El quehacer de la historia: Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas

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Saltillo
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El oficio de historiador se formó en Europa entre los siglos XVIII y XX. Esa tradición llegó también a nuestras tierras

Antes de que existiera una institución dedicada a organizar la investigación histórica en Coahuila, esa tarea recayó en individuos que trabajaban por su cuenta. El primero, al menos el que se reconoce como punto de partida, fue el bachiller Pedro Fuentes, cronista de Saltillo en los tiempos de la Colonia. Después vino Esteban Luna Portillo, a finales del siglo XIX, con una manera distinta de mirar el pasado, más cercana a la investigación documental que a la simple narración de sucesos, a veces con errores históricos, pero era lo que se tenía en ese momento.

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En la primera mitad del siglo pasado aparecieron nombres que todavía hoy se citan como referencia obligada: Vito Alessio Robles, Carlos Pereyra, José García Rodríguez y Artemio de Valle Arizpe. Alessio Robles dedicó buena parte de su vida a rastrear la historia de Saltillo, Coahuila y Texas, revisando archivos e indagando sobre los orígenes de las poblaciones del norte. Pereyra escribió sobre la frontera y la formación de los estados norteños desde una perspectiva más amplia; García Rodríguez recopiló anécdotas y crónicas de la ciudad; Valle Arizpe se movía entre la crónica y la literatura, dándole a la historia colonial un tono narrativo distinto al de los trabajos puramente documentales.

CON INTERÉS EN EL PASADO

En 1977, Óscar Flores Tapia, entonces gobernador de Coahuila, impulsó la creación de un organismo que agruparía a los historiadores y cronistas del estado bajo una mismo techo. Tenía interés personal en la historia local y creía que Coahuila necesitaba una institución capaz de sostener la investigación histórica más allá del esfuerzo de trabajos individuales.

Existe una anécdota que vale la pena recordar. En vísperas del 400 aniversario de la fundación de Saltillo, el gobernador Flores Tapia encargó un estudio sobre el tema al reconocido intelectual catalán Wilfredo Bosch, quien le respondió: “Pero Óscar, Saltillo no tiene historia.” Fue quizá esa respuesta la que terminó de convencerlo de crear el Colegio. Casi cinco décadas después, queda claro que Saltillo y Coahuila tienen una historia rica y todavía hay mucho por descubrir.

El decreto de creación se publicó el 18 de marzo de 1977. Tres días después, el 21 de marzo, el Colegio quedó instalado formalmente. Se le dio como sede la casa que habitó el presidente Benito Juárez durante su estancia en la ciudad en 1864, convertida así en el Recinto de Juárez, un lugar donde la memoria del estado pudiera resguardarse y al mismo tiempo, trabajarse.

El objetivo del Colegio quedó definido desde el decreto inicial: investigar, clasificar, difundir y vigilar la conservación del patrimonio histórico de Coahuila. Se concibió como un organismo público descentralizado, con personalidad jurídica propia, pensado para que los esfuerzos de los historiadores se sumaran sin que nadie perdiera su libertad para investigar lo que quisiera.

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$!Los distintivos del Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas reflejan el legado de una institución dedicada desde 1977 al estudio y conservación de la historia de Coahuila.

Para echar a andar la institución se convocó a quince historiadores de trayectoria reconocida, quienes se convirtieron en los miembros fundadores: Federico Berrueto Ramón, Jesús Alfonso Arreola Pérez, Florencio Barrera Fuentes, Wilfredo Bosch Pardo, Carlos Cárdenas Villarreal, Pablo Cuéllar Valdés, José de Jesús Dávila Aguirre, Gustavo Espinosa Mireles, el propio Óscar Flores Tapia, Pablo González Miller, Federico Leonardo González Náñez, Javier Guerra Escandón, Daniel Menchaca Hernández, Ismael Ramos González y Sergio Recio Flores. Como miembros honorarios se sumaron dos historiadores de Nuevo León, Israel Cavazos Garza y Alfonso Reyes Aurrecochea, lo que desde el inicio le dio al Colegio un vínculo con la investigación histórica del resto del noreste.

Berrueto Ramón fue nombrado primer presidente. Recibió además el título de Guardián del Credo Juarista, con carácter vitalicio, en referencia a la sede del Colegio y a su interés por la figura del presidente oaxaqueño.

$!La nueva generación de integrantes del Colegio Coahuilense de Investigaciones Históricas asumen el compromiso de continuar con la investigación y difusión del patrimonio histórico del estado.

LA REVISTA Y LOS LIBROS

El instrumento que ha dado continuidad al trabajo del Colegio fue una revista. El primer número de la Revista Coahuilense de Historia apareció en mayo de 1978, poco más de un año después de la fundación del organismo, desde el principio no se limitó a un periodo ni a un tema: en sus páginas convivían estudios sobre la colonización del siglo XVI, la Independencia, la Guerra de Reforma, Intervención Francesa, Revolución Mexicana y personajes del siglo XX.

