Miguel López Ávila y la escuela que lleva su nombre en Saltillo
La historia del maestro potosino Miguel López Ávila, cuya labor educativa dejó huella en Saltillo y dio nombre a una de las escuelas más emblemáticas de la ciudad
Como amante de la historia de esta ciudad, desde hace años colecciono, analizo y estudio todo tipo de documentos relacionados con su pasado. Al poner en orden mi archivo, apareció un documento en fotocopias del que, debo admitirlo, no sé de dónde salió ni cómo llegó a mis manos; tampoco lleva el nombre del autor. Se trata de la vida del profesor Miguel López, y al verificar las fuentes me di cuenta de que la mayoría de los datos que ahí aparecen son verdaderos. De este trabajo se desprende parte del presente relato de un profesor potosino que dejó una huella que perdura hasta nuestros días, aunque la mayoría de la gente no sabe quién fue ni por qué la escuela lleva su nombre.
Miguel López Ávila nació el 29 de septiembre de 1840 en la ciudad de San Luis Potosí, hijo de Patricio López García y Luisa Ávila Reyes. En su ciudad natal cursó sus primeros estudios y más tarde, se trasladó al Estado de México, donde ingresó a una escuela Lancasteriana y se acreditó como preceptor, es decir, como maestro autorizado para impartir instrucción primaria.
En 1859 llegó a Saltillo y comenzó a trabajar como preceptor de instrucción primaria. Pronto llamó la atención por los resultados de sus alumnos en los exámenes públicos, que en esos años era la forma habitual de medir el desempeño de un maestro y de su escuela.
El 27 de abril de 1862, la Comisión de Educación del Ayuntamiento lo invitó a dirigir la Preceptoría de la Escuela Primaria de San Esteban. El 7 de noviembre aceptó la plaza de preceptor en la escuela del antiguo Pueblo de San Esteban, recibió el inventario de sus bienes el 8 de diciembre y tomó posesión oficial como director en funciones el día 11 de ese mes.
ANTECEDENTES DE LA ESCUELA DE SAN ESTEBAN
La escuela del Pueblo de San Esteban de la Nueva Tlaxcala tiene sus raíces en un mandato real de 1712-1713, cuando la Audiencia de Guadalajara ordenó al gobernador y al cabildo tlaxcalteca instalar maestros para enseñar a leer y escribir en castellano.
Más de un siglo después, en 1827, el preceptor local Juan Inocente de Luna presentó al cabildo un plan de estudios notablemente exigente para su época, que iba de la lectura elemental hasta la aritmética con fracciones, pasando por la doctrina cristiana y la Constitución mexicana; ante la pobreza de las familias, el Ayuntamiento decidió subsidiar la escuela para sostenerla. Un año después, en 1828, cuando el pueblo llevaba temporalmente el nombre de Villalongín, en un censo registró tres escuelas activas: la principal, en la plaza pública, con 150 alumnos, y otras dos que sumaban 85 más, todas enfocadas en leer, escribir y contar.
CARRERA DE MAESTRO
En 1864, Miguel López obtuvo el primer premio de la capital de Coahuila por la excelencia de los exámenes públicos de sus alumnos y el número de estudiantes premiados. El 10 de agosto, el Ayuntamiento de Saltillo le extendió un certificado que reconocía su desempeño y su conducta desde que había llegado a la ciudad.
CARRERA DE MILITAR
Participó en la lucha contra la intervención francesa: fue ascendido a capitán y tomó parte en distintas acciones militares, entre ellas el sitio de Querétaro de 1867, que terminó con la caída del Imperio de Maximiliano de Habsburgo. En Saltillo circuló durante décadas una confusión sobre la identidad de Miguel López a raíz de un homónimo suyo: el coronel Miguel López, jefe del regimiento de la emperatriz, quien entregó el cerro de la Cruz en Querétaro y con ello facilitó la captura y el fusilamiento de Maximiliano. Cartas personales de Blas Rodríguez, escribano del general Victoriano Cepeda, muestran que los liberales conocían la traición de ese coronel, pero prefirieron no hacerla pública, lo que alimentó la duda en Saltillo sobre si el profesor y el coronel eran la misma persona.
