Cuando el GLP, el queroseno o la electricidad se vuelven demasiado caros o poco confiables, muchas familias recurren a la leña y al carbón porque son más fáciles de conseguir
La crisis actual también pone de relieve que no se puede dar por sentado que las instalaciones de petróleo y gas sean seguras. Al contrario, son muy vulnerables a la guerra y al terrorismo