Con el tiempo, los intereses de quienes escribían en ella fueron cambiando. Los primeros años estuvieron marcados por los estudios políticos y la publicación de documentos coloniales rescatados de archivos que llevaban décadas sin consultarse. Después ganaron terreno la historia urbana, la historia cultural, el patrimonio arquitectónico, la arqueología y la vida cotidiana, resultado natural de investigadores con formaciones y visiones distintas.

Además de la revista, el Colegio impulsó también la publicación de varios libros que hoy forman parte del acervo básico sobre la historia de la región: Raíz y Conciencia de un Pueblo, de carácter didáctico; la Crónica de un Año de Conmemoraciones, en cinco volúmenes; y Estampas de Saltillo, ilustrado con dibujos del ingeniero José Cárdenas Valdés. Hubo trabajos más específicos, como El capitán Alberto del Canto, de Sergio Recio, sobre el fundador de Saltillo.

LO QUE FUE QUEDANDO EN SUS PÁGINAS

A lo largo de casi cinco décadas, entre 1978 y 2025, la revista ha publicado 125 números con más de mil artículos, documentos, reseñas y notas, que permiten ver qué temas ocuparon más espacio y qué autores volvieron con más frecuencia a sus páginas.

En sus primeros años, Javier Guerra Escandón fue, con diferencia, el colaborador más constante. Su trabajo se concentró en los documentos coloniales de Coahuila y Texas: índices de archivo, transcripciones paleográficas e informes de gobierno que en muchos casos habían permanecido inéditos, entre ellos el Ensayo de un índice de los documentos del Estado de Coahuila y Texas y el Índice de la Jefatura Política de Béjar.

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Federico Berrueto Ramón mantuvo activa la sección bibliográfica, comentando libros y firmando notas editoriales casi de manera ininterrumpida. José de la Luz Valdez se especializó en el siglo XIX y en la Revolución, con trabajos sobre Carranza, Juárez y otros personajes de la vida política del estado. Manuel Neira Barragán publicó una y otra vez sobre las fundaciones de poblaciones coahuilenses y sobre la historia militar de la región. Ismael Ramos González, por su parte, prefirió centrarse en Saltillo: su serie Remembranzas del Saltillo Antiguo recorrió calles, edificios y personajes que la ciudad había ido dejando atrás con su crecimiento. Otros nombres se repiten con cierta constancia: Jesús Arreola Pérez, con su trabajo sobre la fundación de Parras y sobre Vito Alessio Robles; Wilfredo Bosch, entre la historia cultural y la reseña bibliográfica; Sergio Recio Flores, Daniel Menchaca Hernández, Óscar Flores Tapia, Pablo M. Cuéllar y, ya desde Nuevo León, Israel Cavazos Garza.

Los grandes ejes temáticos de la colección se agrupan sin demasiada dificultad. Está la historia colonial, con la fundación de Saltillo, la fundación de Parras, San Esteban de la Nueva Tlaxcala y el papel de Francisco de Urdiñola. Está Coahuila y Texas como provincia unida, tema que atraviesa buena parte de los números gracias sobre todo al trabajo de Guerra Escandón. Está la Reforma, con Juárez, Zaragoza y Victoriano Cepeda como figuras centrales, y la Revolución Mexicana, con especial atención a Carranza, a Lucio Blanco y a los generales coahuilenses del movimiento armado. De manera constante aparecen ensayos sobre la historia local de Saltillo, Monclova, Parras, Ramos Arizpe y otras poblaciones del estado, junto con biografías de personajes como Vito Alessio Robles, Manuel Acuña o Francisco I. Madero.

Uno de los aportes que más distingue a la revista es la publicación de documentos inéditos: informes de gobernadores, decretos, correspondencia oficial, partidas parroquiales, leyes y reglamentos que de otra manera habrían seguido guardados sin consultarse. Esa labor de rescate, sostenida casi cinco décadas, convirtió la colección en una de las fuentes más consultadas para entender la historia del estado y de la antigua provincia de Coahuila y Texas.

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QUIÉNES INTEGRAN HOY EL COLEGIO

Al cumplir 49 años, el Colegio distingue entre quienes siguen activos y quienes ya no están, aunque su trabajo sigue formando parte del registro histórico. Entre sus colaboradores hubo maestros, abogados, cronistas, ingenieros e investigadores independientes, la diversidad de la mezcla le dio identidad a la revista y al propio Colegio.

Encabeza la mesa directiva el profesor Arturo Berrueto González, actual presidente. Entre los miembros de número activos están Gildardo Contreras Palacios, Esperanza Dávila Sota, Rodolfo Escobedo Días de León, Rodolfo Esparza Cárdenas, Ramiro Flores Morales, Armando Fuentes Aguirre, Salvador Hernández Vélez, Jesús Landois Santos, Jorge Tirzo Lechuga Cruz, Ricardo Medina Ramírez, Juana Gabriela Román Jáquez, Francisco Javier Rodríguez Gutiérrez, María Isabel Saldaña Villarreal, María Elena Santoscoy Flores, María de Guadalupe Sánchez de la O., Lucrecia Solano Martino, Jesús Sotomayor Garza, José María Suárez Sánchez y Carlos Manuel Valdés Dávila. Como miembros honorarios activos figuran José Cuello Villanueva, José Enciso Contreras y César Morado Macías.

