Repartir no es resolver

+Seguir en Seguir en Google
Opinión
/

Cuando México sustituyó Prospera por las becas Benito Juárez, la matrícula de varones en edad de bachillerato cayó 12 puntos porcentuales

Hace unos días la UNESCO publicó su Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo 2026.

Entre cientos de páginas hay un dato que debería incomodarnos: cuando México sustituyó Prospera por las becas Benito Juárez, la matrícula de varones en edad de bachillerato cayó 12 puntos porcentuales en las localidades donde el programa anterior tenía más cobertura. En esas mismas comunidades, la probabilidad de que esos jóvenes estuvieran trabajando subió en proporción similar.

Traducido a la vida real: un muchacho de 16 años que recibía un apoyo a cambio de ir a clases dejó de recibirlo, hizo cuentas y cambió el salón por un trabajo informal. Multiplíquelo por miles.

El índice no paga la quincena

Lo inquietante no es solo el dato. Es que hoy se presume el mayor padrón de becarios de la historia.

En media superior, más de 4.1 millones de estudiantes reciben la beca universal; con Prospera, eran alrededor de 1.3 millones. El presupuesto para becas de bachillerato casi se duplicó, de 21 mil a más de 41 mil millones de pesos, pero la cobertura creció apenas 2.3 puntos porcentuales. Y hay algo peor: con Prospera, casi una de cada tres becas llegaba al 20% más pobre del país. Hoy la beca es igual para todos, y para una alumna de tercero de prepa representa hasta 42% menos, en términos reales, de lo que recibía antes.

Más becarios, más dinero y menos apoyo para quien más lo necesita. ¿Cómo se llega ahí? Confundiendo el instrumento con el resultado. Dar dinero es una herramienta, no una solución. Una política pública seria empieza por el problema: ¿por qué se van los jóvenes del bachillerato? Porque el pasaje, los útiles de agosto y la cuota de inscripción “voluntaria” pesan, y porque en muchas casas un hijo de 16 años que trae ingreso vale más, en lo inmediato, que uno que estudia. Prospera respondía a eso con algo concreto: exigía asistencia, la verificaba, pagaba más a las mujeres y más conforme avanzaba el grado. No era perfecto, pero sabía para qué existía.

Llegando tarde

La beca universal responde a otra pregunta: ¿a cuántos podemos llegar? Y esa pregunta no se contesta con resultados, se contesta con un padrón.

Aquí está el fondo del asunto. Prospera sobrevivió a tres sexenios y a la alternancia por una razón: sus evaluaciones documentaron mejoras en asistencia, avance escolar y, años después, en ingresos y movilidad. Y el dato de la UNESCO existe porque investigadoras independientes pudieron trabajar con información pública. Eso, precisamente, es lo que estamos desmontando.

En julio de 2025 se formalizó la desaparición del Coneval y sus funciones pasaron al INEGI. Lo que casi nadie notó es la letra chica: se derogaron los artículos que permitían corregir o suspender programas sociales, y la Cámara de Diputados perdió la facultad de recortar su presupuesto. Además, la evaluación de programas quedó en manos de Hacienda, que ahora define el programa anual de evaluación. El que gasta es el que se califica.

Nadie los estaba viendo

¿El argumento? Austeridad. Que el dinero del Coneval rindiera más en becas y pensiones. Es decir, se eligió el gasto sobre la evidencia.

El INEGI sigue siendo autónomo, pero hoy carga con funciones que no eran suyas, con una reducción anunciada en la recolección de datos a gran escala y con cuestionamientos sobre cambios metodológicos que podrían romper la comparabilidad de series históricas. Tenemos un instituto que mide menos y evalúa más, y una evaluación que ya no puede corregir nada.

Lo que no se mide no se evalúa. Lo que no se evalúa no se corrige. Y lo que no se corrige termina convirtiéndose en otra cosa. Un programa diseñado para entregarse, y no para evaluarse, solo puede presumir una cifra: cuántas personas lo reciben. Esa cifra se parece mucho más a un padrón que a un indicador de bienestar.

México no necesita menos apoyos. Necesita apoyos que sepan para qué existen: becas que pidan algo tan básico como ir a clases, un complemento real para los hogares más pobres y un evaluador independiente que pueda decir, sin miedo, cuando algo no funciona.

Casi cero: destapa PISA rezago cognitivo en México

Repartir es fácil. Resolver es lo difícil. Y para resolver, primero hay que tener el valor de medir.

Temas



Localizaciones



Organizaciones



NUESTRO CONTENIDO PREMIUM