En La Gazeta del Saltillo, órgano informativo del Archivo Municipal, en el número siete de 1996, se publicó parte de la correspondencia de Blas Rodríguez, “Muerte de un patriota”. La fuente aclara que se trató de una coincidencia de nombres: mientras el coronel desapareció de la historia oficial bajo sospecha de traición, el profesor López continuó su carrera como maestro en Saltillo. Recibió condecoraciones del gobierno nacional por su servicio militar, pero nunca las usó en público, fiel a su carácter humilde.
FUNCIONARIO DESTACADO
El 1 de abril de 1869, la comisión especial de escuelas y López firmaron un convenio formal de trabajo: el Ayuntamiento de Saltillo le confirió de manera indefinida la dirección de la Escuela Municipal No. 1, con un sueldo de 80 pesos mensuales, además de libros y útiles escolares, y una aportación adicional de cinco pesos destinada exclusivamente a la compra de papel, tinta, plumas y gises. En 1870, se casó con Petra Vázquez de la Rosa, originaria de la hacienda de Patos, hoy municipio de General Cepeda.
ATENEÍSTA
Su relación con el Ateneo Fuente, la institución educativa más importante de Coahuila en esa época se mantuvo por más de treinta años. En enero de 1874 fue nombrado suplente de la Junta Directiva de Instrucción Primaria del Estado, y en febrero lo comisionaron para presentar ante el gobernador el presupuesto anual del Ateneo. El 9 de abril, quedó nombrado catedrático de Gramática Castellana. Su paso por la institución no estuvo libre de tropiezos: el 30 de diciembre de ese año, se pidió su destitución como catedrático por un discurso que las autoridades consideraron sedicioso. La situación se resolvió meses después, el 15 de junio de 1875, cuando fue aceptado de nuevo para impartir su cátedra. En septiembre de ese año, rindió el informe de los premios otorgados a los alumnos más destacados.
Entre mayo y agosto de 1878, dio clases de Gramática Castellana y Taquigrafía en el Ateneo Fuente. Al año siguiente, pidió apoyo económico a la Junta Directiva de Estudios del Ayuntamiento para publicar su tratado de Ortología, rama de la fonética que fija las normas correctas y aceptadas para pronunciar las palabras; el 14 de febrero solicitó el respaldo, y el 13 de marzo entregó los borradores, con una cotización de 150 pesos por cada millar de ejemplares impresos.
En agosto quedó al frente del Instituto Lancasteriano, de carácter particular, y pidió que se le entregaran 50 pesos que el Ateneo le adeudaba por sus clases, con la intención de destinarlos a premios para los niños más aplicados. En septiembre, se integró de manera oficial a la Junta Directiva de Estudios del Estado de Coahuila.
Entre quienes pasaron por sus aulas del Ateneo Fuente estuvo un joven originario de Cuatro Ciénegas, Venustiano Carranza, quien años más tarde se convertiría en Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y Presidente de la República. Carranza recordaría al maestro Miguel López como el maestro que le había despertado, según se ha contado, el interés por la justicia que lo acompañó el resto de su vida.
En 1887, asumió, además de sus cátedras, el cargo de prefecto administrativo del Ateneo Fuente, puesto que mantuvo por más de quince años. En 1892, presentó formalmente sus libros y tratados de Gramática Castellana para su uso en la educación del estado de Coahuila.
A mediados de la década de 1890, estuvo al frente de escuelas oficiales de niños en Saltillo. El 8 de enero de 1896, como encargado de la Escuela Oficial No. 3, entregó la Escuela Oficial No. 2 al profesor Gregorio Osuna. En 1902, seguía registrado en la nómina de profesores activos del Ateneo Fuente.
Su trabajo como director del Instituto Lancasteriano y como catedrático del Ateneo Fuente lo situó justo en el momento en que la enseñanza en México dejaba atrás el método lancasteriano, basado en la repetición y en que los alumnos más avanzados enseñaran a los demás, para adoptar una pedagogía más cercana al racionalismo, centrada en estimular al estudiante.