La lista de miembros de número ausentes conserva los nombres de quienes, en distintos momentos desde 1977, ocuparon un lugar en el Colegio: Jesús Alfonso Arreola Pérez, Florencio Barrera Fuentes, Federico Berrueto Ramón, Wilfredo Bosch Pardo, Álvaro Canales Santos, Casiano Campos Aguilar, Carlos Cárdenas Villarreal, Javier Cordero Martínez, Pablo Mario Cuéllar Valdés, José de Jesús Dávila Aguirre, Homero del Bosque Villarreal, Gustavo Espinosa Mireles, Óscar Flores Tapia, Humberto Gil Vara Manuel, Humberto Gómez Villarreal, Pablo González Miller, Federico Leonardo González Náñez, Javier Guerra Escandón, Lucas Martínez Sánchez, Daniel Menchaca Hernández, Arturo Moncada Garza, Roberto Orozco Melo, Ismael Ramos González, Sergio Recio Flores, Melchor Sánchez Jiménez, Julio Santoscoy Cobo, José de la Luz Valdés Valdés, Alfonso Vázquez Sotelo y Javier Villarreal Lozano. Como miembros honorarios ausentes se cuentan Félix D. Almaraz Jr., Manuel Ceballos Ramírez, Israel Cavazos Garza, Abraham Levy Aguirre, Jorge Pedraza Salinas, Alfonso Reyes Aurrecochea y Gabriel Robledo Luna.

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LOS NUEVOS INTEGRANTES

El 20 de julio de 2026, en el Recinto de Juárez, ocho nuevos miembros protestaron como miembros de número del Colegio y uno más se sumó como honorario. El acto reunió de nuevo perfiles distintos, como ha ocurrido desde 1977: periodismo, arquitectura, docencia, servicio público.

Entre esos ocho nuevos miembros de número se encuentra quien esto escribe. Recibí con enorme orgullo y gratitud la honrosa distinción de ser nombrado Miembro de Número del Colegio. Este reconocimiento es un compromiso renovado con la investigación, la preservación y la difusión de nuestra historia, y un incentivo para seguir trabajando con seriedad, respeto y pasión por el conocimiento del pasado.

Agradezco al profesor Arturo Berrueto González y a los miembros del Colegio por esta confianza, y a quienes con su apoyo, amistad y enseñanzas han contribuido a este recorrido: mi familia, colegas, amigos, y todos los que valoran el patrimonio histórico de Coahuila y a quienes desde hace años me siguen a través de los diferentes medios impresos y digitales.

Ser miembro de este colegio es sumarse a una tradición de quienes han dedicado su vida a rescatar, ordenar y dar sentido al pasado. Tengo claro el compromiso: rigor con las fuentes y fidelidad al legado de los miembros ausentes. Enhorabuena a mis compañeros de generación: Conrado Charles Medina, Francisco de la Peña Saucedo, Andrés Mendoza Salas, Mario Alberto Monjaráz de León, Rubén Moreira Valdez, Iván Vartán Muñoz Cotera y Arturo Villarreal Reyes.

El oficio de historiador conlleva el compromiso de escribir con el rigor que exige el pasado, sin adornos ni interpretaciones convenientes. Los hechos deben contarse tal como ocurrieron. No hay otra manera de honrar el nombre de este Colegio.

saltillo1900@gmail.com

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Ariel Gutiérrez Cabello, nació en Saltillo, Coahuila, en 1961, investigador de la microhistoria local. Ha dedicado su vida profesional a la comunicación, la ecología y la cultura, desempeñándose como museógrafo, e investigador.

Desde hace más de seis años, Gutiérrez Cabello comparte cada domingo en el periódico Vanguardia su columna Relatos y Retratos del Saltillo Antiguo, donde rescata historias, sucesos y personajes que han marcado la historia de la ciudad.

Entre sus obras destaca “Calles y otros lugares de Saltillo antiguo”, libro en el que indaga el origen de los nombres de calles, callejones e inmuebles de la ciudad, ilustrando con fotografías históricas y relatos la evolución social y cultural de Saltillo. También ha publicado “Escribidores de luz: fotógrafos en Saltillo, 1846 a 1920”, un trabajo que documenta el desarrollo de la fotografía y los fotógrafos en la región y el libro Imágenes e historia del Saltillo de 1900. Fondo Fotográfico Ferretería Sieber. Saltillo, Coahuila

Es ferviente coleccionista de fotografías antiguas, relacionados con la historia local, Gutiérrez Cabello trabaja de manera continua en la investigación de la microhistoria de Saltillo, para la preservación y difusión de la memoria histórica regional.

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