Día Mundial de la Alimentación, la soberanía alimentaria es una responsabilidad

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“Somos lo que comemos”. Todos hemos escuchado este dicho alguna vez, pero ¿sabemos lo que comemos? Ser conscientes y responsables de las implicaciones de nuestra dieta va mucho más allá de controlar las etiquetas y las calorías

En la actualidad disponemos de una gran variedad de herramientas para informarnos acerca de lo que comemos, como pirámides alimenticias, etiquetas con los valores nutricionales, sellos de denominación de origen o guías alimentarias.

Sin embargo, la alimentación comienza mucho antes de elegir un producto u otro en el supermercado o de investigar en casa cuántos hidratos de carbono y proteínas hay que consumir para mantenerse saludable.

Estima FAO desperdicio de 9.3% de alimentos básicos en México

Cada 16 de octubre desde 1981 la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) celebra el Día Mundial de la Alimentación. El lema de la edición de 2026 es “innovar hoy para nutrir mañana”.

La FAO asegura que actualmente tenemos la capacidad de acabar con el hambre en el mundo y, sin embargo, “645 millones de personas siguen padeciendo hambre y 2,690 millones no pueden permitirse una dieta saludable”.

TRANSFORMAR LA CADENA ALIMENTARIA

La FAO esgrime que la innovación tecnológica es clave en la lucha contra el hambre. Según la organización, gracias a ella se logrará un cambio radical en la forma en la que se “producen, almacenan, transportan y comercializan los alimentos”, logrando así erradicar el problema de una forma sostenible.

Precisamente de la transformación de las cadenas de suministro depende la consecución de la soberanía alimentaria. Pero ¿qué es y cómo se consigue?

Según La Vía Campesina, el movimiento internacional que acuñó el término en 1996, la soberanía alimentaria es “el derecho de los pueblos a alimentos saludables y culturalmente apropiados, producidos mediante métodos ecológicamente respetuosos y sostenibles, y su derecho a definir sus sistemas alimentarios y agrícolas”.

$!La soberanía alimentaria es “el derecho de los pueblos a alimentos saludables y culturalmente apropiados, producidos mediante métodos ecológicamente respetuosos y sostenibles, y su derecho a definir sus sistemas alimentarios y agrícolas”.

La soberanía alimentaria propone, por tanto, una suerte de vuelta a las raíces basada en los dos principios de la agroecología. El primero es el respeto al territorio y a sus características, cultivando únicamente plantaciones autóctonas teniendo en cuenta los métodos de producción tradicionales y sus beneficios.

El segundo es la promoción de cadenas de suministros directas, cortas y justas, en contraposición a las complejas e interdependientes redes actuales. De esta forma los alimentos no viajarían cientos o miles de kilómetros hasta llegar al consumidor, sino que se priorizaría la venta de proximidad a precios asequibles.

EL SISTEMA ACTUAL NO GARANTIZA LA SOBERANÍA ALIMENTARIA

La federación ambientalista Amigos de la Tierra Internacional denuncia que el actual modelo alimentario desperdicia alrededor de un tercio de los alimentos que se producen globalmente. Paradójicamente, este exceso de producción no va de la mano de la consecución de la soberanía alimentaria.

Un estudio publicado en la revista Nature Food en 2025 analizó 186 países para averiguar cuáles producían la suficiente cantidad de alimentos esenciales como para satisfacer la demanda interna.

Erradicar el hambre para 2030 es una meta cada vez más inalcanzable

Para ello definió siete grupos de alimentos indispensables, a saber: frutas, verduras, productos lácteos, pescado, carne, alimentos básicos ricos en almidón y legumbres, frutos secos y semillas.

Los resultados evidenciaron que solo Guyana, un pequeño estado de América del Sur de poco más de 800 mil habitantes, produce y abastece a su población de manera autosuficiente en las seis categorías. En general, solo uno de cada siete países alcanzó la autosuficiencia en cinco o más grupos de alimentos.

Esta coyuntura no significa que muchos de los países no puedan ser soberanos alimentariamente, sino que los esfuerzos no se están focalizando en suplir las necesidades de la población. Por ejemplo, muchos estados orientan sus sistemas productivos a maximizar los beneficios exportando sus alimentos.

Como contrapartida, esta situación promueve que ciertos países dependan excesivamente de sus socios comerciales para cubrir sus necesidades alimentarias. Esto implica que, ante alteraciones de las cadenas mundiales de suministro de alimentos, como la pandemia de COVID-19 o el estallido de la guerra en Ucrania, sean especialmente vulnerables al desabastecimiento.

El estudio recomienda, en línea con las sugerencias de la FAO y los principios agroecológicos, la reasignación de los recursos nacionales a la autosuficiencia y la inversión en tecnologías para aumentar la producción de manera sostenible.

LECCIONES DE HISTORIA

Mirando el libro de historia se pueden encontrar ejemplos en los que muchos de estos preceptos se aplicaron con éxito. Es el caso de la ciudad de París en la segunda mitad del siglo XIX.

En aquella época hasta una sexta parte de la superficie de la capital francesa se utilizaba para producir anualmente más de 100 mil toneladas de diferentes tipos de cultivos.

$!Según la FAO, 2,690 millones de personas no pueden permitirse una dieta saludable.

Así se solucionaron dos problemas al mismo tiempo: abastecer a la población con alimentos frescos y de proximidad y gestionar los excrementos de los caballos, principal método de transporte en ese momento, que se usaban como fertilizante.

Para atajar el problema del hambre en el mundo y el impacto ecológico del sistema alimentario mundial es necesario un enfoque dual. Por un lado, aplicando y utilizando las técnicas y conocimientos del pasado. Por otro lado, orientando los esfuerzos e inversiones del presente a perseguir ese futuro en el que la soberanía alimentaria sea la norma.

Por Jesús Aina, EFE-Reportajes.

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