Miguel López Ávila murió el 7 de junio de 1905 en Saltillo, a las dos de la madrugada. El registro de su fallecimiento señala una afección renal como causa, aunque La Gazeta del Saltillo, en su número siete, página tres, indica que el origen real fue una mordedura de perro. Sus restos fueron sepultados en el Panteón de Santiago. En la nota que se publicó tras su muerte se decía que prácticamente no había profesionista en Coahuila que no hubiera sido alumno suyo en algún momento.
LA ESCUELA QUE LLEVA SU NOMBRE
En los años posteriores a su muerte, cuatro escuelas de Saltillo: la Gabino Barreda, la Luis A. Beauregard, la Bertha Müller y la que ya llevaba el nombre de Miguel López, instalada entonces en la calle Rayón Norte, funcionaban por separado y en condiciones precarias, cerca de lo que se conocía como la plazuela de Los Siller. En el terreno donde finalmente se levantó el nuevo edificio, el 10 de diciembre de 1915, en pleno movimiento revolucionario, el Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, Venustiano Carranza, colocó la primera piedra del edificio. Lo acompañaron el gobernador Gustavo Espinoza Mireles y el alcalde de Saltillo, Daniel Garza.
La construcción avanzó con la aportación de los regidores de la ciudad y el apoyo de la ladrillera municipal, en un país todavía convulsionado por la guerra. El nombre elegido no fue casual: Miguel López había sido, años antes, maestro de primaria del propio Venustiano Carranza.
Para 1917, las cuatro escuelas ya compartían las aulas del edificio en construcción, y las clases comenzaron formalmente bajo el nombre de Miguel López Ávila en septiembre de 1920, en un magnífico edificio ubicado entre las calles de Hidalgo, Corona, Bravo y Adalberto E. Guillén.
En mayo de 1921, el Gobierno del Estado costeó la compra de un piano de cola para la escuela, con un costo de dos mil; se trata, según se ha señalado, de uno de solo tres pianos de ese tipo que existen en el mundo, y todavía forma parte de la institución, según dice la fuente documental.
La escuela no estuvo exenta de sobresaltos. El 11 de febrero de 1923, en el marco del llamado Caso Coahuila, el plantel fue escenario de un ataque armado que dejó un muerto y más de diez heridos. En 1928, las labores se suspendieron por más de diez días debido a un adeudo de sueldos a los maestros, antes de que la escuela volviera a su funcionamiento normal en el mismo edificio.
Entre 1945 y 1950, se hicieron varias solicitudes de apoyo para remodelar las instalaciones, y en 1951, durante la presidencia de Miguel Alemán, el edificio pasó por una remodelación importante que también trajo cambios en su organización interna. Una segunda remodelación significativa se realizó en 2005.
En 1992, el ayuntamiento en turno pretendió convertir el edificio en un museo, pero, gracias a la fuerte oposición de los padres de familia, el proyecto no prosperó. La Escuela Primaria Profesor Miguel López sigue en pie en el centro de Saltillo, más de un siglo después de que se colocara su primera piedra, continúa siendo una de las escuelas con mucha demanda de la ciudad.
Por sus aulas pasaron maestros como Federico Berrueto Ramón, quien empezó a dar clases en 1921. Entre los alumnos que salieron de la escuela están: Miguel Dávila Cárdenas, Agustín García Ramos, Manuel J. García Rodríguez, Jacobo Ramos de Hoyos, Humberto Elizalde Jasso, María del Refugio Galindo Cavazos, entre otros.
En el documento de 44 páginas aparece el curriculum vitae de la profesora Ana Laura Suárez Morín, quien presumiblemente es la autora del trabajo. Quiero cerrar este relato con un agradecimiento a quien, sin firma ni nombre, escribió el documento original del que se desprende esta historia. Quienquiera que haya sido, dedicó tiempo y cuidado a rescatar del olvido la vida del profesor Miguel López, y gracias a ese trabajo hoy podemos conocer una parte de su historia. Vaya para esa persona mi reconocimiento, junto con el deseo de que, algún día, podamos saber su nombre.