían la ciudad a pie o en bicicleta para entregar la correspondencia”. No lo dudo.
LA MODERNIZACIÓN
A nivel nacional el México posrevolucionario modernizó el servicio. En 1921 participó en la formación de la Unión Panamericana de Correos. En 1933 correos y telégrafos se fusionaron brevemente, separándose en 1942. En 1958 la Dirección General de Correos pasó a la nueva Secretaría de Comunicaciones y Transportes.
Por decreto del 20 de agosto de 1986 se creó Sepomex como organismo descentralizado para modernizar un servicio considerado entonces como muy malo. El 8 de septiembre de 2008 Sepomex recuperó su nombre histórico como Correos de México.
El día 12 de noviembre se celebra como día del Cartero o Empleado Postal, fecha tradicionalmente motivo de fiesta para honrar a estos trabajadores, cuya misión consistía en llevar a las puertas de cada hogar las noticias del mundo. Hoy casi nadie se acuerda de ellos.
EL FIN DE UNA ERA
El Servicio Postal de Estados Unidos, considerado uno de los mejores del mundo, acumuló pérdidas superiores a los cien millones de dólares desde 2007. El director general advirtió que sin medidas drásticas la organización podría enfrentarse a un rescate gubernamental o incluso a su desaparición en su forma actual.
En Europa la situación es parecida. El volumen de correspondencia ha caído casi un 40% desde 1996. España no es la excepción. En 2024 el sector postal tradicional registró un millón 260 mil envíos, una reducción del seis por ciento respecto a 2023. Desde 2015 el descenso acumulado es del 64 por ciento.
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Dinamarca dejó de entregar cartas a partir de 2025 tras una caída del 90%. Se retirarán mil 500 buzones y en este año despedirá a cerca de mil 500 empleados.
En México durante el 2024 la paquetería marcó la cifra récord de mil 200 millones de envíos, un veinte por ciento más que el año anterior. Los jóvenes que traen paquetes de las diferentes plataformas traen sus propios vehículos, no conocen tu nombre. No llevan uniforme con gorra. No traen silbato, muchos no los volverás a ver jamás.
La figura romántica del cartero con su uniforme, su gorra y su silbato inconfundible pronto serán piezas de museo. Todo eso quedará como reliquia de un tiempo que se fue. Un tiempo cuando recibir una carta era un momento especial. Cuando el correo conectaba a las personas de verdad de otra forma, quizás más cercana.
saltillo1900@gmail.com